miércoles, 30 de septiembre de 2015

Mañana relato: Cine con amigos, cine para adultos.

Un viernes noche, quedada para el cine. Acabais en salas distintas. Tú con otr@ soltero, donde está su actor/riz favorit@ y que le humedece la ropa interior.
Va al bao, no vuelve.
Ve!

martes, 29 de septiembre de 2015

A ciegas.

Muy buenos huemos días.

Hoy iba por la calle y de golpe se apagaron todas las farolas. En mi zona apenas hay negocios y ya era tarde, la luz era inexistente. ¿Os lo imaginais?

Cruzarte con el/la vecin@ que tanto te pone. Ese/a al/la que querrías pedir sal para que te invitara a casa. Con quien siempre cruzas miradas, pero miradas de repaso: de arriba a abajo.

Os veís, se apagan las luces. Sabeis su ubicación y os dirigis a donde estaba, os rozais. Forzais el roze si no. No hay queja, lo volveís a intentar. Y os devuelve el roze.

Os desmadraís en la noche, en la plena oscuridad.

Hace frio, así que ni preliminares. Calentamientos de primera desde el inicio y pasión desbocada durante escasos minutos antes de que os separeis, vuelvan las luces, y ahí no ha pasado ni nadie ha visto nada... otra cosa será lo que hayan escuchado...

A ver con que relato aparezco mañana ;)

lunes, 28 de septiembre de 2015

Lo que usted diga, Jefa.

Las 8 de la mañana. Empleado y jefa en la oficina a solas. Temas sobre productos subidos de tono.
Espero que os guste el nuevo relato oficinista ;)


Lo que usted diga, jefa.

8 de la mañana.

Primero en fichar.

Voy a la oficina de la gerente. Tengo que entregarle los informes de ventas del mes pasado. Siempre está en la oficina. Viene antes que nadie y se va la última. Pone mucha dedicación y es muy trabajadora pero… muy estricta y sé que, aunque haya dado lo mejor de mí, me caerá bronca.

Pico en la puerta y abro. Se exalta y pega un pequeño grito, no se esperaba mi presencia.

—Que susto. Tan puntual como siempre — Pone las manos sobre el escritorio, parecen algo sudadas y noto que hace algo de calor en su oficina. —¿Qué quieres?

—Le traigo los informes sobre las ventas de los libros del mes pasado.

—A ver. Cierra la puerta y tráelos.

Dejo los informes encima de la mesa. Los coge con su mano izquierda y con la derecha se baja un poco las gafas. Me mira de arriba abajo, por encima de las gafas, y vuelve a ponérselas bien mientras suspira.

—Hoy estarás solo durante casi toda la mañana.

—¿Y eso?

—Al ser principio de mes no hay faena y les he recortado a los otros horas. Pensaba que a ti también, disculpa.

—No pasa, así podré trabajar a solas sin que nadie moleste.

—¿A solas? Yo estaré por aquí.

—Pero usted no molesta.

Vuelve a mirarme. Espero que no se note mucho el peloteo. Va mirando los informes y a mi intermitentemente. Abre levemente los labios pintados de carmín y se ve cómo se muerde la punta de la lengua.

—Han sido buenas ventas — Se acaricia su cabello corto, media melena que le llega a la nuca, negro y liso. —Has hecho buen trabajo de marketing.

—Gracias — Tardo en contestar. No esperaba un alago. Es el primero que me ponen. —Intentare hacerlo mejor.

—Seguro que puedes, hoy podremos centrarnos en cómo mejorar nuestra relación en el trabajo para así ser más eficientes — No me esperaba algo así. ¿Nuestra relación laboral? No sé cómo puedo mejorar más, espero estar a la altura. —No te quedes pasmados, que empiezas mal. ¿Qué te parece?

—Me parece bien, pero no sé cómo podríamos hacerlo.

—Hay muchas formas, yo te enseñare — Se desabrocha un botón de su camisa blanca. Sus pechos empujan ésta y deja verse un escote que había estado oculto desde que tengo uso de razón.

—Puedes volver a tu trabajo. Tengo que ver que tenemos que hacer próximamente.

—De acuerdo, estare trabajando. Cualquier cosa me dice, jefa.

—De acuerdo, empleado — Se pasa la lengua por los labios. Está más rara de lo habitual.

Vuelvo a mi mesa. Enciendo el ordenador y comienzo a repasar las publicaciones que tenemos pendiente. Hay varios libros de fantasía, romances y algunos eróticos. El próximo que publicaremos, de hecho, es uno de éstos últimos. Me leo la sinopsis y partes del libro para saber cómo enfocar la campaña de marketing. Es picante y he de reconocer que me pone. Varias situaciones donde un hombre y una mujer tienen aventuras. En algunas de ellas ni se conocen, en otras tienen una relación laboral o directamente es con el familiar de la pareja de uno.

Me he empalmado, mi miembro se ha erguido hasta el punto de hacerme daño por culpa de los pantalones vaqueros ajustado que nos obliga la jefa a llevar. Me desabrocho el primer botón. Aquí ahora hace el mismo calor que en la oficina de la gerente. Sigo leyendo y algo se postra en mi espalda, me asusto.

—¿Qué haces? — Son los pechos de la jefa. Tiene su cabeza por encima de mí y esta mirando la pantalla.

—No, no es lo que parece. Estoy leyendo el libro para ver cómo venderlo.

Me mira a los ojos con los suyos. Son negros, profundos, intimidantes. Acompañado con un maquillaje cálido y el color de sus labios hacen un conjunto lleno de confianza y atrayente. Después mira hacía más abajo, donde tengo el miembro palpitante. Espero que no se de cuenta.

—¿Este es el siguiente libro?

—Sí.

—Vale, ven al despacho.

Levanta y se aparta de mí. Se dirige al despacho luciendo una espalda firme y delgada. La camisa le aprieta un poco, quizá por los pechos que tiene que son bastante grandes. Su corta falda de tubo de cuero negra le marca unas caderas y unas nalgas tentadoras. Además de esas medias negras unidas, posiblemente a sus bragas, por un ligero y esos altos tacones negros la hacen ser una jefa que todo hombre soltero desearía, pese a lo estricta que es.

Entra al despacho y en ese momento me levanto yo. No sé si es por lo que he leído o por cómo está la jefa y el estar a solas con ella pero no dejo de imaginarme como la empotro contra su escritorio.

Entro en el despacho. Esta ella sentada, con un botón más desabrochado y dejándose ver un poco de su sujetador además de un gran canalillo entre sus pechos.

—El próximo libro a publicitar es erótico, ¿Verdad?

—Sí, uno de varias aventuras sexuales centrado en fetiches populares.

—¿Y cómo piensas publicitarlo?

—Aún no había pensado en ello.

—¿Has tenido experiencias así? — Coge un bolígrafo con una mano mientras se rasca los pechos por el escote con la otra. —¿Sí o no?

—No.

—Pues te va a costar publicitarlo — Da golpes con el boli y se le cae bajo el escritorio. — Deberías buscarte una aventura.

—Creo que podré con ello, jefa — Me agacho a coger el bolígrafo. En cuanto de rodillas y meto la cabeza bajo la mesa abre sus piernas y tensa su corta falda Veo sus bragas. Negras con formas de mariposas y rejillas en sus alas, dejando ver todo. Efectivamente el ligero sube hasta estas.

—¿Lo ves?

—S-s-sí.

Baja su mano derecha y acaricia su coño con sus dedos de uñas largas y rojas.

Me doy un golpe en la cabeza y salgo, tras varios segundos.

—¿Estás bien? — Se levanta y se acerca a mí. Con los tacones es más alta que yo y veo como mira mi cabeza. Luego vuelvo al vista al frente y ella se pone de puntillas, tocándome la cabeza, poniéndome los pechos frente a los ojos. —No veo nada.

—Es-estoy bien.

No puedo evitar mi nerviosismo y mucho menos el que hay en mi entrepierna.

—A ver más atrás — Se encorva ara mirarme la parte de atrás de la cabeza y pone los pechos a medio centímetro de mí. Pierde el equilibrio y le agarro por donde puedo; la cintura y el culo, pero no es suficiente y caemos. Ella encima de mí. Sus pechos en mi cara y mi rodilla en su entrepierna.

—¿Está bien jefa?

—Sí, sí — Se aparta un poco. Tiene las gafas mal puestas, pero enseguida se las pone bien. —Entonces nunca has tenido una aventura, ¿Verdad? — Me acaricia la barriga mientras se muerde la lengua tras decírmelo.

—No, nu-nunca.

—Pues parece que quieras vivir una — Me roza con la rodilla la entrepierna. Me aprieta el pene.

—¿Por qué lo dice, jefa?

