jueves, 17 de diciembre de 2015

Día de estreno.

¡Húmedos días/tardes/noches!

Hoy el mundo está expectante. Está expectante porque el viernes a partir de las 00:00 de la noche se podrá ir a ver la nueva película de la saga de Star Wars, el episodio VII.

Algunos pensarán: ¿Por qué da publicidad? Mec, error.
Lo que pasa es que usamos este lanzamiento para dar publicidad a uno de nuestros relatos más vistos:

http://perversocaballero.blogspot.com.es/2015/10/cine-con-amigos-lavabos-para-adultos.HTML

Dicho esto, que mejor manera de pasar una noche de estreno con polvo previo, posterior y durante dicho estreno. Que el cine no os quite las ganas de follar ;)

miércoles, 16 de diciembre de 2015

Azafat@s...

¿Quién no lo ha pensado alguna vez?

Esas/os azafatas/os tan apuestas/os que nos indican las medidas de seguridad, que nos ofrecen comida y bebida y a los que deseas pedir su cuerpo y una cita en el baño del avión para que te hagan y hacerles el viaje más ameno.

Ese uniforme que deja lugar a la imaginación, ese no sé que, que sé yo de hacerlo a miles de pies de altura.

Esas ganas de aterrizar sobre ella/el antes que sobre tierra firme...

Bueno, espero que en el próximo vuelo os aguantéis las ganas (o no, que hostias, disfrutad).

¡Húmedos días/tardes/noches!

martes, 15 de diciembre de 2015

Tele y manta.

¡Humedos días/tardes/noches! Os traigo uno de los relatos más largos hasta la fecha ;) (tarde pero llega, debemos de dejar de ponernos fechas) Frio, una casa sola, tarde de película, un amigo y una amiga...
Ambos bajo la manta, el frio se vuelve calor...
Empiezan a calentarse el ambiente de la película... empieza a calentarse el ambiente de ambos...
¿Sabéis que sigue?

Os dejo con el relato, espero que os guste ;)


Tele y manta.

11 de Diciembre.

Estamos a  las puertas del invierno. El frío empieza a notarse y la humedad cala los huesos. Son las seis de la tarde y la noche ya ha devorado todo rayo de luz que podría quedar. Se han marchado casi todos para sus casa, tan solo quedamos ella y yo en la plaza porque hemos ido a por unas napolitanas de chocolate, calientes, para merendar un poco.

—Que solitario se ve todo — Dice, mirando alrededor mientras se mancha de chocolate la comisura de la boca.

—Sí, la verdad es que nuestro pueblo en invierno se queda bastante muerto.

—Parece un pueblo fantasma.

—¿Quieres ir dar una vuelta?

—Sí, vamos a movernos un poco y entramos en calor — Me guiña un ojo. Le sonrío.

Con el frio siempre se le emblanquece la piel, que ya es pálida de por sí, y resalta más su rubio cabello y sus ojos azules.

Empezamos a andar por la calle principal de tiendas, que aún están abiertas con algunas personas dentro, aunque escasas. Empieza a soplar viento y ella se pega a mí. Lleva un abrigo ancho, esponjoso, impermeable. Le agarro con el brazo y la pego más a mí. Froto su brazo izquierdo para que entre en calor y luego le molesto moviéndole el gorro de lana que tan bien le queda.

—¡Oye! No te aproveches de tu altura.

—Caya, que me estás robando calor. Es lo mínimo.

—Idiota, si quieres me aparto.

La apretó más fuete hacía mí. Está tiritando. Ella me agarra la cintura por debajo de la chaqueta, para calentarse más. Me roza la cintura con sus guantes, rosas, están calentitos.

—Eres una cebolla.

—Y tú vas muy desabrigado.

—Claro, ¿Si no como ibas a calentarte conmigo? ¿Por encima de una chaqueta helada?

—Ahora tendré que darte las gracias.

—Siempre.

Me saca la lengua, le sonrió. Si supiera que siempre he querido calentarla más que de esta forma.

Seguimos andando, llegamos a la plaza que está cerca de mi casa. Nos sentamos, nos acabamos las napolitanas y hablamos un rato.

—Empieza a hacer frio, ¿No? — Preguntó, preocupado por como tirita. —¿Te acompaño a casa?

—¿Un viernes a las seis y media en casa? Que aburrido, jo.

—¿Y qué quieres hacer?

—No sé, cualquier cosa — Se me acurruca, si no fuera por su chaqueta estaría notando sus pechos en el brazo.

Empieza a solar un viento fuerte y noto como pequeñas gotas d agua me mojan eventualmente la cara.

—Espero que no llueva — Dice mirándome. Tiene los labios un poco cortados, por el frio y la punta de la nariz rojiza.

—Pues parece que sí. Tu casa está a una media hora… — La invitaré a ver una película, para que no se moje… —¿Quiere ver una peli?

—¿Una peli?

—Sí, en mi casa. Eso no sería desaprovechar y así podríamos esperar a que el tiempo amainara.

Se queda mirando al cielo, con los labios apretaos.

—¡Vale! Pero elijo yo la peli.

—Me voy a arrepentir, pero de acuerdo.

Se levanta de un salto, parece contenta. Me levanto con pereza. Vamos hacía mi piso, detrás de la plaza, entramos en el portal y vamos al ascensor.

—Hace años que no voy a tu habitación.

—Y esta vez no irás, vamos a ver la película en el sofá.

—¿¡Qué!? Jo, aguafiestas.

—No te quejes tanto, que eres muy fisgona.

—Uuuuh, ¿Ocultas algo? — Me mira desde abajo, sonriendo, con los brazos en la espalda. —¿Porno?

—Idiota, para eso tengo mi imaginación. No gastaría dinero en eso.

—¿Ah, sí? ¿Y en quien piensas, si se puede saber?

—En ti, lista — La dejo muda, empiezo a reírme. Infla los mofletes y me da un empujón, me rio más fuerte. Se para el ascensor y sale, mostrando rostro enfadado pero adorable. —Vaya, te acuerdas que piso es.

—Venía cada día. Eres tú el de la mala memoria.

—¿Eh? ¿Por qué? Si tengo muy buena memoria.

—Ya, ya, seguro.

Lo dice ariscamente. Espero no haberme olvidado de nada importante. Me espera en la puerta, mirándola, de espaldas a mí. Me acerco por detrás. Se aparta. Abro la puerta. Entra primero.

—Pues aquí también hace frio.

—Porque no tengo la calefacción puesta. ¿La pongo?

—No hace falta, tenemos mantas. ¿Verdad? — Me guiña el ojo.

Andamos por el pasillo hasta llegar al sofá. Ella se sienta. Le paso el mando de la consola para que elija que película alquilaremos, digitalmente.

—Voy a por las mantas. ¿Vas a querer tomar algo?

—No sé, ahora mismo no me apetece comer nada…

Voy a por una manga. La traigo y ella ya está preparada para ver la película. Un romance, que bien. Dejo la manta. Se ha quitado el abrigo. Lleva un suéter que le va ancho y esconde sus manos en las mangas.

—Descálzate si quieres, yo ya lo he hecho — Le digo mientras, realmente, aún estoy descalzándome.

—Vale, gracias.

Se agacha, se le cae el gorro. Me agacho y se lo doy, estamos cara a cara. Se ha vuelto preciosa. Me sonríe. Se quita las botas y deja ver cómo lleva leotardos negros. Se pone bien el pantalón vaquero y vuelve a sentarse.

Nos acomodamos. Nos tapamos. Se apoya en mí. Empieza la película. Pastel, muy pastel. Unos viejos amigos de la infancia que se quieren pero no se dicen nada. De lo aburrida que es no puedo dejar de ir mirando de reojo a mi amiga, quien sí que parece atenta al film, pero parece inquieta. No deja de moverse y, a veces, me agarra el brazo o se zarandea un poco, pudiendo notar sus blanditos pechos.

Se muerde el labio mientras me aprieta más el brazo. Es imposible que no se dé cuenta que la estoy rozando. Se pasa la lengua por los labios. Miro la tele: están enrollándose. Se besan, se estampan contra las taquillas. Él le quita la parte superior de la ropa y le pasa la mano por debajo de la falda. Ella no para de gemir. No tardan en desnudarse y empezar a tener sexo.

Me late el corazón muy fuerte y mi mano se mueve sola. Palpo su barriga mientras mi brazo no deja de acomodarse en sus pechos. Mi pene palpita, crece, se agranda. Le miro de reojo mientras me muerdo el labio inferior: está mirándome. Nos miramos fijamente mientras escuchamos los gemidos de la película, me pongo nervioso. El ambiente está tan denso que se podría cortar con un cuchillo.

—Vo…voy a por algo de… de comer.

Parezco idiota hablando, está claro.

—Va… vale, trá-tráeme agua por favor.

Ella también parece nerviosa.

—Vale, vale.

Voy a la cocina. Lleno un vaso de agua. Me lo bebo. Vuelvo a llenar y lleno otro. Agarro una bolsa de patatas y voy hacía el comedor otra vez.

Dejo la bolsa de patatas y mi vaso de agua en la mesa. Le ofrezco el suyo pero aún no lo quiere así que lo dejo con el mío. La película está en pauso, justo cuando le está comiendo el pene al chico. Me había calmado, pero se me vuelve a levantar.

