Aquí el avance del nuevo relato: Probando. El segundo que hacemos desde la vista de una mujer.
En los próximos días colgaremos el texto completo.
Imaginad que estáis cerrando vuestra tienda de ropa y entra una persona a la que te gustaría probarle toda la ropa... y probar quitársela ;)
Probando
Quedan veinte minutos para cerrar. Mis dos
empleadas han plegado ya, tenían una cita importante hoy y las he dejado
marchar. Solo quedan dos clientas probándose ropa, con suerte cerrare a tiempo.
Qué envidia, ojalá pudiera volver al momento de salir de fiesta y conocer
chicos, pero ahora tengo que cuidar de un hijo y convencer a mi marido para que
atienda mis carnes un poco en vez de al futbol.
—Buenas tardes — dice una serena voz desde la
puerta.
Un calambre recorre mi cuerpo. Castaño, sonrisa
celestial y ojos profundos. Es un chico que acaba de entrar a la tienda,
vestido con una camiseta, unos vaqueros que le van un poco anchos y unas
deportivas. Parece joven con su media melena y deportista por su esbelto
cuerpo.
—¿Disculpe? — repite tras ver como mueve la boca
varías veces vuelvo en mí, me había quedado anonada.
—Ho-hola, bienvenido — digo torpemente, hacía
tiempo que no sentía estos escalofríos.
—¿Me da tiempo de probarme unos pantalones?
—Sí, sí, claro — contestó sonriente, encantada
estaría de probárselos yo.
Pasa a la tienda y se pone a revisar pantalones.
En el tiempo en que escoge lo miro de arriba abajo infinidad de veces y empiezo
a notar cierta humedad entre mis piernas, suerte que la falda de tubo me cubre
hasta encima de las rodillas o temería porque se notará la gota caer.
—¡Disculpe! — oigo gritar, desde el mostrador. El
chico me mira, sonríe, y me hace unas señas hacía atrás. Me giro y veo una de
las clientas que estaban en el probador. Me disculpo, la atiendo y me despido.
Al girarme el chico ya no está, imagino que habrá salido sin ver nada que le
interesase.
Pasan unos minutos y la otra clienta sale de
probador. La atiendo y en cuanto se va cierro las puertas y me dispongo a
cerrar.
Me acerco a los probadores, para correr las
cortinas del todo ya que odio que queden desplegadas por poco que sea. El
tercero está totalmente cerrado, lo abro y automáticamente me muerdo el labio.
Está el chico dentro, que se asusta al verme y
tropieza. Se apoya en la pared para no caerse y suelta el pantalón que se
estaba probando, desabrochado y mostrando sus calzoncillos rojos y el gran
bulto que ocultan.
—Disculpa, disculpa — exclamo tras relamerme los
labios. — Pensaba que habías marchado y estaba cerrando.
—Lo siento, he tardado prque intentaba ponerme
estos pantalones y no podía… — explica, sonrojado pero sin dejar de mirarme,
algo que me hace humedecerme más.
—A ver… es normal chico, déjame a mí — digo,
mientras me inclino hacía el. Le veo titubear, dar un paso atrás, pero luego
volverlo a dar adelante. Aprieto los brazos para que mis pechos resalten en el
escote de la camisa mientras mis manos se dirigen a los botones del pantalón, colocándose
lentamente y presionando, rozando sus miembros a través del grueso vaquero… —Creo
que estos no son de tu talla, te los ayudare a quitar… — digo mientras le miro
desde abajo, mordiéndome el labio, tras hacer un vano intento de abrochárselo.
El traga aslima y asiente, pega sus manos a la pared y exhala un lascivo
suspiro.
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