viernes, 27 de noviembre de 2015

Un breve avance de la primera antología.

¡Húmedos días/tardes/noches!

Ya queda menos para la antología y vamos a adelantar el titulo, y un extracto, de uno de los relatos inéditos que irán en ella.

El titulo es, provisionalmente, Reunión de padres. En el veremos un reencuentro inesperado, una tensión sexual no resuelta y unos caracteres fuertes. Aquí os dejo un pequeño extracto ;)


Agarro sus pechos y planto mi cara en ellos, mordiéndolos, filtrando mi lengua por el sostén hasta llegar al pezón y empezando a lamerlo. Gime, me rompe los calzoncillos con las uñas y empieza a manosearme, delicadamente, la polla. Me gustaban esos calzoncillos. Muerdo la tela del sostén que agarra los pechos y estiro. Se rompe, aunque por detrás. Grita, pero le agarro fuertemente el culo mientras sigo mordiendo sus pechos. Gime, gime mucho y me masturba cada vez mejor.

—Veo que vas bien en biología.

—¿Sí, directora? — Saco la cara de sus pechos, le muerdo un labio. La beso apasionadamente. Inmediatamente bajo hacía su cuello.

—Sí. Desde luego, tienes buena materia — Me lo dice en la oreja, mi pene crece. Ella lo nota porque aprieta más con la mano y lo acerca a su entrepierna.

Le muerdo el cuello, gime. Mis manos van del culo a sus ingles y empiezo acariciar su coño a través de su pantalón. Se nota húmedo, está muy cachonda. Se estremece y ahora es ella quien me empieza a besar el cuello, a mordérmelo mientras yo cada vez aprieto más fuerte su coño.

—¿Pasamos a materias superiores?

Me mira, sonríe y flexiona sus rodillas. Pone su cara a la altura de mi polla y empieza a movérmela, golpeándose la cara con ella.

—Así, así, que sea consistente.

—Cuidado con ella, profe.

—Deja que los mayores te enseñen como se usa el lápiz.

Le da un lametazo desde los huevos hasta el capullo y empieza a golpearla contra su lengua. Varias veces y velozmente. Me gusta. Me está mirando mientras lo hace, tiene una cara muy, muy lasciva. Tras un rato jugando con ella empieza a lamerla constantemente. Desde los huevos hasta la punta y desde la punta hasta los huevos. Moviendo un poco la lengua tras cada pasada hasta que prácticamente me la ha limpiado entera. Durante ese rato solo mira mi pene, con mucha gula, y me pone. ME PONE MUCHO.

Suelto liquido pre-seminal y se escucha como se ríe tímidamente.

—¿Qué tenemos aquí? ¿Una reacción química? — Aprieta con su dedo índice el capullo, manchándose del líquido pre-seminal. Después de hacerme ahogar gemidos, por una extraña mezcla de dolor y placer, se chupa la punta de su dedo, mirándome. —Parece que la combinación es sabrosa.

—¿Quieres probar más?
No contesta. Solo se mete la polla, entera, en la boca. De buenas a primeras, sin aviso. Me agarra las piernas y va tragándosela, hasta teniendo arcadas, pero llega al fondo y con la lengua me repasa los huevos.

Las noticias irán llegando, cada vez está más cerca de ser realidad ;)

miércoles, 25 de noviembre de 2015

Je t'aime & 'ahabak.


Dos culturas diferentes, dos religiones distintas, pero eso no importa. A la hora de dar placer todos gemimos.

Da igual si es en japonés, español o árabe. Gritamos. Gritamos de placer.

El sexo no entiende de razas o etnias, sino que se lo pregunten a la cabra de mi vecino.

Aquí, sin más dilación, os dejamos el texto del que, esperamos, haya más noticias próximamente.


Je t’aime &  ‘ahabak.

Veinticuatro de Noviembre.

Otra pelea más, es la quinta esta semana. Esta la hemos ganado y no me han obligado a correr. Siete contra nueve y los hemos contenido bien, pero había algo curioso; esta vez también había musulmanes en su bando. Empiezo a creer que eso se está volviendo ya un vicio.

Desde el atentado en Francia hay mucha gente que nos mira mal. No les culpo, pero por suerte hay mucha otra que siguen sonriéndonos e incluso nos defienden.

Hace frio, apenas hay gente por la calle. Suerte de que vivo en un barrio tranquilo, sino estaría aterrorizado ahora mismo.

—Bueno tío, nos vemos mañana.

—Venga, cuídate.

—Eso tú, que has salido magullado hoy mariquilla. Saludos a tu princesa.

—Se los daré.

Se marcha mi compañero, nuestro “jefecillo”. En realidad me alivia que vivamos cerca, es alguien con quien se puede contar y de buena familia, nada de que pueda si quiera intentar llevarte por mal camino. Hablando de caminos, yo sigo el mío o moriré de frio.

Me duele la cara, creo que tengo un morado en el ojo derecho. Me ha dicho que de saludos a mi princesa, pero creo que mi princesa no va a darme tiempo a decir si quiera “’ahabak”.

Tardo cinco minutos en llegar a casa, cinco minutos en que gracias al frio apenas siento los golpes. Cojo las llaves, heladas, y abro la puerta del bloque.

—Buenas noches, querido — Me saluda la vecina, abogada, que sale junto a su marido, policía, del bloque.

—Dios mío, chico, ¿Qué te ha pasado? ¿Otra pelea?

—¿Otra? — Pregunto, desconcertado.

—El otro día vi a dos amigos tuyos peleando contra un grupo de jóvenes, pero en cuanto me vieron pararon y se dispersaron.

—¿Tan famoso es entre los maleantes?

—Entre tus amigos seguro que sí, bocazas — Se me acerca más, poniéndose frente a mí. —Me gustaría hacer más, pero sabes que ahora está todo muy complicado y como nunca denunciáis no puedo ni abrir expediente.

—Tampoco es para denunciar, estas cosas ya pasaban antes. Hay grupos que los echan de algún lado y buscan otro y, al vernos, piensan que somos de su calaña y se nos lanzan al cuello sin hablar si quiera.

—Sabe que últimamente no es así…

—Bueno, no sé qué decirte. Hasta ayer pensaba como tú pero en el grupo de hoy había un musulmán entre ellos. Empiezo a pensar que se está poniendo de moda de forma ridícula.

—¿Seguro que era musulmán?

—sí, segurísimo.

—Bueno chico, ves a ver a tu chica que seguro que está preocupada.

—Y prepárate para una buena bronca — Añade la señora mientras me guiña el ojo y se lleva a su marido del brazo.

Me despido con la mano y cierro la puerta a su paso. Subo las escaleras, hasta el tercero, y meto la llave. Abro y entro. Huele a arroz salteado con pollo y un toque de curry. También huelo una intensa spa y el sabroso pan que hace la familia de mi princesa. A ella le encanta mezclar en la cocina múltiples culturas y eso es algo que mi paladar agradecerá por toda la eternidad.

—Cariño, ya he llegado.

—¡Estoy en la cocina amor! Ven, que tengo una sorpresa para ti.

La sorpresa se la voy a dar yo. Las otras cuatro peleas no me descubrió porque en dos no me dieron ningún golpe y en las otras dos nos obligaron a escapar a mí y a otro compañero musulmán al ver que lo único que querían era descargar su ira irracional hacía los musulmanes, algo que se ha atenuado en algunas personas, por suerte en pocas, a raíz del atentado.

Miro de reojo y no creo lo que ven mis ojos. Está ahí, en delantal… y nada más. Lo que siempre le digo en cachondeo, a ver si cuela, ha colado. Lo ha hecho. Su largo cabello negro de recto flequillo, junto al cordel y cuello del delantal, es lo único que tapa su espalda. Sus nalgas y anchas caderas están destapadas. Gritan que las toque.

Gira la cabeza hacía la puerta, me ve. Sonríe pícaramente y se gira completamente hacía mí. Puedo ver los pezones de sus pechos sobresaliendo del delantal, el cual se posa sobre sus senos. Apenas le tapa su entrepierna, haciéndome rezar para que un golpe de viento lo mueva. Sí, lo sé. La he visto desnuda varias veces, pero la situación lo requiere.

—¡Cariño! — Se ha dado cuenta, no me ha dejado ni asomarme por completo — ¿¡Qué te ha pasado!? — Viene corriendo. Me pone su fría mano, casi siempre helada, cerca del ojo derecho. —Cielo santo…

—Bueno, ya te he dicho que las cosas últimamente están un poco tensas.

—¿¡Pero qué animal te ha hecho esto?

—Unos gamberros. Un grupillo callejero, nada importante.

—¿¡Como que nada importante!? Tienes un corte en el pómulo izquierdo y el ojo derecho morado.

—Vamos princesa, no es momento para eso. — La intento abrazar, pero me mira agresivamente. Se lo que significa: no te lo mereces.

—Quítate la camiseta, quiero verte.

Le hago caso. Me quito la camiseta y dejo mi esbelto cuerpo, que está en preparación para las oposiciones de policía, al aire para que lo contemple.

—¿Sigue gustándote tanto, princesa?

—Sí, pero parece que tú, tus amigos y los que no lo son estáis deseando que no sea así.

—Princesa…

—Ni princesa ni nada. Tienes magulladuras por todas partes. No es justo que te hagan esto.

—Pero entiéndelos, yo también estaría cabreado.

—Sí, pero contra los terroristas. Como lo estás por la muerte e tu amigo…. — Me quedo en silencio. Intento no pensar en ello, pero uno de nuestros mejores amigos, y que se iba a presentar a policía junto a mí, fue una víctima. —Lo siento… sé que es duro.

—Sé que lo sabes. Has estado conmigo desde el primer día.

—Sí esa noche no hubiera enfermado... —Tiembla. La abrazo. —No quiero ni pensarlo.

—Pues no lo hagas. Tuvimos suerte en nuestra desgracia. Ojalá él estuviera con cuarenta de fiebre ahora mismo.