—¿Entras?

—S-s-sí.

Entro en las mantas. Reanuda la película. El chico se corre en su boca y ella se lo traga todo. Estoy empalmadísimo. Me parece escuchar un ahogado gemido. Miro de reojo. Me está mirando pero enseguida gira la mirada al video.

Me acomodo. Rozo su brazo. Lo tiene al descubierto. Se ha quitado el suéter, no sé qué lleva debajo. Me pongo nervioso y sigo moviéndome. En la película ya han entrado en un aula y el chico está comiéndole el coño mientras ella está en el escritorio del profesor.

Me agarra el brazo. Lleva una camiseta de tirantes, noto sus pechos. Los noto demasiado bien, no sé si lleva sujetador. Mi mano palpa su pierna. No lleva los pantalones ya que toco sus leotardos. Se acomoda, se mueve, su pierna baja por mi mano y mis dedos rozan su ingle.

—¿Ti-tienes calor? — No sé qué decir. Soy imbécil, está claro que sí. Hace calor y estamos tapados.

—¿Por-por qué lo di-dices? — Mi mano aprieta sin querer. Mis dedos sienten lo esponjoso que es su entrepierna. Trago saliva, me pongo tenso. Ella se muerde el labio, se acomoda. Mueve la cadera, empieza a rozar mis dedos. —¿Un poco sí que hace no?

—Un poco, sí — Se sigue moviendo. Mis dedos aprietan y ella agarra más fuerte mi brazo. Noto sus pezones, su raja del coño y como empieza a humedecerse. Oímos unos grandes gemidos, oímos como la chica no deja de gritar y pedir más. Miramos, está el chico follándosela sobre el escritorio. Nos miramos, se muerde el labio, se relame la lengua. Hago lo mismo. Respiro fuerte, ella también. Me suelta el brazo y yo, como acto reflejo, aprieto más su coño. Gime, se le escapa el gemido mientras se curva un poco hacía mí y cierra los ojos. Levanta la cabeza y me mira, cerrando los labios y sonrojada. Una de sus manos se posa sobre mi pierna. Me muevo un poco, me acomodo, y pongo de lado. Su mano ahora roza mi pene. Mi mano acaricia su coño y nuestras caras se acercan. “Dame más fuerte, bésame mientras me follas” Escuchamos.

Nos besamos. Nuestros labios se juntan. Me acaricia la cara y nuestras lenguas se entrelazan. Empiezo a acariciar su cuerpo entero por los lados. Mis dedos recorren desde sus piernas hasta sus hombros. Luego acaricio su cara, su cabello. Ella hace igual. Seguimos besándonos, deja una de sus manos y la mete entre las mantas. Me toca la polla.

Empieza a acariciármela. Me muerde la lengua. Me aprieta el pene. Me muerde el labio. Sus besos se desbocan. Yo gimo. Enloquezco y la tumbo sobre el sofá. Empiezo a besarle el cuello. Nos destapamos. Veo su cuerpo.

Viste una camiseta de tirantes y, finalmente, sí lleva sujetador pero muy fino, sin relleno. Está con los leotardos y se marca perfectamente los labios de su entrepierna. Está húmedo, choreando. Ella me mira, de arriba abajo, y puede ver como tengo el bulto entre las piernas.

Mi rodilla se posa sobre su coño, gime. Mi mano derecha pasa por debajo de su hombro, llegando a acariciar su cabello, mientras mi mano izquierda le agarra la cintura, subiendo lentamente hasta sus pechos.

Me mira, se muerde el labio, sonríe lascivamente. La beso, la beso con pasión y descontrol. Me muerde, le devuelvo el mordisco. Presiono con la rodilla y sus piernas se estremecen. Mis dedos suben hasta agarrar sus senos. Me besa más apasionadamente, así que empiezo a masajeárselos.

Tiene la camiseta y el sujetador pero lo palpo como si no llevará nada. Sus pezones están duros, grandes, redondos. Muy marcados en sus senos que no son para nada pequeños. Nuestras lenguas van acelerado el ritmo y, ras apretar otra vez con la rodilla, acaba separando su boca de la mía y con sus brazos me baja la cabeza. Me gime en la oreja. Me pone muy, muy burro. Su boa se va a mi cuello, me lo muerde, me lo lame, me succiona. Seguro que deja marca. A su vez sus manos se pierden por mi tórax y acaban sacándome la camiseta. Me abraza y me empuja hacia ella. Saco mi mano de sus pechos y la abrazo también. Noto sus senos chocar conmigo y como mi pene se aplasta con su pierna. Parece gustarle ambas sensaciones ya que no deja de mover ambas partes del cuerpo implicadas, aunque para mi pene no es del todo agradable.

—Estoy más calientes que los de la película… — Me susurra al oído. Se me había olvidado completamente. Miro la televisión, ella aprovecha para morderme suavemente la oreja y lamerme el lateral de ésta. Los dos jóvenes están follando contra la pizarra. La chica con las manos apoyada en ésta y el agarrando su cintura y embistiéndola como si no hubiera un mañana. —¿Tú cómo vas de puesto? — Mueve la pierna, sabe perfectamente cómo voy.

Libero mi oreja de su boca y acerco la mía a su oído.

—Compruébalo — Le susurro mientras vuelvo a presionar con mi rodilla, esta vez más fuerte que nunca.

Gime. Vuelvo a apretar mientras le beso el cuello. Gime otra vez. Sus manos van hacía mi cintura y, con algo de dificultad, empieza a palpar mi entre pierna.

—Vale, vas más que la película también.

—Por tu culpa — Le susurro en la oreja.

—¿Por quién crees que estoy chorreando? — Me agarra una mano y me la lleva a su coño. Tiene los leotardos empapados. Mis dedos resbalan por la tela a la vez que ella ahoga gemidos mientras aprieto.

—Tendremos que solucionarlo — Le vuelvo a susurrar. Le muerdo la oreja, lamo el cartílago bajo mis labios por su cuello, mordisqueándolo, hasta que bajo un poco más hasta llegar a sus senos. Los manoseo y mordisqueo por encima de la camiseta de tirantes. Esta se da de sí y empiezan a asomar. Aparto el molesto sujetador y dejo el pecho derecho libre. Rodeo el pezón con la lengua, lentamente, con la punta, rozándolo cada vez más. Mi mano izquierda lo masajea a la vez que lo humedezco mientras mi mano derecha no para de presionar, de distintas formas, su coño a través de los leotardos, llegando a apretar los labios entre ellos como si estuviera pinzándolos.

Ella me masajea el pene con su mano derecha mientras con la izquierda me acaricia la cabeza, filtrando sus dedos por mi pelo. Sus caderas se mueven a medida que la toco y su cabeza no deja de tirar hacia atrás cada vez que voy aumentando la velocidad  de la lengua y los dedos a la vez que aprieta los labios para ahogar su gemido.

—¿Te gusta?

—Me encanta…

Empiezo golpear con la lengua el pezón y empiezo a empujar más con mis dedos su coño, llegando a empujar dentro de su coño. Gime, repetidas veces, mientras me aprieta el cabello. Los golpes al pezón se vuelven mordisquitos y lametones mientras mi mano se va hacía su otro pecho, sacándolo al aire también. Tras hacerlo pongo los dedos en su boca y empieza a chuparlos lascivamente. La miro de reojo, me mira de reojo, me pone. Esta lamiéndolos como si de mi polla se tratase. Los deja bien húmedos y se los saco de la boca aunque ella intenta seguirlos sin éxito, sacando bien la lengua. Aprovecho y se la muerdo, haciéndole un poco de daño pero dándole más placer que otra cosa.

—Travieso, te morderé yo.

—No creas que este ha sido mi único mordisco.

Me mira, sonríe pícaramente. Mis lamidos dedos ya están retorciendo su pezón izquierdo a la vez que van masajeando su pecho, empapándolo de sus propias  babas. Mi boca vuelve al pecho derecho y empieza a morderlo entero, sin pausa. Mis dedos de abajo se filtran por dentro de los leotardos mientras ella no mover su cadera nerviosamente, esperando y deseando que llegará a sus labios inferiores. Llegué. Rozo sus labios, presiono y los abro. Acaricio su interior, su clítoris, rodo su agujero. Gimió.

Esta chorreando, muy húmedo. Mis dedos se deslizan solos y, casi sin querer, penetro su coño con el índice y el corazón. Gime. Se estremece. Subo las rodillas a la altura de mi cintura y aprieta con ellas.

Meto y saco los dedos suavemente. Ella gime y me mira de forma muy lasciva. Mi boca sigue lamiendo y mordisqueando sus pezones, habiendo abarcado ahora los dos pechos mientras mi mano los masajea. Sin embargo tira de mi barbilla y me sube la cabeza a su altura, para besarme, para morderme.

Empiezo a penetrar más deprisa con los dedos mientras que, con la otra mano, jugaba con sus senos. Ella se vuelve loca y no para de mover sus manos por mi cara y mi cabello a la vez que su lengua esta desbocada y sus labios parecen querer devorarme.

Gime entre beso y beso e incluso a veces me hincha la boca al gemir mientras nos besamos. Mis dedos están empapados y empieza a escuchase de forma muy gráfica como entran y salen. Tras unos minutos así se separa de mi boca y empieza a gemir más aún.