Acerca su boca a mi oreja. Escucho como sus labios se separan, como respira y como su lengua se mueve entre su saliva.

—Porque eso es algo que tenemos que solucionar — Me estremezco. Separo la cabeza unos centímetros de la suya. Esta con la cabeza un poco agachada, mirándome por encima de las gafas. Con la boca abierta y la lengua inquieta entre sus labios. La mano de la barriga llega hasta la cintura y la otra la coloca encima de la mía, cogiéndola. Acto seguido coloca mi mano en sus muslos. —Falta aún un rato para que lleguen y no podemos hacer mucho sin el resto del equipo, así que me parece que lo mejor es introducirte en el mundo de las aventuras.

—¿Por qué yo, jefa? — Debe de notar las palpitaciones de mi pene ya que tiene la mano rozándomelo. Noto sus feromonas y las ganas de sexo que tiene.

—Eres mi mejor empleado. Te entregas a fondo, nunca llegas tarde y no te importa hacer horas extras.

—Pero… ¿Y su marido? — Nunca lo he visto, ni ella ha hablado de él, pero aunque no tenga una sortija es de dominio público que está casada.

—De viaje en algún lado y con mi coño desatendido, algo que vas a solucionar tú ahora — Se levanta. Le veo las bragas y lo humedecidas que están. El líquido se resbala por sus piernas lentamente.

—No puedo jefa, no debo.

Pero lo deseo, pero esto es superior a mí. Siempre he sido tímido y nunca he sido de los de dar el primer paso y menos con alguien superior a mí.

—Debes, o esto te dolerá mucho si no lo vacías — Me pisa con la punta del zapato, suavemente, el pene. Me lo mueve mientras se muerde el labio. —Además, te lo ordena t jefa. ¿Vas a desobedecerme? — Trago saliva, no logro encontrar aliento para responder y mi sangre se acumula abajo como para pensar que hacer. —¿Cuánto te falta por pagar del coche? — Me la ha jugado, asiento. Sabe que no puedo perder el trabajo y que por eso me esfuerzo tanto. No es solo el coche. También tengo los estudios y el piso de alquiler. —Pues vas a atender lo que mi marido tiene tan desatendido.

Da unos pasos y se queda encima de mi cara, de pie, pudiéndole ver el coño. Se sube la falda estrecha y deja las bragas al aire y se sienta en el aire.

—Adelante, empleado del mes.

—¿Qué quieres… — Antes de que acabe la pregunta me conduce mis manos a su culo y luego me empieza a acariciar la barriga. Tiene un equilibrio increíble.

—Tendrás que reincorporarte un poco.

Tiene razón. Me acomodo y contraigo un poco mi cuerpo, levantando el torso hasta tener la nariz husmeando en su entrepierna.

—¿Así jefa?.

No me responde con palabras. Me acaricia la cabeza y me la hunde en sus bragas. Huele muy fuerte. Está muy húmedo. Aprieto sus nalgas con mis manos, fuerte, mientras las nuevos y empiezo a dar besos a su coño.

—Así, sí, cariño.

Su voz es lujuriosa y pausada, como si cogiera aire para cada palabra. Además se le oye chasquear la lengua entre la saliva cada vez que dice algo y eso me pone. Empiezo a usar mi lengua y mis manos empiezas a perderse entre su culo y sus piernas. Las acaricio, las rodeo y rozo el coño a medida que beso, lamo y agarro con los dientes las bragas.

—Sí, lo haces bien — Pero ella lo hace mejor. Ha creado este ambiente muy bien. Ella me puso el libro que tenía que publicar, ella se ha ido desabrochando los botones y ella ha caldeado el ambiente. Lo tenía planeado, estoy seguro. O al menos eso quiero creer mara tener más confianza.

—¿Le estoy complaciendo, jefa?

—Sí, de momento si querido… — Me empieza a acariciar el pene a través del pantalón y lo agarra con fuerza. Duele por lo apretado que está pero me pone muchísimo e intento bajarle las bragas. Me azota las manos. —No chico, eso no es lo que toca — Se levanta de nuevo y da unos pasos atrás. Me mira fijamente, mientras se muerde los labios. Me indica que me levante. Lo hago.

Estamos cara a cara y mis manos se van para su culo. Le cojo una nalga y con la otra mano le acaricio la barriga y voy subiendo hasta sus pechos. Los acaricio, los palpo, mis dedos se filtran por su sujetador y uno de los botones sale disparado, dejando fuera de la camisa los dos pechos bien sujetados.

El botón me ha dado en el cuello. Tengo una pequeña arcada por el golpe, pero la visión ante mis ojos hace que no me importe.

—Vaya, pobre. ¿Te has hecho daño? — Me agarra la cabeza y me la hunde en sus senos. Mis manos están apretándolos para delicia de mi cara. —¿Te sientes mejor, querido?

No puedo contestar. Apenas respirar. Me saca la cabeza. Sonríe y me lleva hasta un rincón de la oficina. Ella se pone espaldas contra la pared y yo cara a ella, estando delante de las ventanas cerradas con las cortinas. Empieza a agacharse sensualmente hasta que su nariz se topa con el bulto de mi pantalón.

—¿Te aprieta?

—Un poco, la verdad.

—¿No será por mi culpa?

—Sí, jefa.

Me muerde a través del pantalón. Me desabrocha el botón y baja la cremallera, luego baja el pantalón y empieza a pasar la lengua por los calzoncillos mientras palpa con sus manos mi pene. Lo vuelve a morder y luego se levanta un poco hasta dejar los pechos contra éste. Palpita, muchísimo. Ella no deja de pasar la lengua por sus labios y mordérsela mientras me mira con cara viciosa. Me pone mucho esa mirada a través de las gafas con esa cara cada vez más lasciva.

—Pues aún no es el momento. Tendrás que ganarte tu sueldo — Se levanta y me empuja la cabeza abajo. Me agacho y se abre de piernas. Se quita el ligero y se baja las bragas —Hazme gritar, es una orden.

Su vello púbico está solamente rodeando sus labios. Bien afeitado, como si lo protegiese. Alzo mi cabeza hasta meter la nariz entre sus labios. Huele bien. Está muy mojado. Se escucha como ella respira por la boca apretando los dientes. Está a la espera de que paso a mayores.

Me acomodo. Me pongo de rodillas y coloco mis manos en su ingle. Con los pulgares comienzo a acariciar los alrededores de los labios mientras los voy besando poco a poco. Pone una mano sobre mi cabeza. Abro sus labios inferiores y enreda sus dedos en mi cabello. Quiere que pase ya a la acción.

Saco la lengua y la acerco lentamente, para que vaya notando como se acerca. Cuando rozo su coño ahoga un gemido y coloca la otra mano en mi cabeza. Empiezo a lamerle el coño. De abajo arriba, pasando por el clítoris. Como un perro bebiendo agua. Cada vez más rápido. Gime fuertemente. Empiezo a lamerle de arriba abajo sin separar la lengua. Suelta monosílabos como “uuuhh” “ohhh” “siii” entre otros a medida que muevo mi lengua de diferentes formas. Bajo los pulgares un poco y abro su coño y empiezo a dar vueltas sobre el agujero con mi lengua.

—Métela, métela.

Meto la lengua y la muevo. Está muy espeso y es incluso sabroso. Luego la saco y empiezo a golpear el clítoris a la vez que introduzco dos dedos en su coño. Empieza a gemir descontroladamente. Me pone. Me pierde. Empiezo a besar su coño como si fuera una boca, con mi lengua danzando por él y mordisqueando el clítoris a cada rato. Ella se estremece, sus piernas no dejan de moverse y sus manos cada vez empujan más mi cabeza. Finalmente me saca la cabeza estirándome del pelo.

La miro, me mira. Tiene la mirada perdida, la lengua fuera y los labios mordidos.

Me aparto y me levanto. Le acaricio los labios con mi mano húmeda por su coño y acerco mi boca, pero se aparta.

—No te he pedido que hagas eso, no te olvides quien manda.

Impresionante. Hace un segundo parecía fuera de sí, pero sigue perfectamente en ella. Yo sin embargo he perdido la timidez y parezco otra persona. Es una profesional, se nota que es la jefa.

Empieza a desabrocharme la camisa y me la quita. Se apoya en mi torso con una mano y con la otra baja hasta los calzoncillos. Me los baja, aunque le ayudo. Agarra mi pene y empieza a hacerme una paja mientras acerca sus labios a mi oreja.

—La tienes dura.

—Por usted, jefa.

—Pues hay que solucionarlo.

Se aparta y se doblega hasta darle un beso en el capullo. Luego se vuelve a erguir y, pene en mano, va hasta su escritorio arrastrándome. Apoya sus dos manos en la mesa y saca culo. Después gira la cabeza y con sus ojos me indica que quiere que la penetre.