—Sí...

Le beso la frente. Mira hacia arriba y nos besamos. Noto sus pechos en mis pectorales. Siento como se aplastan y como se fijan a la tela del delantal. Mis brazos enrollan su fina cintura y se pierden en sus nalgas. Nos besamos y dejamos nuestros labios pegados durante unos segundos. Nos separamos. Sonrío.

—Eh, ¿Ya permite tu dios esto?

—Querida, mi religió dice que os tratemos como a princesas y ese es mi objetivo en la vida contigo.

—idiota. — Sonríe. Hemos pasado el mal rato. —No creas que no estoy enfadada, pero la comida es prioritario.

—Me parece genial, vengo muerto.

—Será que te han molido a palos.

—Eh, que yo he dado más que he recibido.

—No te voy a felicitar por ello. Ves a lavarte, anda.

Se vuelve hacía los fogones.

Yo me marcho hacía la ducha. Me desvisto, me miro al espejo y veo alguna que otra magulladura. Me toco la zona de las costillas, me presiono. Duele. Si mañana no se me pasa debería ir a mirármelo, solo por si acaso.

Abro la ducha y me pongo bajo del roció del agua. Caliente, como a mí me gusta. Me enjabono y me aclaro. Después me pongo el champú en el cabello y hago lo mismo. Pasan unos minutos pensando. Ahora no se nota tanto, pero los primeros días tras el atentado fue muy duro salir a la calle y ver todos los rostros tristes y de enfados. No sé cual tenía yo, quizá un poco de ambos. Por mi amigo fallecido, por la suerte que yo tuve y por la impotencia que sentía.

¡DIOS!

Agua helada. Señal de que la comida ya está hecha. Salgo rápido de la ducha y me seco con la toalla, pelo incluido. Me visto y voy hacía el comedor.

Hoy me tocaba montar la mesa, pero ella lo ha hecho por mí. Le debo una.

Ella está ahí, solo con el delantal. Me costará comer así.

—Disculpa por no monta la mesa.

—No te preocupes, mañana me comprarás bombones.

—¡Eh! Eso es trampa.

Me saca la lengua y me guiña el ojo.

—¿Ya podrás comer así?

—Lo intentaré al menos.

—Podríamos empezar por los postres, ¿No?

—Podríamos — Cojo una cucharada de arroz y se la doy. Unos granos caen y se filtran por su canalillo. —Vaya, que torpe.

—¿Yo o tú?

—Los dos — Le guiño el ojo y la beso.

Dejo la cuchara y aferro mis manos a su cintura. Ella se agarra a mi cara y mi espalda. Nuestras lenguas e entrelazan. La mano de que tiene en mi cara baja acariciándome el cuello a la vez que desvía sus labios hacía éste, no sin antes morderme el labio. Me pasa la lengua por la artería bien marcada y me muerde. Le encanta, le pone que se vea tanto. Empieza a besarme y sus manos me intentan quitar la camiseta, pero tarda en darse cuenta de que no podrá quitarla mientras me besa.

—Fiera, calmate.

—Claro, tú tienes casi todo el trabajo hecho.

—¿Sí? ¿También tengo la lubricación hecha?

—Compruébalo.

Me sube la camiseta hasta taparme la cara y se aleja de mí. Me la quito y la beso sentada en el sofá, con las piernas abiertas pero el delantal cayendo entre ellas. Se muerde el dedo índice y se lo lame mientras me mira el paquete, hinchado por su culpa.

Me pongo a cuatro patas y gruño, le encanta. Me acerco lentamente y llego al delantal. Lo aparto con la boca y meto mi cabeza dentro, quedando tapada por él. Miro arriba y veo sus pechos bien puestos, aguantando lo único que lleva encima con unos pezones bien afilados. Al frente tengo su almeja, mi cueva del tesoro, el mar donde me encanta perder el bote y está caudaloso. Rasurado casi por completo, dejando unas líneas finas de pelo que lo rodean paralelamente.

Le doy un beso, luego otro y otro… cada vez apretando mis labios más con los suyos, hasta que gime. En ese momento empiezo a pasar la lengua como un perrito cuando bebe leche en un cuenco, pero más lentamente. Que la punta pase por sus labios de arriba abajo y profundizando un poco más en ellos con cada pasada. Cuando tengo la punta de mi lengua empapada empiezo a acelerar mientras empujo con mis labios y dientes los suyos, para abrirlos, mientras mis manos acarician sus piernas y masajean su culo.

Ella se inclina un poco, hacía atrás, alzando las piernas y gimiendo por un bocado que se me ha escapado en su coño.

—¿Te gusta el entremés?

—Quiero pasar al primer plato ya.

Dicho y hecho. Empiezo a lamerle velozmente, con toda la superficie de mi lengua y, entre lametones, presionando con ella para aplastar el clítoris. Mis manos dejan su culo y le desatan el delantal. Ella se lo quita, lo tira por ahí. Mi lengua acelera y ella acaricia mi cabello. Mis manos van hasta sus pechos, pero pasan de largo y llegan a su boca. Me los chupa, todos, dejando bastante saliva en ellos, y yo los bajo inmediatamente para lubricar sus senos y, concretamente, sus pezones.

Aprieto, retuerzo y masajeo tanto sus pezones como sus pechos a la vez que golpeo su clítoris con mi lengua. Lo agarro con los dientes, lo mordisqueo, lo succiono. Ella gime y parece que vaya a arrancarme el cabello.

Una de mis manos baja desde los pechos y empieza a acariciarle el coño a la vez que me pongo más agresivo con la lengua y los dientes.

—Sí, sí — No deja de repetirlo. —Más, por favor. Más. — Gime y gime.

Inserto mi dedo índice y corazón en su coño y muerdo más suavemente el clítoris pero paso la lengua más brutalmente. Ella gime y gime, cada vez más. Me separa la cabeza, muy bruscamente, de entre sus piernas.

—Pasemos ya al primer plato.

Me levanta ella sola. A veces me pregunto de dónde saca la fuerza.

Me besa, muy apasionadamente, mientras me desabrocha los pantalones. Me los baja y rápidamente se estira en el sofá, pero lo justo para poder quedarse a la altura de mi pene. Empieza a lamerlo, a masturbarlo. Gimo y procede a metérselo en la boca. Empieza a lamerlo velozmente, pero con suavidad. Con la lengua golpeándome el capullo y la mano moviéndomelo cómodamente. Me sale el líquido pre-seminal. Se saca la poya.

—Mmm, me gusta. Vamos, dame el segundo plato — Se estira y se acomoda. Una pierna por la cabecera del sofá y la otra con la punta del pie apoyándose en la alfombra. —Vamos, que se te va a enfriar la comida que te he dado.

Me pongo frente a ella y coloco mi polla en posición. Empujo, la penetro. Empiezo a follarla estando de rodillas y levantándole el culo cogiéndole la pierna. Acelero, gime, gime mucho. Finalmente me estiro sobre ella y empiezo a besarla. Ella cruza sus piernas sobre mi espalda y empieza a mover las caderas sincrónicamente conmigo. Bajo mi boca a sus pechos y los empiezo a lamer. A chupar. A succionar. A Morder. Me encantan, los adoro. Mulliditos, blanditos y suavecitos.

—Sí, dame cariño, dame.

Acelero. Me gime en la oreja y me pongo más. Empiezo a gemir yo también y me separo un poco de ella, para coger más velocidad. Ella me agarra con sus manos y lleva mis labios a los suyos. Nos besamos apasionadamente. Acelero más. Me queda poco, ella lo nota. Me muerde fuerte el labio. Paro.

—Ah….

—Lo siento cariño, pero ese es mi postre.

—Sí… pero antes cogeré el mío.

La he sorprendido, no suelo hacerlo primero. Saco mi polla y me separo rápidamente de ella. Voy a su entrepierna y meto la cabeza velozmente. Abro sus labios con una de mis manos y empiezo a lamer salvajemente mientras con la otra mano penetro su coño con mis dedos. Sus rodillas presionan mi cabeza y mi lengua se pierde entre su clítoris, golpeándolo por todos lados, mientras mis dedos no dejan de acariciar esa  parte rugosa dentro de su coño. Gime, gime cada vez más y a cada segundo que pasa temo por mi carneo. Se corre. Se corre mientras grita mi nombre. Parece que podría hacerle cambiar hasta de religión ahora, pero seguro que ahora me tocará pasar a mí por ese extraño trago. Mi cara se empapa de sus flujos vaginales, de su corrida. Separo, con viscosidad, mi cabeza.

Me levanto, cojo una servilleta de la mesa y me limpio. La escucho jadear. Me giro, me sorprende. Está de rodillas frente a mí. Mi polla le golpea en la cara pero ella se mueve con la boca abierta y se la mete dentro rápidamente. Empieza a chupármela. Me la mordisquea, me succiona el capullo. Con la lengua me rodea todo el pene mientras su mano no deja de moverlo. Voy perdiendo fuerzas y me queda poco.

Agarro su cabeza y, en ese momento, acelera y se la mete y saca casi entera, varias veces, haciendo que el capullo de mi pene choque, primero contra su lengua, y luego contra su campanilla. Me corro. Empiezo a correrme pero ella no para. Sigue masturbándomela mientras traga, no se le escapa gota. Dejo de soltar a presión tras varios gemidos pero ella sigue con mi polla en su boca. Succionando, lamiendo, limpiándomela.

—¿Te ha gustado el postre, princesa?

Me mira, con mi polla aún en su boca, y asiente con la cabeza. Tras unos segundos más de limpieza se la saca y se levanta.

—Me ha encantado querido — Me besa la mejilla.

—Me alegro. ¿Aún tienes hueco para la cena?

—Estará fría, ¿no? ¿Te hace unas pizzas?

—Pero lo has preparado, me sabe mal.

—Te lo llevas mañana a la academia y presumes de mujer.