—¡Sí, sí, más. Sigue así!

Me pone muchísimo esas palabras gritadas entre gemidos. Empiezo a acelerar. Le bajo los leotardos un poco con la mano que tengo libre y le agarro el culo con ésta misma, palpando su nalga izquierda y ayudándome en ella para aguantarla más firmemente mientas acelero el ritmo de mis dedos. Mis dientes se marcan en su cuello mientras el sofá empieza a mancharse de lo que llega a lubricar. Gime y gime, cada vez más.

—¡Dios, sí, sí! ¡Más rápido, más rápido!

Le hago caso y acelero. Mis labios bajan hasta sus pechos. Empiezo a morderlos, a lamerlos. Aguanto los pezones con los dientes y después los golpeo con la lengua. Ella me hunde la cabeza en ellos mientras me agarra el cabello, casi pareciendo que quisiera arrancármelo. Tras unos segundos de gemidos sigo bajando, aunque rápidamente, para pasar la camiseta mientras me acomodo en el sofá, echándome un poco atrás.

Mis labios se posaban sobre la parte superior de su coño: sobre su clítoris. Nada más ponerlos ahí ahoga un gemido causado  más por el morbo que por el placer. La miro de reojo y ella me mira apasionadamente; jadeando, con la lengua afuera y lamiéndose los dedos de su mano derecha mientras se sobaba los pechos con su mano izquierda.

Sonrió. Se muerde el labio. Abro la boca lentamente, sin dejar de penetrarle con los dedos, saco la lengua y bajo un poco, sin dejar de mirarla, hasta que la punta de ésta roza su húmedo coño. Muevo un poco la lengua, la paseo por la raja, hasta chocar con el clítoris. Se muerde el labio, muy fuerte. Empiezo a presionar con la lengua, a lamerlo, a golpearlo. Luego poso toda la lengua y aplasto y empiezo a moverla aleatoriamente.

Gime y me aprieta la cabeza. Rozo con los dientes varias veces mientras empiezo a besar su coño. Agarro el clítoris con los labios pero de lo mojado que está se resbala. Finalmente uso los dientes. Teniéndolo agarrado empiezo a mover la lengua muy velozmente, a la vez que los dedos entrando y saliendo.

Gime, grita, aprieta mi cabeza con sus rodillas y me la hunde con la mano mientras que con la otra me abre todo lo que puede su coño.

—¡Sí, sí!

Pasan dos minutos. Sale flujos vaginales disparados. Mordisqueo, meto un tercer dedo, gime, gime mucho y aprieta más fuerte.

—¡Me corro!

Y se corrió. Me he empapado la boca y los dedos. Mi nariz está también chorreando. Asomo la cabeza y me mira. Se muerde el labio, me sonríe pícaramente. Se acomoda y se pone de rodillas. Hago lo mismo.

Voy a frotarme la cara pero me agarra y me besa muy apasionadamente. Estamos un rato besándonos. Le paso los brazos por detrás y ella hace lo mismo, acariciándome la cabeza. Tras unos minutos paramos.

—¡Sí, sí, dame más!

Miramos la tele, siguen follando. Ahora se les ha unido la mujer de la limpieza.

—¿Qué película has puesto?

—“Días calurosos tras acabar la clase”

—Yo si que te voy a calentar cuando salgas de clase.

—¿Sí? Ahora quien va a calentarte soy yo — Sonríe y antes de que me dé cuenta tiene sus manos en mi pantalón. Me empuja un poco y acabo sentado sobre el sofá, con los pies encima de éste —. Ayúdame a quitarte el pantalón — No lo dudo y lo hago. Me lo saco en menos que canta un gallo. Mis calzoncillos parecen una tienda de campaña y cautivan esos ojazos de la rubia —. Pinta sabroso… — Abre la boca y saca la lengua. La pone justo donde está la punta. Ahogo un gemido —. ¿Te ha gustado? Cochino — Abre más la boca y me muerde. Vuelvo a ahogar un gemido —. Te vas a enterar.

Me mete su mano, fría, por dentro de los calzoncillos y empieza a masturbarme mientras se coloca bien el cabello. Se relame los labios y enseguida me baja los calzoncillos. Ve mi pene, en todo su apogeo. Ni yo me lo había visto tan grande como hoy, estoy muy puesto.

Resopla, pero no de mala gana sino como cuando resoplas al ver tu plato favorito llegar a la mesa. Se acerca lentamente, mirándome, y saca la lengua. La tengo delante de la polla, la puedo sentir. Le da un lametón. Lento, de abajo arriba, con toda la lengua. Cuando llega al capullo, con la piel tirada atrás por la masturbación, empieza a darle golpecito. Me encanta y se lo hago saber con mis jadeos. Tras un rato jugando con mi pene, golpeándose la cara con él, lamiendo la punta y lamiendo el tronco, se la introduce en la boca y empieza a mamarla.

Gimo. Me mira de reojo, me pone y lo sabe. Acelera mientras se coloca bien el cabello tras la oreja. Su lengua me va golpeando la polla a medida que la mama y con su mano acompaña el movimiento.

—Trae aquí tu coño, es una orden.

Me mira me pega un pequeño mordisquito. Sigue mamándomela durante un rato. Finalmente se la saca.

—Que mandón eres, ni que fuera tu casa.

—Lo es.

—Oh, tu ganas entonces.

Se coloca encima de mí, poniendo su coño encima de mi cara y su boca sobre mi polla. Empieza a chupármela y coloco mis manos en su culo. Empujo un poco y bajo sus labios inferiores hasta mi boca. Empiezo a lamerle el coño y rápidamente una de mis manos se filtra entre sus piernas y comienzo a penetrarle. Se emociona, se descontrola.

Me masturba rápidamente a la vez que me la chupa, me la come, me la muerde y golpea con la lengua. Hace mil y una locuras y cada vez más rápido a medida que mordisqueo su clítoris y penetro con mis dedos su coño.

—Para, para, que voy a venirme — Levanto rápidamente sus caderas y parto de lamérselo, pero ella sigue chupando —. ¿No quieres que te penetre? — Para de golpe y se la saca de la boca, aunque sigue pasando la lengua suavemente.

—¿A qué esperas? Yo ya estoy en posición.

—¿Sin condón?

—Tomo pastillas que son anticonceptivas — Me mira por debajo de su cuerpo —. Puedes echármelo todo dentro — Me guiña el ojo.

Mi dureza aument. Está a cuatro patas, encima de mí pero a cuatro patas. Me deslizo como puedo por el sofá y me colocó detrás de ella. La película ha finalizad, vete a saber cuánto hace.

—No crea que voy a ser gentil.

—¿Te vas a vengar de mis…

No le dejo acabar. La penetró duramente, metiéndosela hasta el fondo de buenas a primeras. Grita, luego gime. Gira la cabeza y me mira, no enfadad sino cachonda. Se muerde el labio y me está diciendo que quiere más, con la mirada. Le azoto el culo. Suelta un pequeño gemido. Empiezo a mover mis caderas, de pie en el sofá.

Empiezo lentamente y mis manos se pasean entre sus nalgas y su cintura, masajeando a medida que se mueven, a la vez que ella se agarra fuete al sofá y empieza a gemir, igual que yo.

Voy cambiando ritmos. Rápido y lento, rápido y lento, pero cada vez más rápido y menos lento.

—¡Sí, sí, más. Dame más!

Mi mano izquierda le agarra el cabello. Tiro de éste para que gire la cara hacía mi y pueda verla disfrutar de mis pollazos. La mano derecha se acopla a la nalga de su mismo lado, agarrándola fuerte.

—Eres un bruto, que o sepas.

—Y te gusta.

—Me encanta — Gime —. Mucho.

Empieza a mover ella también sus caderas. Nos sincronizamos. Gemimos, gemimos mucho. Reposo mi cuerpo sobre el suyo y abro un poco las piernas para poder ir aún más rápido. Ella gime más fuerte, me pide más. Le suelto el cabello y el culo y mis manos van a sus pechos, a retorcérselos.

—¿Te gusta?

—Me encanta, igual que a ti mis pechos — Apenas puedo articular palabras porque intento no correrme —. Puedes correrte cuando quieras. Quiero que me gimas fuertemente en la oreja.

Mierda.

Mierda.

Mierda.

¿Cómo me resisto a eso?

Acelero todo lo que puedo. Aprieto sus pechos. Ella mueve sus caderas. Pongo mi cabeza tras la suya, con la boca apuntando a sus orejas. Ya llega, me queda poco. Gimo más y de forma menos intercalada.

—¡Lo quiero todo dentro!

Me corro. Tengo un orgasmo que habrá hecho que todas las parejas del bloque se pongan a practicar sexo desenfrenado. ¿Los que están solos? A tocarse locamente. No deja de salirme semen. Sigo penetrándola, pero calambres me recorren todo el cuerpo. Sigo gimiendo. Ella me acompaña en los gemidos.

Tras unos segundos saco mi polla. Gime. Y me tumbo como puedo.

—Creo que hemos estado mejor que la película.

—Yo también…

Se pone encima de mí acomodándose.

—Aún suelta semen.