—¿Está segura?

—¿Te echas atrás ahora?

No contesto. Agarro mi pene con una mano y con la otra ayudo a abrir su coño.

Voy a meterla, pero me para.

—Te estoy enseñando el culo, ¿No?

Me fijo y lo tiene igual de húmedo, posiblemente porque el coño le haya chorreado entero. La miro sorprendido y asiente con la cabeza. Introduzco mi polla en su coño y ella grita. Primero parece que de dolor pero luego se nota que es de placer.

—Más rápido, y azótame.

Le hago caso. Acelero, le azoto y ella resbala con las manos y choca con sus pechos en la mesa. No freno, no me preocupo, no me lo ha pedido. Estira sus brazos y se queda con el torso estirado. No me gusta, quiero ver como rebotan sus pechos. Le cojo del pelo y la alzo.

—¿Así tratas a tu jefa…? Muy bien querido, así me gusta.

Empieza a moverse ella también, me vuelve loco. Me coge la mano con la que le azoto y me la pone en su pecho mientras ella mueve más rápido sus caderas. Mi pene se acaba saliendo.

—¿Vuelvo al culo?

—No, ahora al coño. Pero mucho más duro, mucho más fuerte.

Le hago caso. Voy todo lo rápido que puedo e intento controlarme. No sé cuánto aguantare. El sujetador es incómodo, así que se lo quito con la mano con la que le agarraba el pelo y, después, la pongo también en sus pechos. Le retuerzo los pezones mientras no dejo de meterla y sacarla.

—Más, más.

Acelero. Sus tacones se deslizan para los lados. Pierde el equilibrio y le cojo una pierna para que no se caiga. Ahora está en una postura más morbosa. Con una pierna agarrada es más fácil metérsela y a su vez está un poco de lado. Puedo verla con la lengua afuera y  sus pechos rebotar. Retuerzo duramente su pezón y después le agarró la cabeza. Se la acerco a la mía y empiezo a besarla localmente. Me devuelve el beso y las lenguas se funden en una.

Finalmente parece fuera de sí, pero de nuevo me sorprende cuando coge la mano con la que le retuerzo los pezones y la pone en su coño. Coloca con gran precisión dos de mis dedos sobre su clítoris. Empiezo a cortárselo, acelerando en cuestión de segundos hasta llegar a una velocidad igual con la que me la follo.

—Sí, sí, me corro — Sus gritos me vuelven loco y yo también voy a correrme. —¡Pero tú no! — Es una orden, se me corta, pero ella empieza a gemir cada vez más fuerte, con la lengua fuera, así que vuelvo a colocar mis labios junto a los suyos y me da el mejor beso de mi vida mientras no deja de gemir.

—Para, aparta — Lo ha dicho con dificultad tras varios segundos gimiendo. — Toca tu sueldo.

Dejo de penetrarla, me aparto. Se agacha y se pone como si fuera a mear en el suelo… y lo parece porque aún chorrea flujo vaginal. Su mirada lasciva se centra en mi pene, el cual agarra y empieza a lamer de lado a lado, de principio a fin hasta introducirlo en su boca.

—Jefa, no aguantare mucho.

Dice algo con la polla en la boca, pero no lo entiendo. Se centra en el capullo. Lo envuelve con la lengua y lo golpea con ésta a la vez que lo succiona y mordisquea. Mientras sigue con eso empieza a paseármela, haciendo que cada vez se introduzca más pene en su boca. Finalmente acelera y empieza a chuparla como una salvaje. Moviendo la lengua en el interior de su boca por toda la polla y metiéndosela entera, pero no de forma lenta, sino rápida. Creo haber rozado hasta su campanilla. Tiene arcadas, pero no para. Sigue. Gimo, gimo mucho y para. Empieza a moverla por encima de su boca, con la lengua fuera. Golpea mi pene contra su lengua mientras no deja de pajearme hasta que no puedo más. Me corro. Me corro y empapo sus gafas y su cara de semen. Ella traga lo que puedo y luego se relame.

Dejo de correrme, pero aún tengo el pene con semen. Vuelve a chupármela hasta que no deja ni gota.

—Bueno, ya sabes cómo puedes vender esto, ¿Verdad? — Se levanta mientras se escucha como se traga todo lo que he soltado. —Ahora vuelve al trabajo — Ese último susurro en la oreja hace que no se acabe de bajar el poderío de mi entrepierna, pero hago caso sumiso. Me visto y salgo de la oficina. Me siento frente al ordenador y en escasos minutos empiezan a llegar compañeros.

Pasan 4 horas. Queda poco para plegar. Sale la jefa de su oficina. No lleva los ligeros. Se me acerca y se apoya en mi espalda, con la cabeza por encima como antes.

—Dentro de diez minutos te quiero en mi despacho, tenemos que hablar sobre la promoción de la antología X.

 


Espero que os haya gustado y espero que paséis un día húmedo ;)

sábado, 26 de septiembre de 2015

Lanzate... si te da morbo, lanzate.

Buenas. ¿Nadie os da morbo o os lo queréis beneficiar?

Ese camarero que te guiña el ojo cada vez que te pone el café con leche.
Esa dependienta que se pasa el cabello por detras de la oreja mientras se airea el escote cada vez que vas a pagar.
Esa secretaría que espera siempre con el boli en la boca hasta que le pides lo que quieres... y se lo pasa por la lengua antes de sacarselo para usarlo.
Ese profesor de aerobic que mueve su cuerpo transformando la cordura en locura...

Sí te pone, si te da morbo, lanzate. Dile cualquier cosa, preguntale si tiene pareja y si no actua. Y si sí, actua también.

Nunca le moelsta a nade saber que le atrae a otro. De hecho todo lo ocntrario, sube el ego y quizá podáis conseguir aglo: relación, polvo, o simplemente calentarlo.

Hasta pronto y que paseis un día muy humedo ;)

viernes, 25 de septiembre de 2015

Paso Humedo.

Salida del trabajo, diluvio, ropas mojadas, un paso elevado y mucha noche por delante...

Espero que os guste el nuevo relato.


Pasillo húmedo

Las diez de la noche. Fin de horario laboral. Recojo mis cosas, las meto en el maletín, me aflojo un poco la corbata y cojo la americana.

Me despido de los pocos compañeros que quedan en la oficina y salgo del edificio corriendo. Cuando me alejo unos metros freno el ritmo y comienzo a andar, como siempre.

Mala idea, tendría que haber seguido corriendo. Sin previo aviso empieza a diluviar de forma exagerada. No pasan dos minutos y las calles están anegadas. Al principio intento cubrirme con el maletín, pero es inútil.

Recorriendo el borde de la carretera llego a un paso superior. No lo dudo dos segundos y subo las escaleras para llegar arriba, que está cubierto.

Por suerte no solo voy a estar cobijado, sino también acompañado.

Hay una chica parada en mitad del pasillo, tiritando de frio y empapada, con los brazos cruzados en un intento inútil de conseguir algo de calor. Tiene el cabello largo, rubio, tan mojado que le chorrea por la espalda y las gotas rodean sus bonitas curvas hasta llegar al final de su vestido de tubo, blanco, que tiene pegado completamente a la piel. Marchando la sensual ropa interior y sus bonitas carnes. Calza unos tacones rosas pastel, igual que un velo que está en el suelo, empapado. Debajo parece haber un bolso.

Todavía no se ha dado cuenta que estoy aquí. Pero bastan dos pasos de mis zapatos empapados para que gire su mirada.

—Hola.

—Ho-hola.

Debe de estar helada. Me acerco despacio. Parece ser un poco más joven que yo, pero rondaremos la misma edad. También parece mucho más guapa que antes, con el agua chorreando por su cara, por sus pechos y por sus curvas.

Me quito la americana, la escurro y se la ofrezco.

—Por dentro no está mojada, te ayudará.

Mala idea para mí, empiezo a notar la helada brisa que entra, pero ella la necesita más que yo.

—Gracias — Se pone la americana, pero sigue temblando.

—Te abrazaría, pero creo que empeoraría la situación.

Lo hace ella. Mi camisa también está empapada y pegada a la piel, al igual que su vestido. Noto sus pechos chocando contra mi torso. Con los tacones es casi igual que alta que yo.

—Perdona…

—No, tranquila — Le froto los hombros para intentar darle calor. Nos pegamos un poco más. Nuestras rodillas chocan. —Sábado noche y tenemos un plan estupendo, ¿Verdad?

—Ya es mejor que el que tenía, me han dejado tirada — Me había extrañado que estuviera sola, pero en ningún momento pensé que fuera porque la habían dejado plantada.

