martes, 5 de julio de 2016

Avance de relato: Probando.

¡Buenos húmedos días/tardes/noches!

Aquí el avance del nuevo relato: Probando. El segundo que hacemos desde la vista de una mujer.
En los próximos días colgaremos el texto completo.

Imaginad que estáis cerrando vuestra tienda de ropa y entra una persona a la que te gustaría probarle toda la ropa... y probar quitársela ;)


Probando

 

Quedan veinte minutos para cerrar. Mis dos empleadas han plegado ya, tenían una cita importante hoy y las he dejado marchar. Solo quedan dos clientas probándose ropa, con suerte cerrare a tiempo. Qué envidia, ojalá pudiera volver al momento de salir de fiesta y conocer chicos, pero ahora tengo que cuidar de un hijo y convencer a mi marido para que atienda mis carnes un poco en vez de al futbol.

—Buenas tardes — dice una serena voz desde la puerta.

Un calambre recorre mi cuerpo. Castaño, sonrisa celestial y ojos profundos. Es un chico que acaba de entrar a la tienda, vestido con una camiseta, unos vaqueros que le van un poco anchos y unas deportivas. Parece joven con su media melena y deportista por su esbelto cuerpo.

—¿Disculpe? — repite tras ver como mueve la boca varías veces vuelvo en mí, me había quedado anonada.

—Ho-hola, bienvenido — digo torpemente, hacía tiempo que no sentía estos escalofríos.

—¿Me da tiempo de probarme unos pantalones?

—Sí, sí, claro — contestó sonriente, encantada estaría de probárselos yo.

Pasa a la tienda y se pone a revisar pantalones. En el tiempo en que escoge lo miro de arriba abajo infinidad de veces y empiezo a notar cierta humedad entre mis piernas, suerte que la falda de tubo me cubre hasta encima de las rodillas o temería porque se notará la gota caer.

—¡Disculpe! — oigo gritar, desde el mostrador. El chico me mira, sonríe, y me hace unas señas hacía atrás. Me giro y veo una de las clientas que estaban en el probador. Me disculpo, la atiendo y me despido. Al girarme el chico ya no está, imagino que habrá salido sin ver nada que le interesase.

Pasan unos minutos y la otra clienta sale de probador. La atiendo y en cuanto se va cierro las puertas y me dispongo a cerrar.

Me acerco a los probadores, para correr las cortinas del todo ya que odio que queden desplegadas por poco que sea. El tercero está totalmente cerrado, lo abro y automáticamente me muerdo el labio.

Está el chico dentro, que se asusta al verme y tropieza. Se apoya en la pared para no caerse y suelta el pantalón que se estaba probando, desabrochado y mostrando sus calzoncillos rojos y el gran bulto que ocultan.

—Disculpa, disculpa — exclamo tras relamerme los labios. — Pensaba que habías marchado y estaba cerrando.

—Lo siento, he tardado prque intentaba ponerme estos pantalones y no podía… — explica, sonrojado pero sin dejar de mirarme, algo que me hace humedecerme más.

—A ver… es normal chico, déjame a mí — digo, mientras me inclino hacía el. Le veo titubear, dar un paso atrás, pero luego volverlo a dar adelante. Aprieto los brazos para que mis pechos resalten en el escote de la camisa mientras mis manos se dirigen a los botones del pantalón, colocándose lentamente y presionando, rozando sus miembros a través del grueso vaquero… —Creo que estos no son de tu talla, te los ayudare a quitar… — digo mientras le miro desde abajo, mordiéndome el labio, tras hacer un vano intento de abrochárselo. El traga aslima y asiente, pega sus manos a la pared y exhala un lascivo suspiro.

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