—Y tú aún estás mojada.

Le guiño un ojo, se ríe. Me besa. Separa sus labios. Sonríe y me vuelve a besar. Sus piernas se acomodan junto a las mías y mi polla flácida es casi absorbida por sus húmedos labios inferiores.

—Podríamos poner otra película.

—Pero solo si la vuelves a elegir tú.

La beso y empezamos a taparnos, como podemos, con la manta. Completamente. Para darnos calor a nuestros desnudos cuerpos…

 

Un húmedo saludo.

domingo, 13 de diciembre de 2015

Dulce y caliente navidad.

¡Húmedos días/tardes/noches!

La gente cree que el día de san Valentín es perfecto para acabar sudando como perros dando placer a la persona que tanto te pone pero hay otras fechas, otros momentos más adecuados.

La navidad es uno de ellos. Momento mágico y con mil y una excusas para quedar, pera calentar a alguien tras un frio paseo, estar frente a una chimenea y acabar desnudos es una buena opción de entretenimiento y bastante barata. A falta de chimenea buena es una calefacción, una alfombra y una buena película para crear el ambiente.

Un regalo, una cena, unas copas y una indirecta. Invitación posterior a tomar algo más, en casa de uno, y la necesidad e calor, calor que puede ser humano, calor dado en un momento de jubilo social y alegría que, aunque sea puramente comercial, está patente en la retina.

Un buen regalo puede ser un rompecabezas pero si ya le das el polvo de sus sueños es más difícil que decepcione lo que vaya envuelto en papel. 

Disfrutad de la navidad aunque sea con sexo y no con villancicos.

sábado, 12 de diciembre de 2015

Sudores para fantasear.

Estar en el gimnasio, ver que a esa persona que ves a diario de forma distinta. Entrenando junto a ti, sudando, moviéndose perfectamente... y tú poniéndote.

Tus ojos se vuelcan en ese ser que, normalmente, no levanta nada en ti pero que ese día sí. Ese día quieres fallártelo, hacerlo tuyo que te haga suyo.

Fantaseas con estar en las duchas a solas, quitándoos ese sudor y provocando otro...

El gimnasio es un paraíso para fantasear pero, seamos sinceros, cualquier lado es bueno.

P.D: Hoy tendréis el relato prometido ;)

viernes, 11 de diciembre de 2015

En breves nuevo relato.

Frio, soledad, aburrimiento, una buena merienda y una lluvia inesperada que secuestra a dos jóvenes en la casa de uno de ellos, atrapados juntos bajo la misma anta ante el mismo programa de televisión... reiteramos el frio... el aburrimiento... el calor humano...

jueves, 10 de diciembre de 2015

Viajes sexualizados.

¡Húmedos días/tardes/noches!

Sí, habéis leído bien. Viajes "sesxualizados".

Viajad, por el motivo que sea, pero follad. Ya sea con tu pareja o con una persona que acabas de conocer o que ya conocías pero, por la situación, ahora sois los "culpables" de sus gemidos.

Follad con distintas culturas o, en su defecto, bajo distintos cielos. Se siente diferente. Sí, puede que lo hagáis sobre una cama pero no es igual cuando es la cama de un hotel en el caribe que sabes que nadie te preguntara por sus colchas mal puestas y cuando llegues estará arreglado. Además de salir y ver ese paisaje tras el polvo.
Follad en San Francisco y salir con una enorme sonrisa placentera tras el coito en esa urbe multicultural pero algo triste.
Follad en Akihabara y salir a comprar con la muchedumbre como si no hubiera pasado nada.

Follad con un/a ingles/a, con un/a francés/a, un/a indio/a, un/a japonés/a

Follad y sed felices, sonreír al mundo, demostrarles que aunque no sepas el idioma de un lugar puedes hacer que giman en el tuyo y que sepan que sabes, viva la redundancia, hacer disfrutar. Que eres una persona de placeres, una persona que da placer, alguien en quien fijarse por esa sonrisa, tanto tuya como de la otra persona, que deja en la cara el acto más instintivo, puro y sincero del ser humano.

miércoles, 9 de diciembre de 2015

errores tecnicos.

Mil perdones!

De nuevo tuvimos problemas técnicos que nos impidieron actualizar el blog pero no os preocupéis ya que no hemos estado ese tiempo haciendo el vago. Tenemos publicaciones diarias que iremos poniendo con las que hagamos a partir de hoy, teniendo algunos días doble publicación ;)

viernes, 27 de noviembre de 2015

Un breve avance de la primera antología.

¡Húmedos días/tardes/noches!

Ya queda menos para la antología y vamos a adelantar el titulo, y un extracto, de uno de los relatos inéditos que irán en ella.

El titulo es, provisionalmente, Reunión de padres. En el veremos un reencuentro inesperado, una tensión sexual no resuelta y unos caracteres fuertes. Aquí os dejo un pequeño extracto ;)


Agarro sus pechos y planto mi cara en ellos, mordiéndolos, filtrando mi lengua por el sostén hasta llegar al pezón y empezando a lamerlo. Gime, me rompe los calzoncillos con las uñas y empieza a manosearme, delicadamente, la polla. Me gustaban esos calzoncillos. Muerdo la tela del sostén que agarra los pechos y estiro. Se rompe, aunque por detrás. Grita, pero le agarro fuertemente el culo mientras sigo mordiendo sus pechos. Gime, gime mucho y me masturba cada vez mejor.

—Veo que vas bien en biología.

—¿Sí, directora? — Saco la cara de sus pechos, le muerdo un labio. La beso apasionadamente. Inmediatamente bajo hacía su cuello.

—Sí. Desde luego, tienes buena materia — Me lo dice en la oreja, mi pene crece. Ella lo nota porque aprieta más con la mano y lo acerca a su entrepierna.

Le muerdo el cuello, gime. Mis manos van del culo a sus ingles y empiezo acariciar su coño a través de su pantalón. Se nota húmedo, está muy cachonda. Se estremece y ahora es ella quien me empieza a besar el cuello, a mordérmelo mientras yo cada vez aprieto más fuerte su coño.

—¿Pasamos a materias superiores?

Me mira, sonríe y flexiona sus rodillas. Pone su cara a la altura de mi polla y empieza a movérmela, golpeándose la cara con ella.

—Así, así, que sea consistente.

—Cuidado con ella, profe.

—Deja que los mayores te enseñen como se usa el lápiz.

Le da un lametazo desde los huevos hasta el capullo y empieza a golpearla contra su lengua. Varias veces y velozmente. Me gusta. Me está mirando mientras lo hace, tiene una cara muy, muy lasciva. Tras un rato jugando con ella empieza a lamerla constantemente. Desde los huevos hasta la punta y desde la punta hasta los huevos. Moviendo un poco la lengua tras cada pasada hasta que prácticamente me la ha limpiado entera. Durante ese rato solo mira mi pene, con mucha gula, y me pone. ME PONE MUCHO.

Suelto liquido pre-seminal y se escucha como se ríe tímidamente.

—¿Qué tenemos aquí? ¿Una reacción química? — Aprieta con su dedo índice el capullo, manchándose del líquido pre-seminal. Después de hacerme ahogar gemidos, por una extraña mezcla de dolor y placer, se chupa la punta de su dedo, mirándome. —Parece que la combinación es sabrosa.

—¿Quieres probar más?
No contesta. Solo se mete la polla, entera, en la boca. De buenas a primeras, sin aviso. Me agarra las piernas y va tragándosela, hasta teniendo arcadas, pero llega al fondo y con la lengua me repasa los huevos.

Las noticias irán llegando, cada vez está más cerca de ser realidad ;)

miércoles, 25 de noviembre de 2015

Je t'aime & 'ahabak.


Dos culturas diferentes, dos religiones distintas, pero eso no importa. A la hora de dar placer todos gemimos.

Da igual si es en japonés, español o árabe. Gritamos. Gritamos de placer.

El sexo no entiende de razas o etnias, sino que se lo pregunten a la cabra de mi vecino.

Aquí, sin más dilación, os dejamos el texto del que, esperamos, haya más noticias próximamente.


Je t’aime &  ‘ahabak.

Veinticuatro de Noviembre.

Otra pelea más, es la quinta esta semana. Esta la hemos ganado y no me han obligado a correr. Siete contra nueve y los hemos contenido bien, pero había algo curioso; esta vez también había musulmanes en su bando. Empiezo a creer que eso se está volviendo ya un vicio.

Desde el atentado en Francia hay mucha gente que nos mira mal. No les culpo, pero por suerte hay mucha otra que siguen sonriéndonos e incluso nos defienden.

Hace frio, apenas hay gente por la calle. Suerte de que vivo en un barrio tranquilo, sino estaría aterrorizado ahora mismo.

—Bueno tío, nos vemos mañana.

—Venga, cuídate.

—Eso tú, que has salido magullado hoy mariquilla. Saludos a tu princesa.

—Se los daré.

Se marcha mi compañero, nuestro “jefecillo”. En realidad me alivia que vivamos cerca, es alguien con quien se puede contar y de buena familia, nada de que pueda si quiera intentar llevarte por mal camino. Hablando de caminos, yo sigo el mío o moriré de frio.