—Bueno… yo tendré que dejar tirado a mis compañeros, pero desde luego estoy mejor acompañado ahora — Veo que sonríe. Aún tiembla. Me la acercó más y le froto la espalda.

—¿No vas a llamarles?

—Se me ha empapado el móvil. De todas formas si les digo que estoy con una chica tan guapa seguro que insisten en venir y me destrozan mi velada romántica.

Vuelve a reírse. Mi tono humorístico me salva de parecer que estoy realmente interesado en ella. Su cara delgada, lisa y pálida por el frio contrasta con sus labios carnosos y rojos así como con sus ojos azul celeste. Parece una muñeca.

—idiota. Seguro que ibas a salir de fiesta con los amigos a ligar — Habla algo mejor. Su voz es tranquila, relajada, pero titubea por el frío.

—Salir de fiesta sí. Ligar ya no se tanto. Para ligar has de ir con un amigo, si vas con gente para hacer un equipo de futbol las chicas ni se acercan — La chica vuelve a reírse.

—Bueno, a primera vista y sin nadie que te empañe me pareces un buen partido para intentar cazar en un sábado noche.

Creo que me sonrojo, pero por el frio y lo empapado que estamos aún no sé si se nota. Mejor que no. Le sonrió y me devuelve la sonrisa.

—¿Tú también ibas a salir de fiesta?

—Sí, bueno. Había quedado con un chico —Suspira, mira a abajo. Ha desaparecido su sonrisa, no puedo permitir esto ni perdonar a ese cabrón.

—Bueno. No sé si valdré, pero soy un chico.

Se aparta un poco. Puedo notar como sus pechos se reamoldan a la nueva distancia. Me mira y me sonríe.

—Como te he dicho, eres un buen partido para intentar cazar en un sábado noche.

—Pues estamos en un sábado noche.

La miro, me mira. El agua que cae de su cabello rodea su nariz hasta bajar hasta la boca, donde gotea en el labio inferior, que no deja de mover. Cierra los ojos. Me acerco. Los cierro también y junto mi boca con la suya.

La chica me aprieta los pectorales con sus pequeñas manos con dedos delgados decorados con unas uñas largas pintadas de rojo. Me araña, me da igual. El beso es pasional, muy pasional. Quizá por despecho hacia el despojo de persona, si es que se le puede llamar así, que le ha dejado plantada.

Separamos los labios. Da un paso atrás. Nos miramos. Nos lanzamos el uno al otro. Los labios vuelven a chocar, mi americana cae y mis manos acarician su cintura y su cabello mientras que las suyas parecen querer hacerme un masaje craneal.

No tardamos en presentar a nuestras lenguas, que se alegran enormemente de conocerse y no dejan de tumbarse la una a la otra. Tras unos segundos de besos continuados y de mi mano agarrando fuerte su cintura para no bajar de ahí separamos nuestras bocas.

—¿Quieres que sea un verdadero sábado noche?

Me mira curiosa. La he pillado desprevenida.

—¿Cómo que “verdadero”?

Abro el maletín y saco el móvil, totalmente seco.

—¡Eh! Eso no es lo que me habías dicho.

—Son trucos de mago, ¿No te ha gustado?

Sonríe. Espera a ver que hago. Pongo spotify, programa para escuchar música, y empieza la reproducción de una lista de canciones de “fiesta sábado noche”

—¿Bailamos?

—No sé, no sé. No bailo con desconocidos así como así.

—Puedes llamarme perverso caballero.

—Pues tú me puedes llamar peligrosa damisela.

—Encantado.

—Igualmente.

Sonreímos. Nos cogemos de la mano y hago que gire alrededor de mí para luego cogerla por la cintura. Estoy detrás de ella, moviendo la cintura a la vez que ella mientras con mi mano derecha le agarro la suya, alzadas, y mi izquierda le coge la cintura mientras que la suya se mueve al son de la música. Mi entrepierna se pierde en su esbelto trasero, mientras que éste se mueve volviendo loco. Paso mis labios por su cuello, por su lado izquierdo, mientras se lo beso ella suspira gime hacia dentro, intentando ocultar placer.

De pronto da una vuelta sobre sí misma y empieza a danzar mientras me coge de la corbata. Mueve hipotónicamente sus caderas mientras sus pechos le acompañan en un movimiento aún más hipnótico, haciendo que me sea imposible dejar de mirar intermitentemente las dos partes.

—Tengo mis ojos en la cara. —Su tono pícaro muestra que no le importa y su sonrisa con la lengua fuera demuestra que le gusta que me la coma con la mirada. —Aunque hay cosas más interesantes que ver — Se encorva un poco y deja ver su llamativo escote, aunque casi me da más curiosidad como se verá su trasero con ese vestido corto de tubo. —¿Ves?

—No lo suficiente, pero como tráiler me vende perfectamente la película.

—¿Sí? ¿Quieres ver más?

—De principio a fin.

—Eres muy atrevido, mi perverso caballero.

—Y usted muy tentadora mi peligrosa damisela.

Sonríe y se muerde el labio. Baja sus manos por la corbata mientras ella también se agacha, sin perder ritmo. Me agarra la cintura y pone su cara a pocos centímetros de mi entrepierna. Abre la boca y roza los pantalones. Sube otra vez, rápidamente y me come la boca.

Estoy a cien, ya no siento frio. Mis manos vuelven a cogerlas, pero esta vez del culo. Noto sus bragas y sus carnes. Ella aprieta mi torso. Lo tomo como una invitación y una de mis manos sube hasta sus pechos. Empiezo a tocárselos. Son blandos, pero firmes. Mi otra mano infiltra dedos por el borde del vestido, queriendo meterlos. Ella me ayuda con su mano.

Sus bragas están algo holgadas por el agua, así que directamente le toco el culo helado, pero morboso. Además de rozar varias veces la zona de su entrepierna, momentos que esconde pequeños gemidos mientras me besa.

Deja de besarme un segundo y pega sus labios a mi oreja.

—¿Qué te parece si lo transformamos en una noche de sábado cien por cien perfecta? — Sus susurros me estremecen, pero más lo hace su mano agarrándome el paquete.

—Me parece perfecto.

Tras mis palabras mis dedos en su culo se mueven hasta su coño y empiezan a acariciarlo. No se lo esperaba y se estremece mientras que, finalmente, gime sin intentar ocultarlo. Algo que me pone aún más y ella lo nota en su mano, la cual aprieta más. Le beso el cuello mientras mis dedos se mojan de otro líquido que no es agua y ella intenta desabrocharme, con éxito, el pantalón.

El agua no deja de sonar, a lo que se le han sumado truenos. Algo que nos asegura intimidad y espacio para hacer lo que queramos. Ella no tarda en tomar ventaja de la situación y se agacha, bajándome los pantalones a la vez que baja ella su cabeza hasta mi polla.

—¿Esto de aquí dentro es tan perverso como el caballero?

Me mira esperando una respuesta, mientras se muerde el labio y baja con sus delicadas manos mis calzoncillos.

—Más que perverso es duro y algo atroz.

—Tendré que domesticarlo — La mira. Se pasea la lengua por sus labios.

—Inténtalo si puedes.

Lo hace. Lo intenta. Se la mete en la boca sin pensárselo dos veces. Ella es más dura que yo. No para de chupar, de succionar mientras no deja la lengua ni la mano quieta. Le agarro la cabeza, los pelos, muy fuerte, mientras no deja de moverla de delante a atrás, rápidamente. Saca la boca y sigue con la mano. Se relame y me mira.

—¿Te gusta?

—Me encanta.

—Te va a gustar más ahora.

Empieza de nuevo, pero esta vez mirándome. Se escucha como la chupa perfectamente, como sobre sus propias babas y el pre-semen que ya he soltado. Adelante y atrás, sin parar, acompañado de la mano. Tras un rato se centra en el capullo y empieza a succionarlo, como si quisiera apartarlo de mi, para luego chuparlo y rodearlo con la lengua acompañándolo de mordisquitos. Se la vuelve a sacar y empieza a golpearla contra su lengua, que deja fuera de su boca.

—¿Quieres más? Di.

—Sí, damisela peligrosa.

—Es peligrosa damisela, castigado.

Dicho esto empieza a pasar la lengua por mi pene, pudiendo ver como lo hace, para luego comienza a dar unos mordiscos que me hacen gemir aún más. Luego para en seco y sube.

—Si quieres que te dé el plato final tienes que alegrarme a mí también, caballero perverso.

—Es perverso caballero, castigada.

Paso mi mano por sus piernas y llego a su coño. Lo acaricio por encima de los labios mientras le mordisqueo el cuello a la vez que mi otra mano se filtra por el escote y pasa del sujetador para tocarle directamente los pechos. Gime levemente.