Sonrío. Es mi tesoro y luchare contra los que tienen mi religión por bandera, contra los que la odian y contra los que no tienen ninguna así como contra todo el que pueda poner en peligro lo que más quiero por culpa del terrorismo que usa cualquier excusa para delinquir.

—Sabes, cariño.

—¿Qué?

—No puedo entender lo que está pasando. No logro meterme en el pellejo de aquellos que llegan, de los que se van y de los que luchan entre ellos. Pero solo sé que no quiero que nada me separe de ti.

—Y no lo harán. Los terroristas van a parte de nosotros y aparte de todo el mundo. Lo hagan en nombre de quien lo hagan solo lo hacen por ellos, solo por falacias. Los medios confunden, no digo que aposta, y hacen que la gente influenciable pueda tener unas reacciones u otras, pero ya sabes que la mayoría de gente es racional. Nuestros vecinos: la abogada, el policía, el portero e incluso el señor mayor que lucho hace años contra el terrorismo me vinieron a abrazar, para que no me sintiera fuera. En el grupo igual y, en la academia, vino mi profesor y me dijo que tenía muchas esperanzas en mí.

—‘ahabak, querido.

—Je t’aime princesa.

Espero que os haya gustado.
Húmedos días/tardes/noches.

martes, 24 de noviembre de 2015

En breve nuevo relato.

Antes del fin de semana os prometimos un relato un poco distinto, un poco especial por todo lo que está sucediendo alrededor del mundo...

Bien, ha habido cambios, ha habido discrepancias en como enfocarlo pero, finalmente, ya está casi listo para que se os muestre.

También estamos mirando la posibilidad de publicarlo de forma gratuita en playstore y amazón, por eso tardando un poco más de lo habitual, entre otras posibilidades.

Hoy lo tendréis y habrá noticias respecto a su posible publicación gratuita en otros medios, pues creemos que será un relato digno de compartir.

viernes, 20 de noviembre de 2015

Aprended de un corazón borracho.

¡Húmedos días/tardes/noches a todos!

Ya sabéis, por todo lo que está pasando al rededor del mundo, que los prejuicios están más marcados que nunca pero, pararos a pensar.

Recordad esos viernes/sábado noche de fiesta, baile, alcohol.

Cuando os gusta alguien, cuando os lanzáis, cuando se lanzan a vosotros... Ese momento en que solo pensáis cuanto os pone y lo mucho que queréis bailar, llamémosle también refregaros con el/ella, así como, unas copas juntos después, pasáis a pensar en todo lo que le haríais.

El amor borracho no para a pensar en el dinero ni en el origen. Piensa e lo mucho que queréis comer su boca, destrozar en la cama o agotar en la pista de baile.

Recordad, estad borrachos de amor por el sexo y seréis más felices. Hacedlo ;)


Aprovecho para decir que mañana, si no pasa nada, habrá nuevo relato y, además, estamos preparando un relato especial con el que planeamos, quizá, dar nuestro primer paso antes de que en Diciembre publiquemos nuestra primera antología.

¡Saludos! ;)

miércoles, 18 de noviembre de 2015

Detalles.

¡Humedos días/tardes/noches!

Los detalles... sea como sean.

Un regalo...
Un gesto...
Una frase..

Los detalles siempre gustan.

Un vale para el polvazo de la noche.
La señas de que vas a hacerle/a gemir durante todo el día.
"Voy a comerte entero/a"

Estás cosas gustan, siempre, hasta cuando no vienen a cuento agradan a uno/a aunque al principio mostremos enfado.

Hacedlo ;)

martes, 17 de noviembre de 2015

Moldes de cera.


¡Húmedos días/tardes/noches!
 
Hoy os traemos un relato un poco diferente. Hemos leído como se aguantan varias rondas, ya sea con ayuda o sin, pero no siempre será así...
Una chica/o que te gusta. un cliente con una petición especial. Un trio que no esperas y que te va demasiado grande...
 
Moldes de cera.

Un día más haciendo velas. De varias formas, con varios modelos. Me han llegado a pedir cosas muy surrealistas y hasta usarse a sí mismo de moldes. Es una profesión curiosa.

Mi compañera de trabajos es despampanante. Cabello largo, rubio, con ojos azules y cejas finas casi doradas. Nariz pequeñita y respingona, además de unos labios finos y boca estrecha. Su cuello parece frágil de lo fino que es y sus hombros hacen una curva perfecta. Brazos largos, algo delgados, con unas manos maravillosas: siempre coloradas por trabajar con la cera caliente. Cintura de avispa que contrastan con unos pechos grandes; no enormes, pero sí grandes. Culo respingón, de caderas pequeñas, haciendo una forma casi perfecta a la que le sigue unas piernas largas y preciosas. En verano fue una tortura trabajar con ella ya que siempre estaba empalmado solo por mirarla.  De hecho alguna extranjera bromeó conmigo sobre unos moldes que querían hacer de mí. De ese tipo también se lo decían a ella, a lo que tengo entendido que alguna vez incluso aceptó.

—Hey, apenas me has hablado hoy desde que hemos llegado y queda poco para cerrar — Normal que no le haya dicho nada. Estamos en invierno pero hoy vas más sexy incluso que en verano. Una sudadera fina con un corito con orejas. Unos pantalones de pitillo que le marcan perfectamente el tanga y unos botines con pelo. Poco maquillaje, como siempre se pone, y unos labios rosas y sombra de ojos del mismo color, añadiendo pequeños brillos. Nunca la había visto tan guapa, querría hacer un molde completo de ella. —¡Hay!

—Perdona, estoy un poco ido. — La miro un momento y los ojos se me van, es imposible que pueda hablar con ella sin darle un repaso.

—Sí, ya se ve donde se te ha ido toda la sangre — Mierda. Estoy totalmente empalmado. ¿Se ha dado cuenta? —Que mono poniéndote rojo, pero no quiero saber en qué estarías pensando un pervertido como tú.

Llegados a este punto de perdidos al rio.

—Es culpa de la jefa, por poner compañeras tan sexys.

—¿Así que te parezco sexy? — Posa como si le estuvieran fotografiando mil cámaras, idiota sensual. —¿Quieres practicar moldes conmigo, cariño? — Me guiña el ojo y pone morritos.

Me quedo un segundo sin habla, pero no tardo en reaccionar a la broma y se la sigo.

—Hombre, tendré que practicar mucho para hacer un molde tan perfecto como tú. Además, tiene que quedar idéntico para que luego vaya a juego con el que hagas de mí — Me acerco y la cojo de la cintura. —¿Cuándo empezamos, cielo?

—Si hay que hacer uno de ti quiero empezar por ese —  Sonríe y me coge de la cintura. —Que veo que tienes todo el cuerpo preparado para ello —Me baja la mano por delante del pantalón. Roza mi pene y se abre la puerta de la tienda.

Nos exaltamos, nos separamos. No esperaba eso. Estoy rojo como un tomate. La miro y me guiña el ojo mientras me saca la lengua.

—Buenas tardes.

—Ho-hola, buenas tardes — Contesto nervioso.

—¡Buenas tardes! — Mi compañera, sin embargo, contesta con una sonrisa en la cara. —¿Qué desea?

—Verá, quería pedir unos moldes.

—Vale, como gusté. ¿Cuáles son?

—Veréis… son un poco especiales.

La chica se sonroja.

Ahora que me fijo es bastante mona. Pelo muy corto, con el peinado de un chico, pero con un color platino muy bonito. Ojos azules y de tez blanca, pálida. Nariz pequeña, como su boca, y de labios finos. Algunas pequitas por la nariz y los mofletes. Viste una camiseta de manga larga y parece tener poco pecho. Es delgada, aunque tiene algo más de cintura que mi compañera, y piernas finas con un pantalón tejano ajustado. De calzado unas bambas anchas, negras.

—Bueno, dinos como son y vemos que vamos a hacer.

La chica se acerca al mostrador y acerca la cabeza.

—Quiero unos moldes de mis pechos.

Nos sorprendemos al principio. No por la petición, sino porque no entre en el perfil de quien suele pedírnoslo.

—No es nada raro mujer, no te avergüences — Mi compañera lo dice entre risas. —Yo mismas me los he hecho — Ahora quien está sorprendido soy yo. Sabía que se lo habían propuesto y que alguna vez había bromeado con hacerlo, pero no que se lo había hecho. —¿Quieres pasar conmigo atrás y hablamos del tema?

—Sí, gracias.

—¿Te quedas al cargo? Si necesito ayuda ya te llamo, no te preocupes — Me guiña el ojo y me saca la lengua. Sabe perfectamente que quiero ver sus pechos, estoy seguro.

—Claro, no te preocupes.

Se marchan a la sala de atrás, donde hacemos todos los moldes que nos piden y, a su vez, usamos de almacén.

Pasan unos minutos en los que solo escucho cuchicheos y algunas risas. Mi mente está imaginando perversiones entre las dos mientras se manosean enteras antes de hacerse los moldes. Es como si el mundo exterior hubiera dejado de existir, ya que apenas escucho el barullo de la calle por lo concentrado que estoy en lo que me hace estar empalmado como si estuviera viendo una porno. Además, el que no entre nadie también ayuda a que me olvide de lo de fuera.

—Oye, con la hora que es ves cerrando ya.

—¡Vale!

—Y nos vienes a echar una mano, que tenemos unas dudas.

Seguidamente a eso se escuchan risas. Me da curiosidad.

No tardo en cerrar, pero esta vez echando la llave por dentro en vez de por fuera como solemos hacer. Apago las luces principales, hago caja, guardo las cosas y me dirijo al almacén.

—¡Has tardado muchoooo! — Alarga la “o” mientas me guiña el ojo.

Están las dos ahí frente a frente, sin camiseta, sin sujetador y con los pechos aplastándose entre ellos. —¿Qué pasa, no te gusta la imagen?

—N-n-no es eso…

La chica de cabello rojo está algo colorada, pero no deja e mirarme. Mi compañera no puede esconder la risa. Estoy colorado, empalmado y con ganas de saber qué demonios está pasado. No, miento, no quiero saber que ha pasado sino que va a pasar ahora que tengo esos cuatro pechos delante de mí.