Me duele la cara, creo que tengo un morado en el ojo derecho. Me ha dicho que de saludos a mi princesa, pero creo que mi princesa no va a darme tiempo a decir si quiera “’ahabak”.

Tardo cinco minutos en llegar a casa, cinco minutos en que gracias al frio apenas siento los golpes. Cojo las llaves, heladas, y abro la puerta del bloque.

—Buenas noches, querido — Me saluda la vecina, abogada, que sale junto a su marido, policía, del bloque.

—Dios mío, chico, ¿Qué te ha pasado? ¿Otra pelea?

—¿Otra? — Pregunto, desconcertado.

—El otro día vi a dos amigos tuyos peleando contra un grupo de jóvenes, pero en cuanto me vieron pararon y se dispersaron.

—¿Tan famoso es entre los maleantes?

—Entre tus amigos seguro que sí, bocazas — Se me acerca más, poniéndose frente a mí. —Me gustaría hacer más, pero sabes que ahora está todo muy complicado y como nunca denunciáis no puedo ni abrir expediente.

—Tampoco es para denunciar, estas cosas ya pasaban antes. Hay grupos que los echan de algún lado y buscan otro y, al vernos, piensan que somos de su calaña y se nos lanzan al cuello sin hablar si quiera.

—Sabe que últimamente no es así…

—Bueno, no sé qué decirte. Hasta ayer pensaba como tú pero en el grupo de hoy había un musulmán entre ellos. Empiezo a pensar que se está poniendo de moda de forma ridícula.

—¿Seguro que era musulmán?

—sí, segurísimo.

—Bueno chico, ves a ver a tu chica que seguro que está preocupada.

—Y prepárate para una buena bronca — Añade la señora mientras me guiña el ojo y se lleva a su marido del brazo.

Me despido con la mano y cierro la puerta a su paso. Subo las escaleras, hasta el tercero, y meto la llave. Abro y entro. Huele a arroz salteado con pollo y un toque de curry. También huelo una intensa spa y el sabroso pan que hace la familia de mi princesa. A ella le encanta mezclar en la cocina múltiples culturas y eso es algo que mi paladar agradecerá por toda la eternidad.

—Cariño, ya he llegado.

—¡Estoy en la cocina amor! Ven, que tengo una sorpresa para ti.

La sorpresa se la voy a dar yo. Las otras cuatro peleas no me descubrió porque en dos no me dieron ningún golpe y en las otras dos nos obligaron a escapar a mí y a otro compañero musulmán al ver que lo único que querían era descargar su ira irracional hacía los musulmanes, algo que se ha atenuado en algunas personas, por suerte en pocas, a raíz del atentado.

Miro de reojo y no creo lo que ven mis ojos. Está ahí, en delantal… y nada más. Lo que siempre le digo en cachondeo, a ver si cuela, ha colado. Lo ha hecho. Su largo cabello negro de recto flequillo, junto al cordel y cuello del delantal, es lo único que tapa su espalda. Sus nalgas y anchas caderas están destapadas. Gritan que las toque.

Gira la cabeza hacía la puerta, me ve. Sonríe pícaramente y se gira completamente hacía mí. Puedo ver los pezones de sus pechos sobresaliendo del delantal, el cual se posa sobre sus senos. Apenas le tapa su entrepierna, haciéndome rezar para que un golpe de viento lo mueva. Sí, lo sé. La he visto desnuda varias veces, pero la situación lo requiere.

—¡Cariño! — Se ha dado cuenta, no me ha dejado ni asomarme por completo — ¿¡Qué te ha pasado!? — Viene corriendo. Me pone su fría mano, casi siempre helada, cerca del ojo derecho. —Cielo santo…

—Bueno, ya te he dicho que las cosas últimamente están un poco tensas.

—¿¡Pero qué animal te ha hecho esto?

—Unos gamberros. Un grupillo callejero, nada importante.

—¿¡Como que nada importante!? Tienes un corte en el pómulo izquierdo y el ojo derecho morado.

—Vamos princesa, no es momento para eso. — La intento abrazar, pero me mira agresivamente. Se lo que significa: no te lo mereces.

—Quítate la camiseta, quiero verte.

Le hago caso. Me quito la camiseta y dejo mi esbelto cuerpo, que está en preparación para las oposiciones de policía, al aire para que lo contemple.

—¿Sigue gustándote tanto, princesa?

—Sí, pero parece que tú, tus amigos y los que no lo son estáis deseando que no sea así.

—Princesa…

—Ni princesa ni nada. Tienes magulladuras por todas partes. No es justo que te hagan esto.

—Pero entiéndelos, yo también estaría cabreado.

—Sí, pero contra los terroristas. Como lo estás por la muerte e tu amigo…. — Me quedo en silencio. Intento no pensar en ello, pero uno de nuestros mejores amigos, y que se iba a presentar a policía junto a mí, fue una víctima. —Lo siento… sé que es duro.

—Sé que lo sabes. Has estado conmigo desde el primer día.

—Sí esa noche no hubiera enfermado... —Tiembla. La abrazo. —No quiero ni pensarlo.

—Pues no lo hagas. Tuvimos suerte en nuestra desgracia. Ojalá él estuviera con cuarenta de fiebre ahora mismo.

—Sí...

Le beso la frente. Mira hacia arriba y nos besamos. Noto sus pechos en mis pectorales. Siento como se aplastan y como se fijan a la tela del delantal. Mis brazos enrollan su fina cintura y se pierden en sus nalgas. Nos besamos y dejamos nuestros labios pegados durante unos segundos. Nos separamos. Sonrío.

—Eh, ¿Ya permite tu dios esto?

—Querida, mi religió dice que os tratemos como a princesas y ese es mi objetivo en la vida contigo.

—idiota. — Sonríe. Hemos pasado el mal rato. —No creas que no estoy enfadada, pero la comida es prioritario.

—Me parece genial, vengo muerto.

—Será que te han molido a palos.

—Eh, que yo he dado más que he recibido.

—No te voy a felicitar por ello. Ves a lavarte, anda.

Se vuelve hacía los fogones.

Yo me marcho hacía la ducha. Me desvisto, me miro al espejo y veo alguna que otra magulladura. Me toco la zona de las costillas, me presiono. Duele. Si mañana no se me pasa debería ir a mirármelo, solo por si acaso.

Abro la ducha y me pongo bajo del roció del agua. Caliente, como a mí me gusta. Me enjabono y me aclaro. Después me pongo el champú en el cabello y hago lo mismo. Pasan unos minutos pensando. Ahora no se nota tanto, pero los primeros días tras el atentado fue muy duro salir a la calle y ver todos los rostros tristes y de enfados. No sé cual tenía yo, quizá un poco de ambos. Por mi amigo fallecido, por la suerte que yo tuve y por la impotencia que sentía.

¡DIOS!

Agua helada. Señal de que la comida ya está hecha. Salgo rápido de la ducha y me seco con la toalla, pelo incluido. Me visto y voy hacía el comedor.

Hoy me tocaba montar la mesa, pero ella lo ha hecho por mí. Le debo una.

Ella está ahí, solo con el delantal. Me costará comer así.

—Disculpa por no monta la mesa.

—No te preocupes, mañana me comprarás bombones.

—¡Eh! Eso es trampa.

Me saca la lengua y me guiña el ojo.

—¿Ya podrás comer así?

—Lo intentaré al menos.

—Podríamos empezar por los postres, ¿No?

—Podríamos — Cojo una cucharada de arroz y se la doy. Unos granos caen y se filtran por su canalillo. —Vaya, que torpe.

—¿Yo o tú?

—Los dos — Le guiño el ojo y la beso.

Dejo la cuchara y aferro mis manos a su cintura. Ella se agarra a mi cara y mi espalda. Nuestras lenguas e entrelazan. La mano de que tiene en mi cara baja acariciándome el cuello a la vez que desvía sus labios hacía éste, no sin antes morderme el labio. Me pasa la lengua por la artería bien marcada y me muerde. Le encanta, le pone que se vea tanto. Empieza a besarme y sus manos me intentan quitar la camiseta, pero tarda en darse cuenta de que no podrá quitarla mientras me besa.

—Fiera, calmate.

—Claro, tú tienes casi todo el trabajo hecho.

—¿Sí? ¿También tengo la lubricación hecha?

—Compruébalo.

Me sube la camiseta hasta taparme la cara y se aleja de mí. Me la quito y la beso sentada en el sofá, con las piernas abiertas pero el delantal cayendo entre ellas. Se muerde el dedo índice y se lo lame mientras me mira el paquete, hinchado por su culpa.

Me pongo a cuatro patas y gruño, le encanta. Me acerco lentamente y llego al delantal. Lo aparto con la boca y meto mi cabeza dentro, quedando tapada por él. Miro arriba y veo sus pechos bien puestos, aguantando lo único que lleva encima con unos pezones bien afilados. Al frente tengo su almeja, mi cueva del tesoro, el mar donde me encanta perder el bote y está caudaloso. Rasurado casi por completo, dejando unas líneas finas de pelo que lo rodean paralelamente.