—¿Quién es una chica traviesa y mojada?

—Yo, caballero.

—Perverso caballero, apréndetelo.

Abro los labios inferiores con mis dedos y empiezo a acariciarlo el coño, el clítoris, mientras hago amagos de metérselos. Le retuerzo e pezón y paseo mi lengua por su cuello. Empieza a gemir constantemente, pequeños, cogiendo aire, casi hiperventilando. Freno un poco, me preocupo, pero enseguida me aprieta la polla y empieza a pajearme. No está mal, está cachonda pérdida. No la critico, yo llevo perdido hace rato.

Entro mi dedo corazón e índice en su coño, lentamente, y ella deja de pajearme unos segundos y con la otra mano eme agarra el hombro mientras se estremece e intenta aguantarse en pie. Gime, gime mucho.

La llevo hasta el muro del paso y la apoyo contra la pared, así será más fácil que se aguante. Le bajo el escote para que queden sus pechos fuera, ella se desabrocha el sujetador y se lo quita, tirándolo al suelo. Empiezo a besarla mientras me apoyo con la mano izquierda en el muro y con la derecha acelero los dedos que le penetran. Ella me coge con las dos manos el pene y, mientras me muerde la lengua, no deja de moverlas.

Se aparta de mí para coger aire. Yo sigo con su cuello y llego a sus pechos, chupándolos como un bebe famélico y, de pecho en pecho, mordisqueando sus pezones y azotándolos con la lengua.

No sé cuántas canciones han pasado, pero cambiamos inconscientemente de ritmo cada vez que suena una. Acaba la que está sonando.

—¿Empezamos con el tema final de la noche?

—Espero que dure unos cuantos temas.

Se sorprende por mi respuesta y se muerde el labio inferior mientras se toca su coño con sus dedos delicados.

Se quita las bragas y se quita el vestido. Se deja los tacones, me pone mil. Cuando deja su vestido delicadamente en el suelo ve como me he alegrado de ver su esbelto y desnudo cuerpo. Empieza a lamerla de arriba abajo mientras la agarra con una mano y con la otra se acaricia el clítoris. Empiezo a gemir y ella acelera en ambos lados, gimiendo mientras le lleno la boca de carne. Me dejo llevar y agarró su cabeza y empiezo a, literalmente, follarme su boca. Tras unos segundos me aparta con las manos y me señala su coño.

—Es aquí donde tienes que follarme.

Se apoya con las manos en el muro y su culo queda totalmente expuesto a mí. Me bajo los pantalones y calzoncillos completamente. Acerco mi pene y empiezo penetrarle el coño lentamente.

—Estoy suficientemente mojada entre la lluvia y esto, así que puedes ahorrarte las delicadezas — Sus palabras suenan entre gemidos. Hago caso y empiezo a penetrarla duramente mientras le agarro la cintura. — Sí, sí, más duro perverso caballero — Gime mucho más a medida que acelero y mis manos se mueven una hacía sus pechos y otra se filtra por sus piernas para llegar a su coño, frotarle el clítoris velozmente mientras la penetro aún más rápido, apoyando mi torso en su espalda.

Gime cada vez más, al igual que yo.

—No aguantare mucho.

—Pues quiero mucho más, solo han sonado dos canciones y media.

Hago un esfuerzo y freno un poco, para luego volver a acelerar. Pero tras sonar una canción más se me sale. No me deja meterla de nuevo. Se da la vuelta y me abraza. Me besa la boca y empieza a pajearme.

—Ha sido divertido.

Su susurro en mi oreja mientras me toca el pene me frustra. Ha sido divertido pero puede serlo más y lo va a ser. Empiezo a comerle la boca frenéticamente y la cojo por la cintura. La elevo.

—Uoooo.

Su exclamación muestra sorpresa pero sabe de qué va la cosa. Se agarra con sus piernas a mi torso y la coloco sobre mi polla, penetrándola. Empieza a moverse ella raídamente. Me apoyo con una mano en la pared mientras le agarro con la espalda en otra. Sus hombros están apoyados al muro y una de sus manos agarra mi cabeza mientras con la otra se frota su clítoris.

—¡Sí! ¡Más, más!

Acelero, no paro.

Escucho pasos subiendo una escalera y de golpe dejan de sonar.

—Sigue, sigue, da igual.

Vuelvo a escuchar pasos, corriendo. Son varios. Pasan por detrás de mí y bajan las escaleras por las que yo subí. Cuchicheaban cosas.

—Nos han visto — En realidad solo la han visto a ella, pero no sé porque me he sentido observado.

—Y me ha puesto mucho.

—Y a mí.

Tras mis palabras le empiezo a comer el pecho a lav ez que acelero.

—Sí, sí, por dios, sí.

No deja de gemir y creo que se corre. Sus gritos alocados lo confirman

—Dios, el mejor orgasmo de mi vida — Me cuesta entenderla entre los jadeos y los gemidos.

—Pues me queda poco.

—Pues para, para.

Tardo un poco en frenar. Es demasiado a adictivo y su coño parece succionar mi pene. Paro. Se incorpora y se agacha, de rodillas en el mojado y frio suelo. Me mira con su rubia melena desaliñada y su cara colorada, además de un rostro muy vicioso.

—Voy a darte el plato final que te dije antes, perverso caballero.

Mi pene palpita, pero lo hace más cuando lo introduce en su boca y empieza a rodearla con la lengua para luego empezar a chupar a delante y atrás mientras pareja con la mano.

No paro de gemir. Estoy a punto. Deja de chuparla, pero no de moverla. Me mira, aún más viciosa, y abre la boca sacando la lengua.

Pongo mis manos en el peno y pone las suyas juntas bajo su cara, abiertas.

—Dámelo todo, mi caballero perverso.

Me ha puesto tanto que ni le rectificare. Me empiezo a estremecer. Me corro. No deja de salir y le salpico en la cara, en la lengua. Escucho y veo cómo va tragando y lamiéndose con la lengua la cara mientras además le va cayendo en las manos. Cuando paro me la vuelve a chupar y me la relame, sin dejar que quede ni un resto de mi semen. Se traga todo lo que queda y me da unos lametones de regalo.

Los restos de su rostro se los quita con la mano. Se chupa los dedos llenos de semen mientras exhala aliento de forma muy sutil. Me la volvería a follar, pero me ha dejado seco. Se levanta, va a besarme. Empiezan a sonar los teléfonos y para.

A ella también le funciona el suyo, no me lo dijo.

Ambos cogemos los teléfonos y contestamos. Son mis amigos preguntado por mí.

Acabamos la conversación a la vez y nos miramos.

—Era el chico con el que había quedado.

—Lo mismo por mi parte.

—Al final vendrá a buscarme, aunque pienso enviarlo a la mierda en cuanto me cambie de ropa y me pague una buena cena.

—Yo me aprovechare de mis amigos. Van a llegar más tarde. Se estaban disculpando. Si supieran que iba a dejarles plantados…

—Al final resulta que si eres un perverso. Disfruta la noche.

—Ya lo he hecho.

—Pues hazlo más si puedes.

Me besa mientras me acaricia el pene y yo su coño. Tras unos segundos nos separamos, nos ponemos la ropa que nos hemos quitado y seguimos nuestro camino, bajando cada uno por las escaleras que había subido el otro.

Lluvias otoñales y cielos estrellados.

¡Buenas!

Aquí ya nos ha llegado el tiempo otoñal. Lluvias, fuertes vientos que a su tiempo conllevan cielos estrellados.

En esta época se pueden dar situaciones muy cálidas, "calientes" más bien que van de lujo para contraatacar el frio que nos acecha. Unas muy habituales y, llamémoslas, normales situaciones son por ejemplo quedaros atrapados haciendo deberes o viendo una película en casa, a solas con un/a chic@, mientras fuera diluvia y hiela que tape los gemidos de ambos. La contraoferta es un claro de una montaña, un coche... un cielo nocturno estrellado... y dos personas mostrándose más salvajes que las criaturas a las que despertaran con sus placeres.

¿Cuál os gusta más?

martes, 22 de septiembre de 2015

Sexo Rodado.

La noche.
La carretera.
La luz de tu moto.
Tan solo los ojos que se ven a través del casco...

Sexo Rodado:

Las aventuras que pasan por la calzada son inimaginables,  pero yo he querido pensar como sería una de ellas. ¿Rodáis?


Las tres de la mañana. No puedo dormir y mañana no tengo nada que hacer. Finales de Septiembre, frio pero con cielo despejado.

Cojo el casco y me monto, mi Suzuki Gladius con acabados rojos, mi nena. Arranco, ruge el motor. ¿Silenciador? Nunca puedes prohibir que las mejores giman.