La chica de pelo corto, como pensaba, tiene los pechos pequeños, pero muy firmes y redondeados. La verdad es que su mirada avergonzada y su cara sonrojada, sumando sus pechos al aire, me ponen mucho. A eso le añades los exuberantes pechos de mi compañera chocando con los otros. La sonrisa picarona y mirada perversa de la rubia y me es imposible ocultar mi entrepierna ya que mis manos se van automáticamente a ella, en un intento fallido de acomodarla.

—Creo que le ha gustado la imagen.

—Eso parece.

Se ríen las dos, parece que se burlen de mí.

—¿Qué queríais?

—Verás. Ella al notar el tamaño de mis pechos me ha intentado convencer de que los miso son mejores para el molde.

—Pero ella insiste en que los míos están bien.

—¿A qué tengo razón?

Me quedo en blanco unos segundos.

—Esto… bueno… los dos…

—Va, ven a tocarlos y así lo compruebas — Me vuelve a guiñar el ojo mi compañera. Me muerdo el labio. Ella saca la lengua. —A ella no le importa, de hecho hemos estado hablando y quiere que le digas cuánto vale como molde, señor tasador — La miro inmediatamente, se sonroja y medio sonríe. ¿Señor tasador? ¿Qué diablos se ha inventado ya? —Como nos hagas esperar más… —Su tono se ha vuelto muy sensual y lascivo — Vas a tener que calentaros.

Me acerco a ellas. Se separan, se ponen frente a mí. Los pechos de mi compañera botan un poco al separarse de la presión que le hacia los de la clienta.

—¿Cuál probarás primero?

—Antes quiero saber que le has dicho — Se inclina hacía mi mientras se muerde el labio. —¿Tasar?

—Que eres un experto tasando el cuerpo de una mujer — Me acaricia con una mano el pene, que está totalmente grueso por su culpa. —Sobre todo cuando usas la varilla de tasar. — Me besa la mejilla y vuelve a ponerse recta.

Ya está. Hecho esto tengo casi carta blanca para manosearla entera, al menos a ella. El tonteo que hemos tenido durante el verano ha dado sus frutos y al fino podré probar ese cuerpo que me ha vuelto loco estos meses.

—Empezare por ti, ya que eres quien ha tenido la idea. ¿Os parece bien?

—Por mi encantada.

—Sí, mientras luego me digas cuanto valgo…

La chica no deja de sorprenderme y está más roja que antes. Imagino que ha visto como me ha manoseado y, junto a lo que ha dicho, se habrá puesto cachonda o al menos eso espero.

—Por supuesto, te lo diré — No me mira, pero sonríe. Me acerco a mi compañera y me pongo frente a ella. —A ver si realmente sirven para un molde — Tiene unos pezones grandes, redondos, y parecen muy duros. Sus pechos parecen blandos y esponjosos. Levanto las manos y las acerco lentamente pero, antes de que los toque, ella mi agarra la polla por encima del pantalón y me lame la oreja.

—Aprovecha para medir bien cuanto valgo, quiero que me digas hasta el último céntimo — Me susurra y seguidamente me muerde el cartílago superior de la oreja mientras mientras ahoga un sonido de placer.

No digo nada, simplemente pongo mis manos en sus pechos. Sus pezones asoman entre mis dedos, los cuales amasan sus dos tetas como si fueran cojines. Empiezo a tocarlas, a acariciar sus pezones y pellizcarlos suavemente. Aparto mi vista un momento de esos enormes senos y miro la cara de mi compañera. Tiene los ojos clavados en mí mientras respira fuertemente con la boca abierta, pasándose la lengua por sus labios.

—Indaga un poco más… — Me estampa la cara contra sus pechos, hundiéndomela en ella. Respondo con un mordisco. Gime. Aparta sus manos sobre mí, respiro, vuelvo a morder, gime otra vez. Paso mi lengua por sus senos, mientras se los espachurro. — Así, muerde sin miedo — Lo hago, gime. Muerdo su pezón, lo aprieto con los dientes y lo golpeo con la lengua, gime más y su mano pasa a masajearme el pene. Una de mis manos baja por su cintura y va hasta su culo respingón: su precioso culo. Lo palpo, lo agarro fuerte. Ella me desabrocha el pantalón mientras gime por mis mordisqueos y lametazos. Se enreda un poco en el pantalón. Tiene cinco botones en vez de cremallera y, tras sacarme el segundo, opta por tirar con las dos manos para desabrochármelo. —¿Pensaba que esto te iba a salvar?

—Esperaba que no, querida compañera — Aparto mi cara de sus pechos y la miro. Me devuelve la mirada, me sonríe y saca la lengua. Lanzamos nuestras bocas una a por la otra y empezamos a besarnos. Con una mano le acaricio el cabello rubio mientras que la otra se mete por su pantalón para palpar sus nalgas pobremente protegidas con un tanga. Sus manos, sin embargo, ya están en mi polla. Nos exaltamos. Una mano fría toca su mano y mi polla, nos habíamos olvidado. Cuando miramos abajo vemos a la chica de cabello corto y como se mete mi pene en su boca. Nos mira desde abajo mientras empieza a chupar. Para.

—Os he llamado la atención un par de veces, pero no escuchabais y os ibais poniendo más cachondos así que he decidido ponerme a tasar yo. — Lo ha dicho lentamente, con vergüenza, sonrojando, pero no ha tarado ni dos segundos desde que ha acabado de hablar hasta que me ha empezado a comer, de nuevo, la polla.

Gimo. Mi compañera aprovecha para seguir besándome y para quitarse los pantalones y las bambas. Esta solo con el tanga y en calcetines. Está buenísima. La chica de pelo corto sigue chupándomela, lentamente pero pasando la lengua por toda mi polla, mientras me mira muy inocentemente a la ve que acompaña la mamada con la mano, ya no tan fría. Me pone, me pone mucho. Mi pene no deja de palpitar.

La mano que tenía en el culo de mi compañera pasa a acariciar su coño. La filtro entre el tanga, ya muy húmedo, y empiezo a meter el dedo entre los labios inferiores. Acaricio el clítoris, lo aprieto, gime.

Mi compañera me muerde la oreja, luego desliza la lengua hasta mi cuello y empieza a mordisqueármelo a la vez que la chica de pelo corto empieza a mordérmela también, con mordiscos pequeños pero constantes. Gimo, gimo mucho.

—Déjame algo para mí — Mí compañera se arrodilla y se pone junto a nuestra clienta, quien se saca mi polla de la boca. Me miran las dos, mi amiga sonriendo con la lengua fuera, no puede ocultar su emoción. Mi polla palpita entre sus manos que me masturban y seguidamente empieza a pasear su lengua por mi pene. —Chupa tú también, ayúdame — Le hace caso. Empieza a lamer ella también. Chocan sus lenguas mientras las entrelazan en mi polla. Se besan mientras me chupan el capullo. Mi compañera empieza a mamar en solitario y la chica de pelo corto se levanta y pone a mi lado.

—¿No ibas a tasar mi cuerpo? — Se baja los pantalones y se descalza. Luego, muy sensualmente, se baja las bragas y me mira, cabizbaja, sonrojada —Soy toda tuya.

Mi polla palpita, mi compañera lo nota y empieza a mamármela más. Agarro a la chica de cabello corto por la cintura y empiezo a besarla. Me devuelve el beso inmediatamente. Nuestras lenguas luchan mientras mis manos empiezan a acariciarle sus pechos y su coño. Está aún más mojada que mi amiga y mis dedos se filtran sin quererlo en su coño, penetrándola y haciendo que pare de besarme, para gemir. Mi boca se traslada a sus pechos, donde empiezo a mordisquear sus pezones y bajo la otra mano al coño también, para acariciarle el clítoris mientras la penetro.

La chica empieza a gemir, gime mucho y no deja de lubricar. Mi amiga deja de mamármela y pasa su boca al coño de la clienta. Empieza a lamerle el clítoris. Mientras yo le abro los labios con una mano mientras sigo penetrándola. Ella gime, gime mucho. La posición es algo incomoda, pero se vuelve aún más retorcida. La clienta empieza a masturbarme cuando mi compañera empieza a mordisquearle el clítoris. Tras unos segundos, con la mano que tiene libre, me sube la cabeza y me besa. Gime ahogadamente mientras nuestras lenguas chocan, se estremece, se tambalea. Se corre.

—Dios…

—¿Te ha gustado el tasador?

—Y tú también, tasadora.

—Pues aún queda un plato fuerte.

—Chicas, no sé si aguantaré mucho más. Me ha puesto mucho y no esperaba que esto pasara…

—Bueno, pues entonces saquemos otro tipo de cera, ¿Te parece?

La clienta asiente con la cabeza y luego me mira. Sonríe, aprieta los labios y luego se los muerde.

Las dos se arrodillan y empiezan a mamármela. El ritmo lo lleva mi compañera, que me agarra el pene con la mano, mientras las dos van lamiendo y se turnan para chuparla entera unas cuantas veces. Pasan  cinco minutos y empiezo a estremecerme. Mi amiga toma mi polla y empieza a chupármela rápidamente. Empieza a salir y veo como se la saca y sigue moviéndomela mientras las dos esperan bajo el capullo, con la boca abierta y la lengua fuera: mirándome. Empiezo a correrme y los primeros disparos manchan sus caras para luego empezar a dejar caer sobre sus lenguas el semen. Oigo como se lo tragan e, inmediatamente, empiezan a lamerme para limpiarme.

—Está riquísimo.

—¿Verdad que sí? Ya te he dicho que tiene una buena varilla.

Me la dejan impecable. Se levantan y empiezan a besarse entre ellas, luego me besan a mí y empezamos a manosearnos durante un rato. La chica para, se viste y se despide.

—Pásate mañana a esta hora si quieres el molde.