Le doy un beso, luego otro y otro… cada vez apretando mis labios más con los suyos, hasta que gime. En ese momento empiezo a pasar la lengua como un perrito cuando bebe leche en un cuenco, pero más lentamente. Que la punta pase por sus labios de arriba abajo y profundizando un poco más en ellos con cada pasada. Cuando tengo la punta de mi lengua empapada empiezo a acelerar mientras empujo con mis labios y dientes los suyos, para abrirlos, mientras mis manos acarician sus piernas y masajean su culo.

Ella se inclina un poco, hacía atrás, alzando las piernas y gimiendo por un bocado que se me ha escapado en su coño.

—¿Te gusta el entremés?

—Quiero pasar al primer plato ya.

Dicho y hecho. Empiezo a lamerle velozmente, con toda la superficie de mi lengua y, entre lametones, presionando con ella para aplastar el clítoris. Mis manos dejan su culo y le desatan el delantal. Ella se lo quita, lo tira por ahí. Mi lengua acelera y ella acaricia mi cabello. Mis manos van hasta sus pechos, pero pasan de largo y llegan a su boca. Me los chupa, todos, dejando bastante saliva en ellos, y yo los bajo inmediatamente para lubricar sus senos y, concretamente, sus pezones.

Aprieto, retuerzo y masajeo tanto sus pezones como sus pechos a la vez que golpeo su clítoris con mi lengua. Lo agarro con los dientes, lo mordisqueo, lo succiono. Ella gime y parece que vaya a arrancarme el cabello.

Una de mis manos baja desde los pechos y empieza a acariciarle el coño a la vez que me pongo más agresivo con la lengua y los dientes.

—Sí, sí — No deja de repetirlo. —Más, por favor. Más. — Gime y gime.

Inserto mi dedo índice y corazón en su coño y muerdo más suavemente el clítoris pero paso la lengua más brutalmente. Ella gime y gime, cada vez más. Me separa la cabeza, muy bruscamente, de entre sus piernas.

—Pasemos ya al primer plato.

Me levanta ella sola. A veces me pregunto de dónde saca la fuerza.

Me besa, muy apasionadamente, mientras me desabrocha los pantalones. Me los baja y rápidamente se estira en el sofá, pero lo justo para poder quedarse a la altura de mi pene. Empieza a lamerlo, a masturbarlo. Gimo y procede a metérselo en la boca. Empieza a lamerlo velozmente, pero con suavidad. Con la lengua golpeándome el capullo y la mano moviéndomelo cómodamente. Me sale el líquido pre-seminal. Se saca la poya.

—Mmm, me gusta. Vamos, dame el segundo plato — Se estira y se acomoda. Una pierna por la cabecera del sofá y la otra con la punta del pie apoyándose en la alfombra. —Vamos, que se te va a enfriar la comida que te he dado.

Me pongo frente a ella y coloco mi polla en posición. Empujo, la penetro. Empiezo a follarla estando de rodillas y levantándole el culo cogiéndole la pierna. Acelero, gime, gime mucho. Finalmente me estiro sobre ella y empiezo a besarla. Ella cruza sus piernas sobre mi espalda y empieza a mover las caderas sincrónicamente conmigo. Bajo mi boca a sus pechos y los empiezo a lamer. A chupar. A succionar. A Morder. Me encantan, los adoro. Mulliditos, blanditos y suavecitos.

—Sí, dame cariño, dame.

Acelero. Me gime en la oreja y me pongo más. Empiezo a gemir yo también y me separo un poco de ella, para coger más velocidad. Ella me agarra con sus manos y lleva mis labios a los suyos. Nos besamos apasionadamente. Acelero más. Me queda poco, ella lo nota. Me muerde fuerte el labio. Paro.

—Ah….

—Lo siento cariño, pero ese es mi postre.

—Sí… pero antes cogeré el mío.

La he sorprendido, no suelo hacerlo primero. Saco mi polla y me separo rápidamente de ella. Voy a su entrepierna y meto la cabeza velozmente. Abro sus labios con una de mis manos y empiezo a lamer salvajemente mientras con la otra mano penetro su coño con mis dedos. Sus rodillas presionan mi cabeza y mi lengua se pierde entre su clítoris, golpeándolo por todos lados, mientras mis dedos no dejan de acariciar esa  parte rugosa dentro de su coño. Gime, gime cada vez más y a cada segundo que pasa temo por mi carneo. Se corre. Se corre mientras grita mi nombre. Parece que podría hacerle cambiar hasta de religión ahora, pero seguro que ahora me tocará pasar a mí por ese extraño trago. Mi cara se empapa de sus flujos vaginales, de su corrida. Separo, con viscosidad, mi cabeza.

Me levanto, cojo una servilleta de la mesa y me limpio. La escucho jadear. Me giro, me sorprende. Está de rodillas frente a mí. Mi polla le golpea en la cara pero ella se mueve con la boca abierta y se la mete dentro rápidamente. Empieza a chupármela. Me la mordisquea, me succiona el capullo. Con la lengua me rodea todo el pene mientras su mano no deja de moverlo. Voy perdiendo fuerzas y me queda poco.

Agarro su cabeza y, en ese momento, acelera y se la mete y saca casi entera, varias veces, haciendo que el capullo de mi pene choque, primero contra su lengua, y luego contra su campanilla. Me corro. Empiezo a correrme pero ella no para. Sigue masturbándomela mientras traga, no se le escapa gota. Dejo de soltar a presión tras varios gemidos pero ella sigue con mi polla en su boca. Succionando, lamiendo, limpiándomela.

—¿Te ha gustado el postre, princesa?

Me mira, con mi polla aún en su boca, y asiente con la cabeza. Tras unos segundos más de limpieza se la saca y se levanta.

—Me ha encantado querido — Me besa la mejilla.

—Me alegro. ¿Aún tienes hueco para la cena?

—Estará fría, ¿no? ¿Te hace unas pizzas?

—Pero lo has preparado, me sabe mal.

—Te lo llevas mañana a la academia y presumes de mujer.

Sonrío. Es mi tesoro y luchare contra los que tienen mi religión por bandera, contra los que la odian y contra los que no tienen ninguna así como contra todo el que pueda poner en peligro lo que más quiero por culpa del terrorismo que usa cualquier excusa para delinquir.

—Sabes, cariño.

—¿Qué?

—No puedo entender lo que está pasando. No logro meterme en el pellejo de aquellos que llegan, de los que se van y de los que luchan entre ellos. Pero solo sé que no quiero que nada me separe de ti.

—Y no lo harán. Los terroristas van a parte de nosotros y aparte de todo el mundo. Lo hagan en nombre de quien lo hagan solo lo hacen por ellos, solo por falacias. Los medios confunden, no digo que aposta, y hacen que la gente influenciable pueda tener unas reacciones u otras, pero ya sabes que la mayoría de gente es racional. Nuestros vecinos: la abogada, el policía, el portero e incluso el señor mayor que lucho hace años contra el terrorismo me vinieron a abrazar, para que no me sintiera fuera. En el grupo igual y, en la academia, vino mi profesor y me dijo que tenía muchas esperanzas en mí.

—‘ahabak, querido.

—Je t’aime princesa.

Espero que os haya gustado.
Húmedos días/tardes/noches.

martes, 24 de noviembre de 2015

En breve nuevo relato.

Antes del fin de semana os prometimos un relato un poco distinto, un poco especial por todo lo que está sucediendo alrededor del mundo...

Bien, ha habido cambios, ha habido discrepancias en como enfocarlo pero, finalmente, ya está casi listo para que se os muestre.

También estamos mirando la posibilidad de publicarlo de forma gratuita en playstore y amazón, por eso tardando un poco más de lo habitual, entre otras posibilidades.

Hoy lo tendréis y habrá noticias respecto a su posible publicación gratuita en otros medios, pues creemos que será un relato digno de compartir.

viernes, 20 de noviembre de 2015

Aprended de un corazón borracho.

¡Húmedos días/tardes/noches a todos!

Ya sabéis, por todo lo que está pasando al rededor del mundo, que los prejuicios están más marcados que nunca pero, pararos a pensar.

Recordad esos viernes/sábado noche de fiesta, baile, alcohol.

Cuando os gusta alguien, cuando os lanzáis, cuando se lanzan a vosotros... Ese momento en que solo pensáis cuanto os pone y lo mucho que queréis bailar, llamémosle también refregaros con el/ella, así como, unas copas juntos después, pasáis a pensar en todo lo que le haríais.

El amor borracho no para a pensar en el dinero ni en el origen. Piensa e lo mucho que queréis comer su boca, destrozar en la cama o agotar en la pista de baile.

Recordad, estad borrachos de amor por el sexo y seréis más felices. Hacedlo ;)


Aprovecho para decir que mañana, si no pasa nada, habrá nuevo relato y, además, estamos preparando un relato especial con el que planeamos, quizá, dar nuestro primer paso antes de que en Diciembre publiquemos nuestra primera antología.

¡Saludos! ;)

miércoles, 18 de noviembre de 2015

Detalles.

¡Humedos días/tardes/noches!

Los detalles... sea como sean.

Un regalo...
Un gesto...
Una frase..

Los detalles siempre gustan.

Un vale para el polvazo de la noche.
La señas de que vas a hacerle/a gemir durante todo el día.
"Voy a comerte entero/a"

Estás cosas gustan, siempre, hasta cuando no vienen a cuento agradan a uno/a aunque al principio mostremos enfado.