Sorteo las columnas del parking y subo la rampa con la puerta lo suficientemente subida para que pase. Acelero y cojo la primera calle que me lleva fuera de la ciudad, a una carretera convencional.

Voy bien equipado. Chaqueta con protecciones, pantalones gruesas y unas botas capaces de frenar si pongo los pies en tierra en plena circulación. Casco con visera trasparente para que vean todas mis advertencias oculares y con un buen dibujo tribal mostrando mi rebeldía cuando voy sobre dos ruedas.

Tras media hora por la carretera convencional cojo un desvió estrecho, con poca luz, para que solo se vea lo que alumbro mi querida Susy, nombre de mi primera novia que le puse a mi moto porque estaba tan buena como ésta.

Acelero, suero la velocidad permitida. Da lo mismo, no suele haber nadie a estas horas por aquí. Me trago mis palabras, tras diez minutos veo una moto delante de mí. El camino es tan estrecho que si no se aparta a la derecha es difícil adelantar a la velocidad que vamos. Me pongo atrás.

Sorpresa. Ese culo es de mujer. Lleva un mono ajustado, muy ajustado, acompañado de unos botines con “pelufos”. Tiene el cabello largo, le sale del casco. Lleva una Kawasaki ER-6N. Una belleza. Solo por eso ella gana puntos.

Le hago luces. Gira levemente la cabeza, mira por el retrovisor. Me contesta con los intermitentes.

Levanto levemente mi cabeza y con la mano derecha apuntando hacía delante, como si fuera a dar la mano a alguien, la muevo de arriba abajo, moviendo la muñeca, repetidas veces. Lo entiende. Hace caso. Rugue el motor de su chiquitina. Me pone los pelos de punta. Respondo con la mía. Hago que ruga tres veces y ella acelera, luego yo.

Pasamos por un tramo más estrecho, muy sinuoso y con curvas cerradas. Las pasamos imaginándonos que somos profesionales. Logro verla de perfil. Parece bajita, no llega del todo bien a la moto. Tiene donde agarrar y unos ojos penetrantes además de buenos pechos que seguro le causaran más de un quebradero de cabeza en los baches.

Tras las curvas la carretera vuelve a ensancharse. Me pongo a su lado. Me levanta las cejas y me guiña un ojo. Acelera de nuevo y, como no, la sigo. El sonido de las dos motos rugiendo hacen que mi cuerpo se estremezca y ver su trasero bien marcado frente de mi hace querer alcanzarla. Llegamos a un área de servicio. Me indica que va a parar con los intermitentes.

La sigo. Paro al lado de su moto, que está junto a los tanques de gasolina. Ella no está, imagino que ha entrado.

Tras dos minutos sale de la tienda y viene hacía la moto. Saca la manguera y empieza a llenar el bidón de su chiquitina.

No digo nada, no hace falta. Estoy apoyado en mi moto, mirándola. Le saco más de una cabeza de altura, pero eso no ha impedido que conduzca igual o mejor que yo.

—¿Estás de paso?

Me sorprende. Tiene una voz aguda.

—Algo así.

—¿Paseo nocturno entonces?

—Exacto. ¿Tú?

Me mira de arriba abajo. Luego a mi moto. Su mirada es penetrante y en sus pupilas imagino lo que le haría de estar en otra situación.

—Algo así, escapando de la rutina.

—Sé de qué va eso.

—¿Sabes de algún lugar aislado? De esos que solo se llegue en moto.

—Unos pocos.

Deja la manguera, cierra el depósito y se sube a la moto. Arranca, hace rugir el motor.

—¿A qué esperas para indicarme el camión? Soy nueva aquí.

No digo nada. Me subo, arranco y acelero. Me sigue, de cerca. Acelero más, quiero ver hasta donde es capaz.

Cogemos un desvió que sube a la montaña. Freno un poco, pero me hace luces. Tiene agallas. Me gusta.

No tardamos en llegar a un área de descanso un poco destartalada, poco usada. Tiene unos bancos de madera y dos mesas de roca. Al fondo una valla de hierro que da a un precipicio desde donde se ve la ciudad a lo lejos. El cielo tan estrellado que ilumina el lugar sin necesidad de las luces de las motos.

—Aquí es

Baja de la moto y va hacia las mesas de roca. Se apoya en uno de sus laterales y me mira. Se quita el casco.

Su cara es redondeada, con cabello largo, muy largo. Negro azabache. Lleva la raya en el ojo y está un poco maquillada, ocultando las imperfecciones. Su boca parece pequeña, con labios sensuales.

—Es un buen sitio.

Mira al cielo. Está ahí, con su cuerpo marcando todas las carnes en ese mono ajustado. Hace frio y se nota, sus pezones lo gritan y la marca de su entrepierna lo canta. Me quito el casco, me vuelve a mirar de arriba abajo.

—Y tú eres una buena compañía para un lugar como este.

Tras esas palabras su mirada lo dice todo pero me tengo que asegurar.

—Lugar y momento, ¿Verdad?

—Sí. De noche, cielo estrellado. Nosotros y nuestras motos, a solas.

Me acerco a ella. Automáticamente. Estamos frente a frente. Me acerco más, apenas dejando espacio entre nosotros, pero me aparta con la mano.

—Te vas a manchar esa chaqueta tan cara vaquero.

Por un momento me he preocupado. Me la quito y ella se baja la cremallera del mono. Lleva una camiseta lisa, done se le transparenta los pechos. No lleva sujetador. Se ha bajado la cremallera hasta el ombligo. Me pone la mano en la barriga, con los dedos rozando la cintura.

—¿Cuántas marchas puedes poner?

Me susurra en la oreja, poniéndose de puntillas. Le agarro la cintura con una mano y con otra le palpo debajo del pecho. Nuestros labios se juntan. Tras varios besos nuestras lenguas se buscan la una a la otra hasta que se encuentran. Mi mano sube hasta su pecho. Tiene la camiseta sudad, pero está frio. Contraste del calor que pasa con el mono y la poca temperatura que había antes aquí. Digo antes porque ahora calentamos más que el tubo de escape de nuestras motos tras ponerlas a máxima potencia.

Cuando rozo el pezón me muerde el labio y cuando se lo retuerzo hace lo propio con mi lengua. Se pega a mí y mi rodilla roza su entrepierna, la cual no deja de mover.

—Ya no hace frio.

—Para nada, aunque seguro que puedes calentarme más.

Cojo la indirecta y bajo más la cremallera. Lleva legins. Unos legins apretados y mojados. Gime en cuanto toco su raja, no lleva bragas, y asalta mi oreja. Es más baja que yo, pero sabe llegar a cualquier lado que quiera tener en su boca. Espero que a los de abajo llegue igual de bien. Por el momento su mano parece haber encontrado el camino.

Me desabrocha el pantalón, baja la cremallera y mete la mano en mis calzoncillos. Me empieza a pajear suavemente, pero no tarda en acelerar en cuanto mis dedos se meten entre sus legins y tocan su clítoris.

—Métemelos.

Su susurro se hacen órdenes. En cuanto los introduzco vuelve a gemir y, en unos segundos, tiene un orgasmo.

—Soy multiorgasmica en cuanto se trata de acariciar el clítoris. Es muy sensible y lubrico mucho.

—Pues en la moto debes disfrutar.

—No sabes lo que gozo cuando voy por calles sin asfaltar.

Se aparta, mientras gime cuando saco los dedos, se quita la parte de arriba del mono y la camiseta. Mi boca va directa a sus pechos. Le agarro los dos pechos y empiezo a comerme el de la derecha mientras retuerzo el de la izquierda. Ella me agarra mi entrepierna y empieza a acariciarla, a menearla. Luego cambio de pechos y una de mis manos vuelve a su clítoris, a acariciarlo.

Tiene razón, está empapado.

Mordisqueo el pezón y tras unos gemidos en mi oreja penetro con mis dedos en su coño, haciendo que gima aún más. Subo mi lengua por su cuello hasta llegar a su boca y entrelazar nuestras lenguas durante varios minutos en los que parece que se corra varias veces a medida que acelero mis dedos y ella su mano en mi pene.

Cuando separo mi boca me saca la mano de sus labios inferiores y me quita la camiseta. Empieza a besarme el cuello, a mordérmelo. Baja hasta mis peludos pechos y empieza a golpearme los pezones con su lengua mientras sus manos no dejan de acariciarme el torso. Baja la lengua hasta el ombligo y me empieza a bajar los pantalones, le ayudo. Llega a los calzoncillos, los muerde, me mira y los baja. Mi pene choca en su nariz. Sonríe como una niña cuando ve por primera vez un caramelo.