—Vale, me lo pensare.

Le acompañamos a la puerta, se la abrimos y después mi amiga cierra por dentro. No creo que quiera irse sin que le dé el premio gordo…

lunes, 16 de noviembre de 2015

La sinuosidad

Hola huemdos/as lectores.

La sinuosidad puede ser una de las formas más divertidas de probar terreno ante una persona que te atrae, ya sea mental o físicamente. (sí, divertidas. de esas que te dan ganas de seguir, de ver hasta donde llegan)

Entrar en el juego, mover las fichas y, sobretodo, hacer que la otra persona también quiera jugar, quiera mover ficha, quiera ganar y que, sobretodo, no le importe si llega a perder.

Una palabra, una invitación, un gesto. Premeditaciones de acciones que llevarán a otra, aunque de esto hablaremos en otro momento ;)

P.D: Entre hoy y mañana habrá el nuevo relato y un anticipo de uno de los textos inéditos que se publicarán en el libro ;)

sábado, 14 de noviembre de 2015

En breves nuevo relato.

¡Hola!

¡Humedos días/tardes/noches!

en breves habrá un nuevo relato, cuyo titulo provisiona es "Moldes de cera"

Imaginar trabajar en una tienda de velas... con un/a compañero/a que te pone a mil y que, de pronto, debáis hacer un molde con cierta parte de su cuerpo...

El ardor está servido ;)

viernes, 13 de noviembre de 2015

Siempre, mostrar lo mucho que os ponen siempre.

Pero no de l misma forma.

Sed sutiles, salvajes, brutos, como queráis. Pero variarlo.

Que sea constante pero distinto.

Eso gusta. tanto a ella como a el.

 Si veis que una forma gusta en concreto abusad más de esa que de otra, sino gusta prescindir pero, sobre todo, hacedlo. Y recordárselo cuando lo hagáis, ya sea devorándole con ganas, diciéndoselo a las orejas o azotando. Como queráis, pero hacedlo.

Húmedos días/tardes/noches ;)

jueves, 12 de noviembre de 2015

¡Ay la madre!

¡Humedo/as días/tardes/noches!

Ir a estudiar, que te ponga mucho tu compañero/a de estudio y que te quites el primer calentón con...

Aquí os dejo este nuevo relato y recordad lo que hemos anunciado hoy aquí.

Sin más os dejamos con esté relato que espero que os complazca.


¡Ay la madre!

Doce de Noviembre.

Empezamos la recta de exámenes de final de año.

Es, junto a los exámenes finales, una de las peores épocas para todo estudiante pero tiene su lado bueno: quedar con quien te gusta para estudiar.

Eso me ha pasado a mí, ya que soy bueno en las asignaturas que a ella se le dan mal y ella lo es en las que a mí no se me dan bien.

Además llevamos un mes tonteando por mensajes e incluso nos subimos de tono y mandamos alguna foto que deja poco a la imaginación. No digo que vaya a lograr hacérselo hoy, pero es muy probable que demos un paso.

Llego a la casa, de dos plantas. Pulso el timbre.

—¿Diga?

Es una voz adulta, femenina, imagino que de la madre.

—¡Mama es para mí, abre!

No me ha dado tiempo a contestar.

Se escucha como cuelgan el telefonillo y oigo unos pasos acercarse a la puerta. Abren la puerta manualmente.

—Lo siento, es que no lo tenemos automático. Perdona la espera.

Su madre asoma por la puerta. Parece alta, aunque lleva botas. Cabello negro, ondulado, que le llega por debajo de los hombros. Ojos negros con la raya pintada y pestañas largas. Lleva maquillaje que le tapan todas las arrugas y los labios pintados de rosa con brillos. La cara la tiene redondeada y lleva varios pendientes en las orejas, que las tiene al descubierto. Viste una blusa negra, hasta las rodillas, que destaca sus enormes pechos de madura,  con pezones incluidos, pero también deja ver las curvas que ha ido acumulando con los años. Aun así es de muy buen ver. Ancha de caderas y con piernas firmes, esbeltas.

— Perdona mi imagen. No sabía que venía visita y me he puesto lo primero que he pillado.

—No sé preocupe — La verdad es que me encanta. Se le marca los pezones y se pueden apreciar muy bien sus enormes pechos.

—¿Eres el amigo de mi hija?

—Sí, así es.

—¿O más que amigo? — Me guiña el ojo. No sé decir, me pongo nervioso.

—¡Mama!

Aparece su hija por detrás. Cabello negro y corto, con dos coletillas. Cara fina con unos ojos sin fondo también negros. Cejas recortadas y una lisa y perfecta piel. Boca pequeña, labios brillantes y suculentos. Viste el un pijama. Azul celeste, con botones en la camiseta. Tampoco lleva sostén ya que se le marcan los pezones de sus pequeños pechos. El pantalón es ancho y sus zapatillas de conejo rosa son adorables.

—Bueno, viendo a mi hija ya no tengo que disculparme por mis pintas.

—¡¡¡Mama!!! — No puedo evitar reírme. —¡Va, vamos a mi habitación! — Pasa por al lado de su madre y me coge la mano. Me arrastra. Tiene la mano suave, y muy esponjosa pese a estar tan delgada.

Subimos las escaleras y llegamos a su habitación.

—Perdona, mi madre es muy pesada. Siento si te ha incomodado.

—No, no, tranquila. Además la situación de verte en pijama con los mofletes hinchados y mosqueada ha sido adorable.

—¡Oye! — Me tira la almohada. Nos reímos. —Anda ven.

Se sienta en la cama y me invita a estar en ella. Dejo la mochila a los pies de ésta y me siento. Hablamos durante un rato sobre los exámenes, pero pronto empezamos a bromear y hablar de otros asuntos, llegando a las indirectas.

—Te voy a dar un tortazo… — Me la deja a huevo, es inevitable contestarle.

—Yo sí que te voy a dar.

—¿Tú? Ui sí.

—Muy fuerte te voy a dar a ti.

—¿Sí? ¿El qué? — Sonríe, se pone de rodillas y se desata las coletas. —¿Qué vas a darme? — Me guía el ojo.

—¿Quieres verlo?

—Como me des muy fuerte con este calor me da algo — Se desabrocha los tres botones de la parte de arriba del pijama, pudiéndose ver el canalillo. Luego pone las manos en la cama, muy cerca de mi entrepierna y acerca su pecho y cara, sonriendo. —¿Qué miras, pervertido?

—Sí que hace calor, sí — Estoy muy puesto. Acerco mi cara también y ella roza mi paquete con sus manos.

Se abre la puerta, entra su madre y nos asustamos. Ella también se asusta y tira un bocata que llevaba en la bandeja al suelo.

—¡Disculpad! ¡No era mi intención interrumpir!

Deja la bandeja en el escritorio y se gira, espaldas a nosotros, para agacharse a coger el bocadillo que se le ha caído. Puedo ver su coño, al completo. No lleva bragas, está húmedo. Me pongo muchísimo más.

Se marcha, mi amiga suspira y se aparta.

—¿Por dónde íbamos?

—Disculpa, ¿puedo ir al baño?

—Claro, pero no hagas guarradas.

Me rio entre cortadamente. Me ha visto las intenciones. O me pajeo o peligro con lo que ha pasado y he visto.

—¡Idiota!

Le tiro la almohada.

—Está abajo.

Salgo de la habitación y bajo las escaleras. Paso por un pasillo y, antes de llegar al baño, escucho unos ruidos que vienen de una habitación que esta entreabierta. Me asomo, silenciosamente, aunque no sirve de mucho porque la puerta chirría.

Es la habitación de la madre. Está ella, sobre su cama, desnuda metiéndose un consolador y tocándose las tetas. Me ve de pleno mirándola y viendo cómo mi mano se va directamente a mi pantalón.

—¡Lo siento, no quería!

Se levanta rápidamente, dejando el consolador en su coño, y viene corriendo hacia mí. Me estira para dentro de la habitación y me tapa la boca con una mano mientras cierra la puerta, con pestillo. Tiene la mano húmeda, con sus flujos vaginales por sus dedos. Huele fuerte, me pone mucho.

—Shh, no grites — Contestó que no con la cabeza mientras mis labios se empapan. — Mi hija no puede enterarse de esto, ¿De acuerdo? — Asiento con la cabeza pero ésta ya no raciona lo bien que quisiera. Saco la lengua para lamer sus dedos y me pongo mucho más. Ella me mira sorprendida pero no dice nada. Mueve la mano para introducir uno de sus dedos sobre en mi boca, para que lo saboreé bien. —Oye, ¿Crees que podrías ayudar a la madre? Ya que has venido a ayudar a mi hija a estudiar podrías ayudarme a mí con esto — Pone mi mano sobre el consolador y yo empiezo a moverlo. Se estremece. —Lo tomare como un sí, pero recuerda: ella no puede enterarse.

—No…

Acelero, pero enseguida me para.

—Chico, voy a enseñarte. Ven aquí.

Me lleva de la mano hasta la cama. Se pone frente a mí. Sus tetas granes cuelgan un poco, pero mis manos van hacía ellas. Me muerdo el labio.

—Ya tocarás luego, pero tenemos que darnos prisa para que mi hija no sé de cuneta — Me toca la entrepierna y comprueba lo puesto que estoy. —aunque creo que tú estás más que preparado.

Sonríe. Me mira picara y lascivamente. Estoy paralizado. Quiero follármela muy, muy duro, pero le tengo mucho respeto. Siento que me va a devorar sexualmente y temo no dar la talla.

Se agacha. Me baja los pantalones con las manos y, a medida que hace eso, hace lo mismo con los calzoncillos pero usando los dientes. Mi polla, erguida como nunca, le golpea la cara. Se rie.

—Madre mía, mi hijita estará contenta.

—No la ha visito…

Se sorprende y se relame los labios tras lo que digo.

—Así que voy a hacerle de filtro. Bueno jovencito, no te preocupes. Te enseñare cosas para que, seguro, te haga volver a casa.