Hacedlo ;)

martes, 17 de noviembre de 2015

Moldes de cera.


¡Húmedos días/tardes/noches!
 
Hoy os traemos un relato un poco diferente. Hemos leído como se aguantan varias rondas, ya sea con ayuda o sin, pero no siempre será así...
Una chica/o que te gusta. un cliente con una petición especial. Un trio que no esperas y que te va demasiado grande...
 
Moldes de cera.

Un día más haciendo velas. De varias formas, con varios modelos. Me han llegado a pedir cosas muy surrealistas y hasta usarse a sí mismo de moldes. Es una profesión curiosa.

Mi compañera de trabajos es despampanante. Cabello largo, rubio, con ojos azules y cejas finas casi doradas. Nariz pequeñita y respingona, además de unos labios finos y boca estrecha. Su cuello parece frágil de lo fino que es y sus hombros hacen una curva perfecta. Brazos largos, algo delgados, con unas manos maravillosas: siempre coloradas por trabajar con la cera caliente. Cintura de avispa que contrastan con unos pechos grandes; no enormes, pero sí grandes. Culo respingón, de caderas pequeñas, haciendo una forma casi perfecta a la que le sigue unas piernas largas y preciosas. En verano fue una tortura trabajar con ella ya que siempre estaba empalmado solo por mirarla.  De hecho alguna extranjera bromeó conmigo sobre unos moldes que querían hacer de mí. De ese tipo también se lo decían a ella, a lo que tengo entendido que alguna vez incluso aceptó.

—Hey, apenas me has hablado hoy desde que hemos llegado y queda poco para cerrar — Normal que no le haya dicho nada. Estamos en invierno pero hoy vas más sexy incluso que en verano. Una sudadera fina con un corito con orejas. Unos pantalones de pitillo que le marcan perfectamente el tanga y unos botines con pelo. Poco maquillaje, como siempre se pone, y unos labios rosas y sombra de ojos del mismo color, añadiendo pequeños brillos. Nunca la había visto tan guapa, querría hacer un molde completo de ella. —¡Hay!

—Perdona, estoy un poco ido. — La miro un momento y los ojos se me van, es imposible que pueda hablar con ella sin darle un repaso.

—Sí, ya se ve donde se te ha ido toda la sangre — Mierda. Estoy totalmente empalmado. ¿Se ha dado cuenta? —Que mono poniéndote rojo, pero no quiero saber en qué estarías pensando un pervertido como tú.

Llegados a este punto de perdidos al rio.

—Es culpa de la jefa, por poner compañeras tan sexys.

—¿Así que te parezco sexy? — Posa como si le estuvieran fotografiando mil cámaras, idiota sensual. —¿Quieres practicar moldes conmigo, cariño? — Me guiña el ojo y pone morritos.

Me quedo un segundo sin habla, pero no tardo en reaccionar a la broma y se la sigo.

—Hombre, tendré que practicar mucho para hacer un molde tan perfecto como tú. Además, tiene que quedar idéntico para que luego vaya a juego con el que hagas de mí — Me acerco y la cojo de la cintura. —¿Cuándo empezamos, cielo?

—Si hay que hacer uno de ti quiero empezar por ese —  Sonríe y me coge de la cintura. —Que veo que tienes todo el cuerpo preparado para ello —Me baja la mano por delante del pantalón. Roza mi pene y se abre la puerta de la tienda.

Nos exaltamos, nos separamos. No esperaba eso. Estoy rojo como un tomate. La miro y me guiña el ojo mientras me saca la lengua.

—Buenas tardes.

—Ho-hola, buenas tardes — Contesto nervioso.

—¡Buenas tardes! — Mi compañera, sin embargo, contesta con una sonrisa en la cara. —¿Qué desea?

—Verá, quería pedir unos moldes.

—Vale, como gusté. ¿Cuáles son?

—Veréis… son un poco especiales.

La chica se sonroja.

Ahora que me fijo es bastante mona. Pelo muy corto, con el peinado de un chico, pero con un color platino muy bonito. Ojos azules y de tez blanca, pálida. Nariz pequeña, como su boca, y de labios finos. Algunas pequitas por la nariz y los mofletes. Viste una camiseta de manga larga y parece tener poco pecho. Es delgada, aunque tiene algo más de cintura que mi compañera, y piernas finas con un pantalón tejano ajustado. De calzado unas bambas anchas, negras.

—Bueno, dinos como son y vemos que vamos a hacer.

La chica se acerca al mostrador y acerca la cabeza.

—Quiero unos moldes de mis pechos.

Nos sorprendemos al principio. No por la petición, sino porque no entre en el perfil de quien suele pedírnoslo.

—No es nada raro mujer, no te avergüences — Mi compañera lo dice entre risas. —Yo mismas me los he hecho — Ahora quien está sorprendido soy yo. Sabía que se lo habían propuesto y que alguna vez había bromeado con hacerlo, pero no que se lo había hecho. —¿Quieres pasar conmigo atrás y hablamos del tema?

—Sí, gracias.

—¿Te quedas al cargo? Si necesito ayuda ya te llamo, no te preocupes — Me guiña el ojo y me saca la lengua. Sabe perfectamente que quiero ver sus pechos, estoy seguro.

—Claro, no te preocupes.

Se marchan a la sala de atrás, donde hacemos todos los moldes que nos piden y, a su vez, usamos de almacén.

Pasan unos minutos en los que solo escucho cuchicheos y algunas risas. Mi mente está imaginando perversiones entre las dos mientras se manosean enteras antes de hacerse los moldes. Es como si el mundo exterior hubiera dejado de existir, ya que apenas escucho el barullo de la calle por lo concentrado que estoy en lo que me hace estar empalmado como si estuviera viendo una porno. Además, el que no entre nadie también ayuda a que me olvide de lo de fuera.

—Oye, con la hora que es ves cerrando ya.

—¡Vale!

—Y nos vienes a echar una mano, que tenemos unas dudas.

Seguidamente a eso se escuchan risas. Me da curiosidad.

No tardo en cerrar, pero esta vez echando la llave por dentro en vez de por fuera como solemos hacer. Apago las luces principales, hago caja, guardo las cosas y me dirijo al almacén.

—¡Has tardado muchoooo! — Alarga la “o” mientas me guiña el ojo.

Están las dos ahí frente a frente, sin camiseta, sin sujetador y con los pechos aplastándose entre ellos. —¿Qué pasa, no te gusta la imagen?

—N-n-no es eso…

La chica de cabello rojo está algo colorada, pero no deja e mirarme. Mi compañera no puede esconder la risa. Estoy colorado, empalmado y con ganas de saber qué demonios está pasado. No, miento, no quiero saber que ha pasado sino que va a pasar ahora que tengo esos cuatro pechos delante de mí.

La chica de pelo corto, como pensaba, tiene los pechos pequeños, pero muy firmes y redondeados. La verdad es que su mirada avergonzada y su cara sonrojada, sumando sus pechos al aire, me ponen mucho. A eso le añades los exuberantes pechos de mi compañera chocando con los otros. La sonrisa picarona y mirada perversa de la rubia y me es imposible ocultar mi entrepierna ya que mis manos se van automáticamente a ella, en un intento fallido de acomodarla.

—Creo que le ha gustado la imagen.

—Eso parece.

Se ríen las dos, parece que se burlen de mí.

—¿Qué queríais?

—Verás. Ella al notar el tamaño de mis pechos me ha intentado convencer de que los miso son mejores para el molde.

—Pero ella insiste en que los míos están bien.

—¿A qué tengo razón?

Me quedo en blanco unos segundos.

—Esto… bueno… los dos…

—Va, ven a tocarlos y así lo compruebas — Me vuelve a guiñar el ojo mi compañera. Me muerdo el labio. Ella saca la lengua. —A ella no le importa, de hecho hemos estado hablando y quiere que le digas cuánto vale como molde, señor tasador — La miro inmediatamente, se sonroja y medio sonríe. ¿Señor tasador? ¿Qué diablos se ha inventado ya? —Como nos hagas esperar más… —Su tono se ha vuelto muy sensual y lascivo — Vas a tener que calentaros.

Me acerco a ellas. Se separan, se ponen frente a mí. Los pechos de mi compañera botan un poco al separarse de la presión que le hacia los de la clienta.

—¿Cuál probarás primero?

—Antes quiero saber que le has dicho — Se inclina hacía mi mientras se muerde el labio. —¿Tasar?

—Que eres un experto tasando el cuerpo de una mujer — Me acaricia con una mano el pene, que está totalmente grueso por su culpa. —Sobre todo cuando usas la varilla de tasar. — Me besa la mejilla y vuelve a ponerse recta.

Ya está. Hecho esto tengo casi carta blanca para manosearla entera, al menos a ella. El tonteo que hemos tenido durante el verano ha dado sus frutos y al fino podré probar ese cuerpo que me ha vuelto loco estos meses.

—Empezare por ti, ya que eres quien ha tenido la idea. ¿Os parece bien?

—Por mi encantada.

—Sí, mientras luego me digas cuanto valgo…

La chica no deja de sorprenderme y está más roja que antes. Imagino que ha visto como me ha manoseado y, junto a lo que ha dicho, se habrá puesto cachonda o al menos eso espero.