Abre la boca lentamente. Ya no parece tan pequeña. Pone sus labios sobre mi capullo y empieza a mover la lengua en él, a golpearlo. Se introduce un poco más, con un poco de dificultad, hasta que lo deja atrás para empezar a chupar también el tronco. Me mira con esos ojos profundos con una perfilada raya decorándolos. Me pone a mil, vuelve a crecer mi pene dentro de su boca y ella gime. Lo ha notado. Me lo mordisquea a la vez que su lengua se pasea por todo su ancho. Después cierra los ojos y empieza a chupar de arriba abajo, cada vez más rápido. Me hace gemir. Le agarro la cabeza y acompaño su movimiento hasta que la detengo.

—Vamos, quiero ponerte la última marcha.

—Lo estoy deseando.

Se levanta y va hasta su moto. Se pone en la parte de atrás, agarrándose con las manos a ella y poniéndome el culo en pompa.

La agarró de las nalgas y empiezo a penetrarla, lentamente.

—No me seas gentil. Piensa en mí como si fuera tu moto.

Aquellas palabras me vuelven loco. Aprieto su culo con mis manos y empiezo a meterla y sacarla, rápido, hasta el fondo todo el rato, hasta que mis huevos empiezan a chocar contra su coño y su cuerpo se estremece, recibiendo cada impacto y moviéndose a cada golpe. Subo mis manos hasta la cintura y, tras unas embestidas más, a la cabeza. Le agarro el pelo con una mano y tumbo mi torso sobre ella mientras le doy fuerte a la vez que azoto el culo.

—Oh, sí. ¡Más fuerte, más fuerte!

Gime y le veo sacar la lengua y salivar con cada golpe. Sus caderas y cabeza se mueven al unisón de mi pene y sus pechos rebotan. Sus tetas logran que mi mano sustituya los azotes por retorcerle los pezones.

No logro aguantar mucho más y la saco.

—Quiero más, ¿Por qué paras…?

—Porque el tubo de escape quiero mantenerlo limpio. Voy a llenarte el de la gasolina.

—¿Qué quie…

No acaba la frase. Un fuerte gemido lo impide.

Lubrica tanto que su culo está empapado, dilatado, así que le penetro con facilidad. Esta estrecho, mucho más que su coño, así que me cuesta acelerar al principio y ella padece placer y dolor por igual. Pronto su dolor desaparece y gime lo suficiente como para que la montaña despierte.

Acelero y llego al fondo, cada vez más rápido.

Grito, gimo, le aprieto los dos pechos y una de mis manos baja hasta su coño. Colapsa. Empieza a gemir como si la estuviera penetrando un ejército entero y finalmente me corro. Ella también.

Jadeamos.

Nos apartamos.

Y sin decir nada se viste, se monta en la moto, arranca y se marcha.

Yo me quedo reposando. Voy a la monto y saco del baúl un paquete de cigarros. Enciendo uno y empiezo a fumármelo.

—Increíble…

Pienso salir más en moto, pero por hoy he tenido suficiente. Me visto, estornudo un par de veces y me subo a la moto. Arranco y vuelvo por el camino.

Cuando paso por el área de servicio me cruzo con una motorista que va en dirección contraria. Freno, hecho gasolina.

Miro el móvil, es tarde. Las cinco de la mañana.

Mando un mensaje:

“Cariño, hoy he ido antes a trabajar que tengo reunión”

Arranco la moto y acelero…

lunes, 21 de septiembre de 2015

¿Otoño o verano?

Vaya dilema, ¿Eh?

Aquí estamos entrando ya en la temporada otoñal. Acogedora, pero algo más triste y de colores fríos.
Se hace de noche antes, la gente lleva más ropa y todo parece menos animado.

¿Realmente es así?

Sí, es cierto que durante el verano hay más oportunidades de ligar. De dar pie a esos romances efímeros que pueden durar una noche, una semana o media hora. Pero el Otoño también tiene su encanto.

Tardes lluviosas que quedas a solas en casa con tu atrayente amig@ y miráis películas, comiendo palomitas, acurrucados. La temperatura sube y la ropa empieza a sobrar.
Además las playas están más abandonadas para ir a intimar y las noches de locura empiezan antes y acaban más tarde.

No os deprimáis ligones/as empedernid@s. Simplemente cambiar de baraja y usar vuestras nuevas cartas.

El amor y el sexo es como las estaciones, depende del momento, como y con quien puede ser inigualable e irrepetible.

Feliz último día de verano y primer día de Otoño a quienes les toque.

domingo, 20 de septiembre de 2015

Relato: Masaje y mar.

Buenos días señores y señoras, saludos especiales para éstas últimas.

El verano se acaba. Mañana es, oficialmente, el último día de esta estación del año. Aunque, por suerte o desgracia, a algunos les dura más o menos.

¿Quien no ha tenido un amor de verano? ¿Quién ha perdido la oportunidad?
¿Nunca os habéis arrepentido de no hacer algo?
Hay aventuras que empiezan y acaban el mismo día. Que surgen de la nada o las que siembras la semilla y vas regano para que, cuando florezca, puedas recoger los pétalos sea de golpe o durante años.

Hoy os dejo un relato de estos amores de verano, de estas oportunidades efímeras que una simple frase más picarona o más seria puede abrirte las puertas o cerrártelas por completo.

Masaje en el mar.


La noche ha empezado a refrescar. Hay muchas estrellas y el mar suena con fuerza. La arena está fría y los sofás del chiringuito me absorben la energía. Suerte que la camarera hoy está contenta, acaba la temporada, y por cada cubata que me pido nos tomamos un chupito a su cuenta.

Pero todo esto conlleva un problema: pasado mañana vuelve a su pueblo. Así que tengo que jugar hoy las cartas que me quedan en la mano si quiero que, como mínimo, se acuerde de mí.

—Vamos, último chupito antes de que plegue —Trae un chupito. Ya solo quedamos su jefe, ella y yo. Él está recogiendo. Yo sentado con ella junto a un chupito de licor de cuarenta y tres bayas.

—A tu salud rubia.

Nos lo bebemos y se vuelve a levantar. Pasan cinco minutos y ya no me queda ni una gota de alchool en mi cubata, pero ella se sienta y me trae otro. Para mi sorpresa ella lleva uno, de color rojo. Parece dulce.

—Pues ya he acabado. Se acabó lo bueno.

—Pues yo te veo sin empezar.

Se ríe. Se ríe mucho mientras me mira.

—Que tonto que eres. ¿Un brindis?

—Venga.

—Por todo lo bueno que tiene el verano y por la noche que nos queda juntos.

Chocamos los vasos, enlazamos los brazos y bebemos.

Pasamos un rato hablando de las anécdotas que hemos visto en el chiringuito.

Empecé a venir con unos amigos y luego comencé a venir solo de vez en cuando. Hoy es uno de esos días, no quería que hubiera la posibilidad que cualquiera con pocas luces no quisiera irse cuando viera el momento.

—Que sepas que a lo de hoy te he invitado yo.

—¿Y eso por qué?

—Me has hecho el verano más liviano y muchas veces me has ayudado a recoger y a echar algún que otro capullo.

—No era por ti. El trato especial de la camarera más sexy de la costa lo quería para mí.

—Idiotaaaaaa

Se abalanza sobre mí y me empuja a la arena. Cae encima de mí pero rápidamente se levanta.

—De todas formas tendré que agradecértelo antes de que te vallas.

—Pues tienes poco tiempo.

Se estiraza durante unos segundos. Se le nota el cansancio acumulado.

—¿Te duele la espalda?

—Un poco, sí. La tengo molida.

—¿Quieres un masaje como agradecimiento?

Se queda pensativa. Agacha un poco la cabeza y me mira desde abajo. Sonríe mientras saca la lengua de forma muy adorable.

—Me parece muy buen agradecimiento.

Se levanta, coge el cubata y se va hacia las hamacas.

—¿Cogemos una?

—Sí, claro.

Cojo mi cubata y voy hacía las hamacas. Se lo doy para que me lo aguante. Bebe un poco del mío y me guiña el ojo. Cojo una y la planto en la arena.

Deja los cubatas en la arena y se quita la camiseta. Lleva un bikini de licra, que se le pega a los pechos y, por el frio imagino, se le marca perfectamente los pezones. Después se quita el short y muestra la parte de abajo, que va atada con unos hilos en los laterales y de adhiere a la piel de la misma forma que la parte de arriba.

La tengo de espaldas, viendo su esbelto cuerpo. Cintura estrecha, un culo que sobre sale un poco pero sin destcar y unas piernas lisas y largas. Se gira y se nota el movimiento de sus pechos, bastantes grandes.