Me guía el ojo y empieza a acariciarme la polla mientras pasa su lengua por ella, como si lamiera una barra de helado. Mientras lo hace me mira y el líquido pre-seminal no tarda en aparecer.

—Que olor más fuerte, seguro que tu semen está delicioso.

Lame la punta y me limpia el líquido. Mi polla palpita por sus declaraciones, por sus manos, por su boca. Mete la lengua por el prepucio y repasa todo el capullo. Inmediatamente después se introduce mi polla en su boca y empieza a pajearme mientras me la chupa. Muy rápido. Gimo, gimo bastante y ella para.

—Eh, eh, tienes que aguantarte joven. No nos pueden oír.

—Perdón…

Me vuelve a guiñar el ojo.

Vuelve con mi polla. Se la pone entre los pechos y empieza a masturbarme con ellos mientras la chupa.

—Córrete si quieres, tal y como estás seguirás duro — Dice con dificultad con mi polla en la boca.

Esas palabras hacen que me pierda y le agarro con las manos la cabeza y empiezo a mover la pelvis, fallándome sus tetas y su boca a la vez. Corriéndome sin avisar si quiera porque tengo que aguantarme los gemidos. Cuando salen las primeras gotas ella se libera de mis manos y me aparta un poco, sacando mi polla de sus tetas pero no de su boca. Empieza a masturbarme con las dos manos, muy rápido, bebiéndose todo el semen y exprimiéndome al máximo pero mi polla sigue palpitando.

—Lo que decía, delicioso.

Se levanta y pone sobre la cama. Se abre de piernas y me deja ver su coño, peludos, húmedo y cachondo.

—Ya sabes dónde poner la boca chico. — Me lanzo a ella. Le agarro las piernas y meto mi boca entre ellas. —Con calma chico, rápido pero suave.

Cuando voy a meter la boca veo aún el consolador. Se lo quito y ella misma se abre los labios de su coño. Empiezo a lamer con ganas, con fuerzas. —Alrededor del clítoris, empieza por ahí. Dando vueltas y mordisquitos y, cuando creas, me metes el consolador. — Hago caso. Presiono, mordisqueo, uso el consolador. Quizá todo muy rápido, pero estoy desbocado. Ella se muerde los labios para evitar gemir. —Así carió, así harás gemir a mi hija. — Me agarra de los pelos y escucho sus gemidos ahogados. Acelero con el consolador y lamo más deprisa, de arriba abajo. Finalmente suelta un gemido. —Dios, hacía tiempo que no me sentía así. Me está poniendo mucho follarme a un amigo de mi hija, pensarás que soy una guarra.

—No, la verdad es que pienso que usted sabe disfrutar de la vida.

—Di que sí hijo — Me acaricia la cara, empapada por su corrida. —Pero ahora vamos a disfrutar los dos — Acerca su boca a mi oreja para susurrarme. —Fóllame y cómeme las tetas — Se tumba y me abre su coño. Me pongo encima de ella y se mete casi sola. Demasiado rápido quizá. Ahoga un gemido y yo también. —Fóllame duramente, hasta correrte.

—No se si aguantare mucho.

En vez de contestarme me besa y empieza a mover su coño. Mis manos se agarran a sus pechos mientras me come la boca y su coño se cm e mi polla.

—Toma la iniciativa.

Lo hago. Empiezo a  moverme yo, a darle todo lo duro que puedo mientras le como los pechos. Tras unos minutos me vuelve a coger la cabeza y empieza a gemirme al oído, flojo pero muy lascivamente. No puedo aguantar. Me Empiezo a correr. Ella me agarra y me tumba, poniéndose encima mientras me corro y moviéndose como una loca mientras sus pechos botan como dos pelotas y su melena se alborota. Tras un rato se aparta y empieza a lamerme. Yo estoy sin habla, mudo. Me limpia totalmente. Se pone a mi altura. Me besa.

—Con aliento a semen seguro que la pones mucho.

—No creo que pueda hacer mucho tal y como estoy.

Se levanta y va a un cajón. Coge una pastilla y me la da.

—Con esto sí. Va venga ves y hazla contenta, que quiero volverte a ver.

Me empuja afuera de la habitación, me tira la ropa y cierra la puerta. Enseguida empiezo a escuchar como gime y me visto. Mi polla está flácida pero solo con sus gemidos ya palpita de nuevo. Me trago la pastilla sin agua ni nada y me voy hacía la habitación de su hija, a completar el estudio.

¡Un saludo! ;)

Noticias prometidas.

¡Hola a todo/as!

Hay, principalmente, tres noticias a dar.

La primera es que vamos a pasar a publicar diariamente, con algunas excepciones (sobretodo puede haber excepciones fines de semana o festivos, las cogorzas y los ordenadores no se llevan bien). Así que diariamente tendremos alguna publicación con contenido, ya sea informativo, con relato o alguna de las tonterías que soltamos por el blog.

La segunda y tercera van más o menos ligadas. Primero, estamos ya tramitando el lanzamiento de nuestra primera antología; está tendrá un titulo, que aun estamos valorando, además del sobrenombre antología X, como todas las que se lanzarán (sí; lanzarán, en plural, porque habrán más), dicho nombre hace referencia clara a su contenido tanto por lo picante como por el total de historias (10). Dicha antología tendrá un total de 10 relatos. En esta primera tendremos 3 relatos inéditos en el Blog, además de 7 de los que ya hemos publicado por aquí.

Aquí os dejamos unos datos interesantes sobre la antología.

-La versión digital valdrá entre 2 y 4 euros.
-Tendrá versión física, aún estamos valorando precios, formatos, etc.
-Dos de los títulos inéditos son, aunque provisionales: A la directora, Sex Shop.
-Cabe la posibilidad de que haya revisión de los relatos publicados en el blog, con aumento de páginas u otras diferencias. De ser así se anunciaría aquí mismo.
-En el momento de su publicación abriremos página de Facebook. Tanto ésta como el blog se publicitaran en el libro.
-Cuando se tenga la portada se publicará aquí.
-Se intentará meter elementos de los distintos relatos en la portada, la cual será una fotografía y no una ilustración.
-Eso es todo por ahora húmedos/as amigos/as.

La tercera noticia tiene que ver también con un libro y con los relatos del blog. Estamos trabajando en una novela corta que trasladará uno de los relatos a una historia más profunda, con más matices, con muchas más páginas y más cosas aparte de sexo y pequeñas pinceladas de romance. ¿Cuál será el relato? Lo anunciaremos más adelante, pero es uno de los más vistos del blog.


Por cierto, recordad que hoy habrá nuevo relato ;)

Nuevo relato en breves, además de noticias.

¡Hola!

En breves habrá un nuevo relato, titulado: ¡Ay la madre!

imaginad id a la casa del/la chic@ que os gusta y, tras un incidente entre el/ella, vosotros y el padre/la madre acabáis con un calentón que resolvéis con... su progenitor!

Además de eso os traemos noticias que publicaremos también en breves ;)

viernes, 6 de noviembre de 2015

Solo es saber llevar.

Eso de que es mal@ en la cama no es así. No hay nadie malo ni bueno, simplemente hay que saber conducir.

Si hay sincronía, si ambos quieren hacer disfrutar llegaréis al clímax.

¿Mujer mala en la cama? Mujer que no han sabido tratar en la cama.
Sustituye mujer por hombre y tendrás la misma ecuación.

Disfrutad haciendo que disfruten.

jueves, 5 de noviembre de 2015

Matar el tiempo.

¡Holas y buenas tardes/noches húmedas!

Aquí os traigo el, hasta ahora, relato más largo de los que hemos publicado en el blog.

Un ascensor, una avería, una persona que te atrae... una forma de matar el tiempo hasta que lleguen para repararlo.


Matar el tiempo.

El último, otra vez. Llevo tres días saliendo el último de la oficina.

Voy al ascensor, pico. Viene de arriba. Es extraño. Estos dos días, además del último de la oficina, lo he si del edificio entero. Si está arriba es porque o alguien ha subido o alguien ha picado. Efectivamente, se abre la puerta y dentro hay una mujer.

Pelo corto, a la altura de la barbilla, con corte en los lados diagonal. Color platino. Gafas pequeñas, cuadradas. Ojos castaños y unos labios finos, aunque boca grande, pintados de rojo intenso. Va maquillada; ni una arruga, ni un grano, ni ninguna imperfección. Una chaqueta azul, con bordes dorados y el símbolo de la empresa en el pecho. Una gargantilla del mismo color que la chaqueta. Falda corta, de tubo, blanca. Medías trasparentes y unas botas de color marrón.

—¿Va a entrar caballero?

Vuelvo en mí. Su profesional aspecto me había cautivado. Su voz es aguda,  pero firme. Impone.

—Sí, perdone.

—¿Piso?

—Al bajo, creo que somos los últimos.

No me contesta. Simplemente pulsa el botón para que las puertas se cierren y automáticamente el ascensor empieza a bajar, imagino que ella le habría dado en su planta al bajo.

Una turbulencia. Lo he notado, el ascensor se ha tambaleado. Hemos bajado tres pisos, pero aún nos quedan quince.

—No se inquiete, por favor.

No lo estoy, aunque si me ha parecido raro. Ella sin embargo si que parece algo nerviosa. Se ha colocado las gafas por lo menos cinco veces desde que hemos pasado la última planta.

Otra turbulencia, el ascensor se para.

La oigo respirar. Mira fijamente, aunque parece forzado. Creo que no quiere establecer contacto visual. Pulsa el botón del bajo, repetidas veces. No hay manera. Se muerde el labio.

—Oye, no pasa nada. Vamos a llamar al técnico.

—Ya-ya-ya sé que no pasa nada, pero no tengo el teléfono aquí. Lo tengo en la taquilla.