—Por supuesto, te lo diré — No me mira, pero sonríe. Me acerco a mi compañera y me pongo frente a ella. —A ver si realmente sirven para un molde — Tiene unos pezones grandes, redondos, y parecen muy duros. Sus pechos parecen blandos y esponjosos. Levanto las manos y las acerco lentamente pero, antes de que los toque, ella mi agarra la polla por encima del pantalón y me lame la oreja.

—Aprovecha para medir bien cuanto valgo, quiero que me digas hasta el último céntimo — Me susurra y seguidamente me muerde el cartílago superior de la oreja mientras mientras ahoga un sonido de placer.

No digo nada, simplemente pongo mis manos en sus pechos. Sus pezones asoman entre mis dedos, los cuales amasan sus dos tetas como si fueran cojines. Empiezo a tocarlas, a acariciar sus pezones y pellizcarlos suavemente. Aparto mi vista un momento de esos enormes senos y miro la cara de mi compañera. Tiene los ojos clavados en mí mientras respira fuertemente con la boca abierta, pasándose la lengua por sus labios.

—Indaga un poco más… — Me estampa la cara contra sus pechos, hundiéndomela en ella. Respondo con un mordisco. Gime. Aparta sus manos sobre mí, respiro, vuelvo a morder, gime otra vez. Paso mi lengua por sus senos, mientras se los espachurro. — Así, muerde sin miedo — Lo hago, gime. Muerdo su pezón, lo aprieto con los dientes y lo golpeo con la lengua, gime más y su mano pasa a masajearme el pene. Una de mis manos baja por su cintura y va hasta su culo respingón: su precioso culo. Lo palpo, lo agarro fuerte. Ella me desabrocha el pantalón mientras gime por mis mordisqueos y lametazos. Se enreda un poco en el pantalón. Tiene cinco botones en vez de cremallera y, tras sacarme el segundo, opta por tirar con las dos manos para desabrochármelo. —¿Pensaba que esto te iba a salvar?

—Esperaba que no, querida compañera — Aparto mi cara de sus pechos y la miro. Me devuelve la mirada, me sonríe y saca la lengua. Lanzamos nuestras bocas una a por la otra y empezamos a besarnos. Con una mano le acaricio el cabello rubio mientras que la otra se mete por su pantalón para palpar sus nalgas pobremente protegidas con un tanga. Sus manos, sin embargo, ya están en mi polla. Nos exaltamos. Una mano fría toca su mano y mi polla, nos habíamos olvidado. Cuando miramos abajo vemos a la chica de cabello corto y como se mete mi pene en su boca. Nos mira desde abajo mientras empieza a chupar. Para.

—Os he llamado la atención un par de veces, pero no escuchabais y os ibais poniendo más cachondos así que he decidido ponerme a tasar yo. — Lo ha dicho lentamente, con vergüenza, sonrojando, pero no ha tarado ni dos segundos desde que ha acabado de hablar hasta que me ha empezado a comer, de nuevo, la polla.

Gimo. Mi compañera aprovecha para seguir besándome y para quitarse los pantalones y las bambas. Esta solo con el tanga y en calcetines. Está buenísima. La chica de pelo corto sigue chupándomela, lentamente pero pasando la lengua por toda mi polla, mientras me mira muy inocentemente a la ve que acompaña la mamada con la mano, ya no tan fría. Me pone, me pone mucho. Mi pene no deja de palpitar.

La mano que tenía en el culo de mi compañera pasa a acariciar su coño. La filtro entre el tanga, ya muy húmedo, y empiezo a meter el dedo entre los labios inferiores. Acaricio el clítoris, lo aprieto, gime.

Mi compañera me muerde la oreja, luego desliza la lengua hasta mi cuello y empieza a mordisqueármelo a la vez que la chica de pelo corto empieza a mordérmela también, con mordiscos pequeños pero constantes. Gimo, gimo mucho.

—Déjame algo para mí — Mí compañera se arrodilla y se pone junto a nuestra clienta, quien se saca mi polla de la boca. Me miran las dos, mi amiga sonriendo con la lengua fuera, no puede ocultar su emoción. Mi polla palpita entre sus manos que me masturban y seguidamente empieza a pasear su lengua por mi pene. —Chupa tú también, ayúdame — Le hace caso. Empieza a lamer ella también. Chocan sus lenguas mientras las entrelazan en mi polla. Se besan mientras me chupan el capullo. Mi compañera empieza a mamar en solitario y la chica de pelo corto se levanta y pone a mi lado.

—¿No ibas a tasar mi cuerpo? — Se baja los pantalones y se descalza. Luego, muy sensualmente, se baja las bragas y me mira, cabizbaja, sonrojada —Soy toda tuya.

Mi polla palpita, mi compañera lo nota y empieza a mamármela más. Agarro a la chica de cabello corto por la cintura y empiezo a besarla. Me devuelve el beso inmediatamente. Nuestras lenguas luchan mientras mis manos empiezan a acariciarle sus pechos y su coño. Está aún más mojada que mi amiga y mis dedos se filtran sin quererlo en su coño, penetrándola y haciendo que pare de besarme, para gemir. Mi boca se traslada a sus pechos, donde empiezo a mordisquear sus pezones y bajo la otra mano al coño también, para acariciarle el clítoris mientras la penetro.

La chica empieza a gemir, gime mucho y no deja de lubricar. Mi amiga deja de mamármela y pasa su boca al coño de la clienta. Empieza a lamerle el clítoris. Mientras yo le abro los labios con una mano mientras sigo penetrándola. Ella gime, gime mucho. La posición es algo incomoda, pero se vuelve aún más retorcida. La clienta empieza a masturbarme cuando mi compañera empieza a mordisquearle el clítoris. Tras unos segundos, con la mano que tiene libre, me sube la cabeza y me besa. Gime ahogadamente mientras nuestras lenguas chocan, se estremece, se tambalea. Se corre.

—Dios…

—¿Te ha gustado el tasador?

—Y tú también, tasadora.

—Pues aún queda un plato fuerte.

—Chicas, no sé si aguantaré mucho más. Me ha puesto mucho y no esperaba que esto pasara…

—Bueno, pues entonces saquemos otro tipo de cera, ¿Te parece?

La clienta asiente con la cabeza y luego me mira. Sonríe, aprieta los labios y luego se los muerde.

Las dos se arrodillan y empiezan a mamármela. El ritmo lo lleva mi compañera, que me agarra el pene con la mano, mientras las dos van lamiendo y se turnan para chuparla entera unas cuantas veces. Pasan  cinco minutos y empiezo a estremecerme. Mi amiga toma mi polla y empieza a chupármela rápidamente. Empieza a salir y veo como se la saca y sigue moviéndomela mientras las dos esperan bajo el capullo, con la boca abierta y la lengua fuera: mirándome. Empiezo a correrme y los primeros disparos manchan sus caras para luego empezar a dejar caer sobre sus lenguas el semen. Oigo como se lo tragan e, inmediatamente, empiezan a lamerme para limpiarme.

—Está riquísimo.

—¿Verdad que sí? Ya te he dicho que tiene una buena varilla.

Me la dejan impecable. Se levantan y empiezan a besarse entre ellas, luego me besan a mí y empezamos a manosearnos durante un rato. La chica para, se viste y se despide.

—Pásate mañana a esta hora si quieres el molde.

—Vale, me lo pensare.

Le acompañamos a la puerta, se la abrimos y después mi amiga cierra por dentro. No creo que quiera irse sin que le dé el premio gordo…

lunes, 16 de noviembre de 2015

La sinuosidad

Hola huemdos/as lectores.

La sinuosidad puede ser una de las formas más divertidas de probar terreno ante una persona que te atrae, ya sea mental o físicamente. (sí, divertidas. de esas que te dan ganas de seguir, de ver hasta donde llegan)

Entrar en el juego, mover las fichas y, sobretodo, hacer que la otra persona también quiera jugar, quiera mover ficha, quiera ganar y que, sobretodo, no le importe si llega a perder.

Una palabra, una invitación, un gesto. Premeditaciones de acciones que llevarán a otra, aunque de esto hablaremos en otro momento ;)

P.D: Entre hoy y mañana habrá el nuevo relato y un anticipo de uno de los textos inéditos que se publicarán en el libro ;)

sábado, 14 de noviembre de 2015

En breves nuevo relato.

¡Hola!

¡Humedos días/tardes/noches!

en breves habrá un nuevo relato, cuyo titulo provisiona es "Moldes de cera"

Imaginar trabajar en una tienda de velas... con un/a compañero/a que te pone a mil y que, de pronto, debáis hacer un molde con cierta parte de su cuerpo...

El ardor está servido ;)

viernes, 13 de noviembre de 2015

Siempre, mostrar lo mucho que os ponen siempre.

Pero no de l misma forma.

Sed sutiles, salvajes, brutos, como queráis. Pero variarlo.

Que sea constante pero distinto.

Eso gusta. tanto a ella como a el.

 Si veis que una forma gusta en concreto abusad más de esa que de otra, sino gusta prescindir pero, sobre todo, hacedlo. Y recordárselo cuando lo hagáis, ya sea devorándole con ganas, diciéndoselo a las orejas o azotando. Como queráis, pero hacedlo.

Húmedos días/tardes/noches ;)