—¿Cómo empezamos? —El tono de su voz es muy sensual, además que lo dice mientras me guiña el ojo y me saca la lengua, con la cual se repasa los labios, de los cuales finalmente muerde el inferior mientras mira hacia abajo.

Estoy erecto y se ha dado cuenta. Me pongo un poco nervioso pero disimulo.

—Ponte boca abajo.

—Que mal ha sonado perverso.

—Idiota, ¿Quieres el masaje o no?

—Ya voy, ya voy. No te me “calientes” —Lo dice con rintintin. Está claro.

Se tumba, con dificultad por sus pechos, y usa los brazos de almohada mientras mira hacía al derecha. Me pongo encima de su culo, suavemente. Al bajar rozo con mi pene sus nalgas y ella las mueve en ese momento.

—¿Estás cómoda?

—Sí, mucho —Contesta mientras sigue moviendo sus nalgas unos segundos más.

—Pena que no tenga aceite.

—No te preocupes, si eso ya se nos ocurrirá algo.

Empiezo a masajearle los hombros. Tras unos segundos les doy unos golpecitos y empiezo a bajar.

—Desabróchame el bikini, quiero un masaje completo.

“Desabróchame” “masaje completo” Esas palabras hacen que me palpite la entrepierna.

Se lo desabrocho y empiezo a masajearle esa zona, pasando las manos por sus costados, rozando los senos. No dice nada, así que continúo un rato y luego sigo bajando, hasta llegar a la cintura.

Me levanto y me arrodillo a su lado para seguir con sus piernas. Empiezo a masajearle por los pies. Se ríe. Le hago cosquillas. Enseguida subo y en unos minutos llego al muslo. Voy acercándome a la entrepierna y paso la mano suavemente por el muslo, rodeándolo, rozándole las ingles.

Se estremece e incluso me parece escuchar un suspiro lascivo. Yo estoy nervioso, seguro que escucha mis latidos. Acaricio un poco más cerca, más suavemente. Está húmedo.

—Oye, quiero el masaje completo —Me sorprende.

—Todo a su tiempo.

Aprieto un poco con el costado de la mano y subo por sus nalgas, con cuidado y lentamente, por si quiere pararme. Pero no quiere. No dice nada y empiezo a tocárselas, a masajeárselas.

—Lo haces muy bien.

—Sí, aunque con una tela tan licorosa es complicado.

Se arrodilla y luego se gira hacia mí. Se le cae el bikini, dejando sus preciosos pechos al descubierto.

—Eso se puede arreglar —Su voz se ha vuelto más dulce, más tímida, mientras se quita la parte de abajo del bikini.

Me levanto, colorado, y con un pantalón que tiene complejo de tienda de campaña. Me lo mira y se vuelve a morder el labio mientras su mano automáticamente se acaricia sus labios inferiores mientras se estremece.

—¿Así mejor?

—Mucho mejor —Mi rostro debe ser lascivo mientras digo eso y me acarició los pantalones.

Se tumba boca arriba. Cuando dijo masaje completo lo dijo enserio.

Me vuelvo a sentar encima de ella, con cuidado. Esta vez mi pene roza su coño rasurado, sin ni un pelo. Empiezo a masajearle los hombros otra vez y rápidamente bajo hasta sus senos, los cual toco con suavidad. Le rozo los pezones, le agarro los pechos y los muevo. Miro su cara y ella me está mirando, lascivamente.

Agacho mi cabeza y empiezo a besarle las tetas mientras con la lengua hago un recorrido hasta que rodeo los pezones. Primero el izquierdo y luego el derecho. Succiono un poco y mi mano derecha empieza a bajar hasta la cintura, para luego pasar por debajo de mí.

Esta húmeda, mucho. Creo que habrá manchado hasta la hamaca. Le acarició los labios inferiores y se los abro para golpear levemente su clítoris. Mientras tanto mordisqueo uno de sus pezones y pellizco el otro.

Empieza a gemir, a estremecerse. Cuando le meto el dedo corazón lo hace mucho más fuerte.

Me levanto y retrocedo, hasta el final de la hamaca. Le cojo las piernas y la estiro un poco para que acabe su coño frente a mi boca, con las rodillas por encima de mi cabeza. Le beso en los labios: en los de abajo. Los beso como si fuera una boca. Suavemente, moviendo los labios, hasta que empiezo a usar la lengua para penetrar hasta el clítoris y seguir besándola. Cuando choca sus rodillas uso mis manos para abrirle la almeja que esconde su perla y así golpearla con la lengua: de arriba abajo. Suavemente, arrastrándola.

Empieza a gemir con más fuerza a medida que aumento la velocidad. Tras un rato empiezo a pasear la lengua en varias direcciones y a besar el clítoris directamente. Succiono, mordisqueo a la vez que mis manos se alejan de esa zona para empezar a tocar sus pechos, empapándolos con su propio flujo, y retorcerle los pezones. Pone sus manos sobre mi cabeza y empieza a apretarme. Entre lametón y lametón intento coger aire con la boca, ya que con la nariz me es imposible.

—Más rápido, más rápido.

Le hago caso, pero además vuelvo a traer la mano izquierda y, sin avisar, le introduzco dos dedos que empiezo a mover hasta encontrar una zona rugosa, por donde paseo hacía arriba y abajo éstos.

Cada vez más rápido los dedos. Cada vez más desbocada la lengua y mis dientes mordisqueando sin parar hasta que con las manos, en vez de apretar, empieza a apartar al unisón de un orgasmo que se disputó con las olas el sonido más fuerte.

—Dios… quiero más.

—Te voy a dar lo que quieras.

Se levanta tras unos segundos y me mira. Me besa. Nos entrelazamos y manchándole la cara de sus propios flujos empezamos a pelear con la lengua. Mete su mano por dentro del pantalón y de los calzoncillos. Empieza a tocármela y pronto se arrodilla frente a mí y me baja los pantalones mientras yo me quito la camiseta y la tiro por la arena.

Pasa sus labios por mis calzoncillos. Muerde suavemente y juega conmigo hasta que yo mismo me los bajo. Sonríe, me mira, saca la lengua y se la mete entera sin avisar si quiera. Mueve la lengua velozmente en el capullo y empieza a chupar bruscamente, acompañándolo con un masaje en mis bolas doradas.

No esperaba esto, así que no estoy mentalizado. La obligo a parar para pasar al plato fuerte o no podré aguantar.

Se ríe y se estira, con las rodillas alzadas y las piernas abiertas. Me abalanzo sobre ella y la abrazo, luego empiezo a penetrarla. Entro lentamente pero a cada centímetro ella tira la cabeza más hacía atrás mientras gime a la vez que mis dientes van apretando su pezón izquierdo. Una vez la meto entera empiezo a sacarla, lentamente, a la vez que juego con mi lengua en el pezón que tengo agarrado con os dientes. Ella sigue a mi pene con su coño. No quiere que la saque más, así que empiezo a entrar y salir, lentamente, como mi lengua se mueve. Después empiezo a acelerar y ella empieza a gritar.

—Más, más fuerte. Dame más fuerte.

Le hago caso. Acelero, voy más brusco y empiezo a meterla pero hasta el fondo. No aguantaré mucho más.

Me pide más, más y más  y le hago caso.

—Estoy a punto de correrme, no aguantaré más.

—Acelera, puedes hacerlo dentro —Lo que dice me parece increíble e incluso dudo de haber escuchado bien entre tanto gemido, pero me lo repite. Acelero más y subo mi boca hasta besarla, sin embargo la hamaca se desmonta y caemos al suelo.

—¿Estás bien?

Me levanto y la ayudo. Por suerte la cama se ha caído plana y apenas nos hemos manchado de arena.

—¿Te has corrido?

—No.

No dice nada más. Me la coge y empieza a besarme mientras no deja de moverla, con mucha suavidad, cada vez más rápido.

—Sí, sí… no pares… más…

No puedo hablar más, está a punto de salir. Acelera. Sale, no puedo aguantarlo más y ella no frena. Me estremezco y retuerzo.

—Qué pena que haya sido hoy, no hemos podido disfrutar mucho el uno del otro —Sus palabras son tristes, no puedo dejarla así.

—¿Quién dice que vaya a ser poco? Ella acaba manchada y yo salpicado, pero da igual. Hay mar, estamos solos y es nuestro último día de verano. —La noche es joven y nosotros más.

Le agarro la mano y la levanto. Empiezo a correr, con ella detrás, desnudos, hacia el mar, hacia la segunda ronda.

No importa que el primero sea el último si se disfruta como si fuera una vida entera.


Espero que aprovechéis este último día de verano todos los que podáis.

Un saludo y disfrutar de vosotros mismo como queráis y de los demás como os dejen.