—Yo si lo llevo — Me meto la mano en el bolsillo y lo agarro. Ella me mira, observando todos mis movimientos. Espero que no se note que me ha puesto, un poquito, el quedarme encerrado con tal belleza. Llamo. Digo la dirección, el problema y cuelgo. —Vendrán lo antes posible, pero me han dicho que tenemos que estar tranquilos. Estos ascensores al ser tan grandes tienen varias ventilaciones, además de una gran cantidad de frenos y agarres de protección.

—No deberíamos de preocuparnos por eso último, se supone que están en caso de que los cables se rompan.

—Exacto, así que estate tranquila.

—Lo estoy.

Se va a una esquina del ascensor, a la contraria a la mía. Yo me apoyo en la puerta y me deslizo hacía el suelo hasta sentarme.

Pasan unos cinco minutos muy incomodos, con un silencio abrasador. Ella me mira fijamente, imagino que por estar enfrente suyo.

—¿En qué sección trabajas? Yo soy de márquetin.

—No es de tu incumbencia.

—Va, no sea así. Vamos a estar los dos solos un rato, podrías al menos intentar disimular que no te carga estar conmigo.

Su expresión cambia. Abre los ojos y la boca, sorprendida. Mira alrededor, suspira y se aprieta las gafas por el puente entre sus lentes.

—Disculpa, tengo mucho estrés y no estoy acostumbrado a hablar con gente que no sé quiénes son.

—No se preocupe, aquí ni en mi oficina se conocen todos.

—¿No?

—No, ya sabes. En esta empresa no se invita a la conversación o intimación entre compañeros.

—¿Eso es malo?

—No necesariamente, a nivel personal hablando. Pero creo que si hubiera más empatía entre compañeros podríamos lograr más cosas.

—¿De qué sección eres?

—Ideas y servicios.

—Uno de los pilares.

—Sí y es estresante. Parece una competición por tener la mejor idea en vez de una cooperación por sacar lo mejor del mercado.

—¿Y nunca os quedáis sin ideas?

—Siempre estamos sin ideas, sino seriamos multimillonarios.

Se ríe. El ambiente ha mejorado.

—¿Y qué haces para inspirarte o cuando no tienes nada que hacer?

—¿De verdad quiere saberlo?

—Sí, ¿Por qué no iba a querer?

—No sé, quizá una mujer tan refinada como parece usted no es apta para tales artes de matar el tiempo.

—Oiga, para que lo sepa: soy mucho más cañera de lo que aparento. Venga, dígamelo.

Me levanto y me acerco a ella. Al principio su rostro se muestra reacio pero, como si quisiera convencerme de lo que me ha dicho es cierto, en seguida lo vuelve afable. Me apoyo con un brazo en la pared, acerco mi boca a su oreja, y le susurro.

—Me masturbo.

—¡Pervertido! — Se cubre el pecho con los brazos, como si fuera a hacerle algo. Hecho a reír y vuelvo a donde estaba. —¡No se ría de mí, caballero!

—No lo hago. Es la verdad.

—¿Y eso le ayuda?

—Sí, y no solo en la falta de inspiración ni cuando me aburro, sino a relajarme. Como ahora.

Mi mano instintivamente se va hacía mi paquete pero, en sus ojos, veo como la sigue con la mirada y paro.

—¿Qué iba a hacer?

—Disculpa. Estamos atrapados, a solas, es hermosa y estoy algo nervioso y aburrido a la vez. Ya es un acto-reflejo para relajarme.

—¿De verdad eso le relaja?

—Me va a decir que usted nunca se toca.

—¡Por favor, soy una señorita!

—Venga ya, ¿Ni una vez? — Aparta la mirada. —No la creo. Yo se lo he dicho, es más: me masturbo cada día.

—¡Señor!

—¿Ya no soy caballero? — Río, ella también aunque parece darle rabia haberse reído. —¿Verdad que se toca?

—Alguna vez, pero pocas.

Se sonroja.

—¿Y cuándo se masturba? — No me dice nada, pero ahora tiene las piernas juntas y las va moviendo poco a poco, rozándolas entre ellas. —Venga, dígamelo. Si total, es la primera vez que nos vemos y llevo tres años aquí. Mañana nos olvidaremos el uno del otro — Me mira, le sonrío.

—Cuando estoy estresada o asustada, me tranquiliza.

—Ahora parece estar las dos cosas.

—¡No voy a tocarme delante suyo, pervertido!

—Yo no he dicho eso, ¿Acaso estaba pensando hacerlo? — Me lanza una mirada asesina, pero adorable. La verdad es que el tema de conversación me ha puesto mucho y ya no puedo ocultarlo. Si me levanto seguro que se nota y encima las piernas se me están agarrotando. —No sé porque esa mirada, si no es nada malo — Me levanto. Efectivamente, su mirada se va a mi entrepierna que esta erguida y tiesa. —¿Qué mira? — Voltea la cabeza. Está muy sonrojada. Se muerde el labio u va mirado, intermitentemente y muy rápido, de reojo. — Perdona, entre la situación, estar a solas con una desconocida hermosa, la conversación y todo no he podido evitar ponerme.

—¡Pero caballero!

—Es cierto, lo estás viendo — Pasamos un minuto de silencio incómodo. —¿Le importa si me… toco?

Me mira con los ojos de par en par pero no puede evitar dirigir la mirada a mi paquete. Se muerde el labio, roza más rápido sus piernas y se cruza de brazos, apretándose los pechos disimuladamente. Está claro que se ha puesto cachonda.

—Tampoco creo que pudiera impedirlo — Tras decir eso me empiezo a tocar el paquete por fuera del pantalón, agarrando la polla y haciendo círculos. —¿¡No va a esperar ni a que gire la mirada? — Pese a eso, sigue mirando.

—La verdad es que no. Prefiero que me esté mirando.

—¿¡Qué!?

—Es más, podría sentarse y mirarme de forma lasciva o inocente por encima de las gafas.

Se me queda mirando. Desabrocho el pantalón y bajo la cremallera. Me los bajo un poco y dejo los calzoncillos a la vista, con la mano por encima de ellos tocándome el cada vez más marcado pene.

Tras unos segundos se pone de rodillas, con las piernas abierta y empieza a mirarme. Parece que ha cedido a su calentón. Se coloca bien las gafas y empieza a observarme. Una mano en su pierna, la otra por encima de la chaqueta a la altura de los pechos, apretándoselos disimuladamente. Boca abierta y asomando a cada rato una lengua traviesa.

Voy gimiendo levemente, ella reacciona a estos sonidos mordiendo el labio y su mano de la pierna empieza a perderse por la falda.

—¿No hace algo de calor para tener la chaqueta puesta?

—Un poco sí, la verdad.

Se la quita. Puedo ver que lo que pensaba que era una falda es en realidad un vestido con un escote en forma e rombo y que deja los hombros al descubierto, agarrándose por unos finos tirantes. Me pongo más al verla. No lleva sostén, los pezones se le marcan como escarpias. Me ve cómo se los miro mientras se acaba de sacar la chaqueta y se le escapa un suspiro muy lascivo.

—¿Te gustan? — Se pasa las manos por los pechos y luego se los agarra por debajo, rozándose los pezones con los dedos índices.

—No lo sé, la verdad es que no los veo bien.

—Vaya pervertidos nos traen los de recursos humanos.

—Tú sí que eres un recurso humano, uno muy valioso.

—Idiota... — Sonríe y ahora habla muy lascivamente, muy desvergonzada. Me mira, por encima de las gafas. Meto mi mano por los calzoncillos y empiezo a pajearme seriamente. Ella responde: se quita los tirantes y, poniendo los brazos por delante, se baja la parte de arriba el vestido aunque oculta sus grandes senos.

—¿No me vas a dejar verlo?

—Tú tienes que enseñar algo antes.

Sonrío. Ha entrado plenamente en el juego.

—No pensé que pudiéramos llegar a esto.

—Es como cuando trabajamos. Si estas metido en algo, independientemente de como has llegado, hazlo lo mejor posible ya sea para disfrutarlo más o acabarlo antes.

—Me gusta como piensas, llegarás lejos.

—Yo ahora solo quiero llegar a una cosa — Se pasa la lengua por los labios y se lleva una mano a la boca para lamerse el dedo índice mientras con el otro brazo se tapa, a duras penas, los dos pechos.

Me pone a cien, a mil y a diez mil. Me bajo lentamente los calzoncillos, para que la polla haga efecto trampolín: les suele encantar. Empiezo a tocármela, suave y lentamente, mientras la veo como la mira.

—¿No tienes que enseñarme algo? — Vuelve la mirada a mí, sonríe. Se destapa los pechos, aunque empieza a manosearse uno mientras ahora pasa la lengua entre sus dedos; índice y corazón, rodeándolos y lamiéndolos. —Yo no he dicho que quisiera ver eso ahora.

—Mala suerte, aún no te han ascendido a portero.

—Tendré que hacer méritos entonces.

Me acerco a ella, dejando el pantalón y los calzoncillos completamente en el suelo, me pajeo un poco más rápido y con la otra mano me empiezo a masajear los huevos. La tengo a menos de medio metro. Me la mira y empieza a morderse sus propios dedos.

—¿Quieres probarla?

Me mira por encima de las gafas. Deja de lamerse los dedos para colocársela bien e, inmediatamente, esa mano húmeda por su saliva pasa a mi pene. A acariciarlo, a pajearlo, mientras ella se acerca lentamente arrastrando las rodillas y con la mano en el suelo que, en cuanto llega a tocar con sus labios la punta de mi polla, se oculta entre su falda.

Empuja mi pene contra su boca, que va abriendo a medida que éste entra. La boca la tiene grande, pero los labios finos. Su lengua sin embargo es pequeña y respingona, aunque muy húmeda y escurridiza. Está metiendo la punta a través del prepucio, lamiendo en círculos, mientras que con los labios no deja de apretarme el capullo. Mis manos se han ido instintivamente a su platina cabellera, donde los he perdido pues tiene bastante más pelo del que parece.

—Dios… sí…

Me mira a través por encima de las gafas. Veo su cara, con la boca salida para chupármela. En cuanto la miro fijamente saca la lengua del prepucio, me tira para atrás el pellejo, me escupe y empieza a chupármela mientras me la pajea. Ahora aparte de tener la boca aún más salida, escuchándose como sorbe mi pene, tiene los pómulos hundidos por lo fuerte que me la está comiendo.

—Madre mía, como la chupas nena.

Acelera y empieza a gemir también. Se está metiendo los dedos a la vez que me come la polla y sus pechos no dejan de rebotar. Estira una de mis manos y agarro una de sus tetas, empiezo a retorcerle el pezón. Cierra un ojo, parece que le duele. Saco la mano y la acerco a su boca. Se saca la polla y me chupa los dedos con la lengua afuera. Me agarra la mano y me la lame entera, pasando la lengua por cada rincón. Luego vuelve inmediatamente a la polla, a seguir con lo que hacía pero volviendo a dar gran importancia a la lengua.

Llevo mi mojada mano a su pecho y empieza a empapárselo, a majadeárselo y a retorcerle el pezón. Esta vez le gusta, el encanta, y parece que se mete los dedos aún más rápido porque se está descontrolando. Tras un desfase de locura se atraganta y se saca la polla para toser.

—No eres de garganta profunda, que pena.

—No me subestimes. Para que lo sepas tengo más rango que tú.

 Voy a contestarle, pero me callo al ver cómo ha sacado su mano de su coño, húmeda totalmente, y me coloca las dos en el culo. Abre la boca y empieza a comerme la polla. Para un momento cuando está a mitad y empieza a empujarme el culo. Va lentamente, pero avanzando. Tras nos segundos se la ha tragado entera. Me mira, por encima de las gafas, con alguna lágrima intentando salir y tras unos segundos le da una arcada y la saca de nuevo. Tose. Le acaricio la cabeza.

—Retiro lo dicho, señorita. Tiene usted una garganta que quita el hipo.

—Y porque no has probado mis pechos.  — Se reincorpora y se pone sobre sus rodillas, esta vez con las piernas juntas, sacando pecho y metiendo mi pene entre sus dos senos. Empieza a masturbarme con ellos. —¿Te gusta?

—Me encanta.

Miento. Es más que eso. Son blandos, casi gelatinosos. Absorben mi pene y es como estar entre esponjas. Cierro los ojos y me pierdo en el placer. Noto un pinchazo placentero, abro los ojos y veo como me la está chupando a la vez que sigue masturbándome con los pechos. Me pilla de improvisto.

—Mierda, me voy a correr.

Me intento aguantar, pero me es imposible. Me chupa con más intensidad mientras me aprieta más con los pechos, como si quisiera que me corriese. Si no quería es tardes. Empiezo a correrme y en cuanto las primeras gotas son disparadas en su garganta, ella, aparta los pechos y empieza a pajearme con la mano. Muy rápidamente, sin dejar de chupar, para exprimirme entero. Me estremezco, gimo, gozo, me corro. Paro, no me queda más gotas, pero ella sigue chupando y vuelve a masturbarse a sí misma.

Su insistencia me pone, me vuelve loco. Aún con las manos en su cabeza se la agarro fuerte y empiezo a follarme su boca. Mi polla lejos de decrecer se ha hecho más grande y sigue palpitando. Rozo con sus dientes, choco con su lengua y ella se deja penetrar casi por completo por mi polla mientras, sí que yo la suelte, se cruza de piernas y empieza a tocarse con las dos manos.

—Tranquila, no te dejare así. Voy a hacer que te corras tú también.

Tras unos segundos y asegurarme de que la sangre está corriendo por mi pene paro. La miro. Tiene las gafas descolocadas y con varias lágrimas en los ojos, quizá me he pasado. Su pelo está totalmente despeinado, pareciendo una loca, pero le da un toque morboso que antes no tenía.

—Eres un bruto.

—Y a ti te gusta — Sonríe.

—No suelo encontrarme con alguien que mande tanto — Me equivoqué. No le gusta, le encanta. —Ahora a ver si eres igual de hábil que bruto — Se levanta y empieza a bajarse el vestido hasta quedarse solo con las botas y las medias, las cuales están destrozadas por la parte de las rodillas. Lleva unas bragas azul celeste, finas y con la parte del coño  semitransparente. Se le ven los pelos, bien recortados, pero bien cobijado del frio.

Antes de que se dé cuenta estoy de rodillas agarrándole el culo. Sus nalgas son blandas. Tiene culo pequeño, pero respingón. Mis labios están pegados a su coño a través de sus bragas. Le doy besos, lo mordisqueo y le doy lametazos. Las bragas están chorreando, ella gime y no deja de manosearse las tetas con una mano mientras que con la otra se dedica a acariciarme la cabeza.

Quito mis manos de su culo y acaricio sus medias, destrozadas. Es algo ancha de caderas y podría pegar buenas patadas con las robustas, pero finas, piernas que tiene.

—Sí, querido, me gusta.

—Entonces es que te conformas con poco.

Vuelvo con mis manos a su culo y meto mis dedos entre sus bragas. Los hundo en sus nalgas y los filtros hasta empezar a rozarle el coño, muy húmedo. Mi boca sigue mordisqueando sus bragas y ella gime, pero encuentras fuerzas para apartar mi cara de su coño y bajarse las bragas.

—Sí vas a comer, come bien.

Separa las piernas y se abre el coño con sus manos. Le vuelvo a agarrar fuertemente el culo y empiezo a besarle sus labios inferiores. Mi lengua se pasea por toda la obertura. Desde el agujero del coño hasta el clítoris, a distintas velocidades, de distintas maneras. Mis manos se aferran a sus nalgas y mis dientes van mordisqueándolo todo. Gime, gime muchísimo. Empiezo a meterle dos dedos en el coño mientras con la otra mano voy acariciando su ano, humedecido por sus propios flujos vaginales. Gime más, cada vez más rápido y yo voy acelerando mis lametazos en su clítoris, mis dedos en su coño y empiezo a apretarle el ano, metiendo la punta de mi dedo índice, con más facilidad de la que esperaba.

—Oh… sí, sí… oh… — La miro de reojo, se está apretando los pezones con una mano mientras se chupa los dedos de la otra. —Más, más, más rápido, sí, sí… — Le hago caso. Tiene un orgasmo.

Me levanto, me besa muy apasionadamente mientras me masturba muy suavemente. Después flexiona las piernas y empieza a lamerla de arriba abajo.

—Ahora me la vas a meter, quiero más.

—Espero que tarden aún más en llegar.

—Y yo.

Se levanta y me inclino un poco. La levanto a pulso y le meto la polla.

—¿Ves cómo eres un bruto?

—Calla y agárrate.

Me rodea con sus piernas por la cintura y con sus brazos por el cuello. Ella empieza a gemir a medida que la voy penetrando. La pongo espaldas contra la pared, para follármela mejor y no deja de gemir. Encima tiene el coño sensible por haberse corrido. Empieza a morderme el cuello, igual que yo a ella. Parecemos dos salvajes. Tras un rato aparto la cabeza y la hundo en sus pechos. Mordiéndolos, chupándolos. Ella solo gime y gime. Yo también lo hago, pero solo cuando paro a coger aire.

No tardo en cansarme y la bajo.

—Ahora elijo yo.

Se pone de espaldas a mí. Se apoya con una mano en la pared y saca culo. Con la otra mano se acaricia las nalgas hasta que las separa y señala el ano.

—¿Por ahí?

—Por ahí.

Presiono con el pene su ano y, poco a poco, va entrando a medida que ella va gimiendo. Cuando meto gran parte de mi polla empiezo a sacarla, lentamente, y así unas cuantas veces hasta que empiezo a fallármela como si no hubiera mañana. Agarrándole el pelo y golpeándole las nalgas. Entre gemidos me llama bruto y otras cosas, pero le encanta. Pasan unos minutos y con la mano que tiene libre me coge una de las mías y me la lleva a su clítoris. Se lo empiezo a frotar y ella comienza a meterse los dedos.

Estamos gimiendo los dos como cerdos. No aguantaré mucho, voy a volverme a correr.

—Aguanta, por favor. Me queda poco. No te corras.

—No aguantare mucho.

—Aguanta y me lo volveré a tragar, lo quiero todo en mi interior y sin que puda salir.

Eso me pone mucho y para intentar aguantar me centro en tocarle lo mejor posible su coño. Se corre, se estremece y acaba con las manos apoyándose en el suelo. Cambio del culo al coño y la penetro fuertemente. Gime cada vez más hasta que finalmente cae de rodillas. Tarda unos segundos en reaccionar. Estoy agotado, sudando, inmóvil. Ella se gira y empieza a lamérmela. No me lo esperaba, me corro. Le salpico en la cara y en las gafas pero rápidamente se la mete en la boca y empieza a succionarme. Se traga hasta la última gota. Después me la lame de arriba abajo para limpiármela. Finalmente se pasa la mano por la cara y las gafas para sacar todo el semen que puede y chuparlo. Las gafas las limpian con sus bragas y luego las deja en el suelo. Nos quedamos juntos, besándonos, metiéndonos mano y con alguna que otra penetración y felación extra hasta que llega el técnico.

Nos vestimos rápidamente y en menos de veinte minutos el ascensor empieza a bajar.

Abajo aparte del técnico hay cuatro personas más.

—Directora, estábamos muy preocupados.

—No había nada de qué preocuparse, estaba bien acompañada.

Me quedo perplejo. Ella sale andando, con firmeza. Va a una taquilla y coge su bolso. Después sale por la puerta principal. Se gira levemente, se coloca bien las gafas, me guiña un ojo y se va con las cuatro personas que estaba.

—Que buena está la directora, ¿Eh?

—Sabrosísima.

Me marcho, dejo al técnico con cara de besugo mientras se gira e imagino que podrá comprobar las humedades que hemos dejado en el ascensor.